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Capítulo 1

Author: Dalia M
last update publish date: 2026-09-28 11:41:11

Diego detuvo el vaso a medio camino de sus labios, la mandíbula ligeramente tensa mientras procesaba las palabras de Mariana. Una sonrisa fría, exenta de cualquier atisbo de calidez, se dibujó en su rostro. Los ojos del poderoso magnate brillaron con una mezcla de ambición y fría satisfacción; después de todo, el imperio que había construido no se gestionaba con compasión, sino con jugadas maestras donde cada pieza tenía un propósito muy claro.

—Perfecto —replicó él con su voz grave, dejándose caer con elegancia en uno de los sillones de cuero negro—. El contrato está firmado y las cláusulas de la fusión ya no se pueden echar atrás. Samanta cumplirá su papel en la ceremonia, y cuando se dé cuenta de la realidad, ya será demasiado tarde para cualquier reclamo. La mujer que creía destinada a mi lado jamás debió ser ella.

Mariana se acercó con pasos felinos hasta detenerse frente al escritorio, apoyando las palmas de las manos sobre la superficie pulida, mirándolo con una complicidad oscura y peligrosa.

—Nadie sospecha nada. Mi madre cree que estoy en la oficina y Samanta sigue flotando en su estúpido cuento de hadas —murmuró ella con una suficiencia helada—. Pero dime, Diego... ¿estás listo para ver la cara que pondrá cuando descubra que el altar de hoy no la une al hombre que ama, sino al dueño de su peor pesadilla?

Sus ojos oscuros la perforaron, cargados de una posesividad ardiente que hizo que el aire en la suite se volviera eléctrico.

—Sabes perfectamente que siempre te quise a ti —espetó él, con un tono de voz bajo, áspero y cargado de una verdad brutal—. Samanta era solo la excusa, el peón necesario para asegurar la alianza y tenerte cerca sin levantar sospechas. Pero en el fondo, ambos sabemos que eres tú la única que puede calentar mi cama y saciar este fuego.

Antes de que ella pudiera responder, Diego la tomó firmemente por la cintura, atrayéndola hacia su cuerpo con una fuerza irresistible. Sus labios se estrellaron contra los de ella en un beso profundo, exigente y apasionado, una declaración de intenciones que no dejaba lugar a dudas sobre quién mandaba realmente en aquel retorcido escenario. Mariana, lejos de resistirse, se aferró a sus hombros, correspondiendo al beso con la misma intensidad feroz.

El beso se prolongó, cargado de una urgencia contenida que quemaba el aire a su alrededor, una mezcla explosiva de deseo y ambición desatada. Las manos de Diego recorrieron con firmeza la espalda de Mariana, pegándola aún más a su cuerpo, mientras ella enredaba los dedos en su cabello, atrayéndolo con la misma intensidad voraz.

Cuando finalmente se separaron por la falta de aire, los pechos de ambos subían y bajaban al compás de una respiración acelerada. Mariana lo miró con una sonrisa triunfante, los labios ligeramente hinchados por la pasión, sabiendo que, aunque otra llevaría su apellido ante la ley y el mundo, el verdadero poder sobre el magnate le pertenecía por completo a ella.

—Más te vale que cumplas con lo prometido, Diego —murmuró ella con voz ronca, pasando un dedo con lentitud por la solapa de su traje, rozando su pecho—. Porque si crees que voy a compartir algo más que un contrato con esa ilusa, te estás equivocando de mujer.

Diego dejó escapar una risa baja y gutural, un sonido cargado de una arrogancia magnética que hizo vibrar el pecho de Mariana. La rodeó con un brazo por la cintura, pegándola de nuevo a él con posesividad.

—No tienes de qué preocuparte, mi pequeña villana —respondió él con voz profunda, rozando sus labios una vez más antes de hablar contra su boca—. El reloj sigue corriendo, y allá afuera hay una boda que me espera.

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