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CAPÍTULO | 34

Author: Kasia_SV
last update publish date: 2026-09-20 13:27:51

La oscuridad era casi total, interrumpida únicamente por el reflejo brillante de la luna llena sobre el mar agitado.

​Nos alejamos un poco de la orilla para internarnos de nuevo en la arena seca, persiguiéndonos entre bromas y roces de manos que volvían el aire cada vez más cálido. Kael caminaba a pocos pasos, observándome en silencio con esa mirada protectora y cargada de deseo que ya empezaba a reconocer bien.

​En un momento en que me detuve a tomar aire y contemplar la inmensidad del agua, Kai me tomó por sorpresa desde atrás. Me atrapó con firmeza por los muslos y me cargó sobre sus hombros con una facilidad juguetona.

​—¡Kai! ¡Bájame! —grité, soltando una carcajada limpia que resonó en toda la bahía desierta.

​—¡Solo si prometes no correr de regreso a la casa! —bromeó él, avanzando a grandes pasos por la arena.

​Corrió conmigo un par de metros y me bajó despacio sobre una duna suave. Caí sentada sobre la arena y intenté acomodarme el cabello revuelto mientras intentaba recuperar el aliento, todavía riendo.

​—Estás completamente loco, Kai —le reclamé, mirándolo hacia arriba.

​Él no respondió con palabras; en su lugar, se inclinó sobre mí, atrapando mi cara entre sus manos con una firmeza que hizo que el aliento se me cortara en la garganta. Su beso no tuvo nada de la contención calculada de los días anteriores; fue un beso profundo, hambriento, caliente, cargado de una verdad tan pura que me obligó a cerrar los ojos y dejarme llevar por la intensidad del momento. Noté al instante la diferencia entre los besos medidos que compartíamos frente a los demás y la furia contenida de esto que estaba sucediendo ahora, libre de todo espectador.

​—Mila... —murmuró Kai sobre mis labios, rozando su nariz contra la mía con respiración agitada.

​Kael se acercó despacio por la arena, deteniéndose a un costado para observarnos. La luz de la luna le iluminaba el rostro, dejando ver la necesidad contenida en sus facciones. Extendió una mano firme hacia mí para ayudarme a poner de pie.

​—Ven aquí —dijo Kael con voz baja.

​Acepté su mano y, en cuanto estuve erguida, Kael me atrajo hacia su cuerpo con un tirón seco. Sin romper el contacto visual, selló sus labios contra los míos con una posesividad arrolladora que me hizo temblar las piernas. Su lengua buscó la mía con paciencia y dominio, haciéndome gemir suavemente contra su boca.

​—Volvamos a la casa —murmuró Kael contra mi piel, su voz convertida en un susurro raspado que no dejaba lugar a dudas sobre lo que estaba a punto de ocurrir.

​—Sí... vamos —susurró Kai a mi espalda, pegando su pecho caliente a mis hombros.

​Regresamos caminando despacio, sostenida entre los dos, sintiendo cómo el calor de sus cuerpos me envolvió por completo. La tensión entre los tres subía de tono con cada paso que dábamos hacia la terraza, volviéndose densa, pesada y cargada de una necesidad que llevaba días acumulándose bajo la superficie.

​Cruzamos el umbral del dormitorio principal y la puerta se cerró detrás de nosotros con un chasquido sordo. La única luz del cuarto venía de la luna que se filtraba a través del ventanal abierto hacia el mar, inundando la habitación de un tono plateado.

​Kai no dio tiempo para dudas; me tomó de los brazos y me empujó de golpe hacia la cama. Caí de espaldas sobre el colchón mullido y, antes de que pudiera incorporarme, él se abalanzó sobre mí, acorralándome con su peso. Sus manos bajaron de inmediato al dobladillo de mi ropa, despojándome de ella con una prisa desesperada hasta dejar mi piel completamente expuesta a la brisa nocturna. Con un movimiento brusco, cargado de un salvajismo que me hizo soltar un gemido violento, enganchó los dedos en la última prenda de tela que me cubría y la rompió de un solo tirón seco, dejándola destrozada a un lado.

​Sin perder un segundo, Kai se arrodilló entre mis piernas abiertas, sujetándome los muslos con una presión feroz que me obligó a arquear la espalda. Se inclinó hacia adelante y hundió su rostro entre mis piernas, devorándome con una lengua caliente, rápida y salvaje que arrancó de mi garganta un grito agudo que resonó por toda la habitación.

​—¡Kai! —gemí, enredando mis dedos en su cabello oscuro, tirando con fuerza mientras su boca me devoraba sin piedad, sacudiéndome el cuerpo entero con espasmos de placer desenfrenado.

​Kael no se quedó a un lado. Se acomodó detrás de mi cabeza, inclinándose sobre mi torso para atrapar mis labios en un beso ardiente, profundo y sofocante, tragándose mis gemidos desenfrenados mientras la lengua de su hermano continuaba castigándome. Sentí los dedos de Kael acariciándome el rostro con una mezcla intensa de ternura y posesión, mientras sus labios bajaban hacia mi cuello para dejar marcas rojas sobre mi piel.

​—Mila... —gruñó Kai entre mis piernas, su voz ronca y entrecortada respondiendo a los movimientos de su propia boca.

​Cuando la intensidad del contacto oral me llevó al límite de la cordura, Kai se incorporó de rodillas, con el torso desnudo y la respiración completamente desbocada. Kael se acomodó sentado en el centro de la cama, respaldado contra los cojines altos, y me tomó con fuerza de la cintura, levantándome con una facilidad pasmosa para acomodarme sobre su regazo, de cara a él.

​Sus manos me apretaron la cadera con firmeza mientras inclinaba mi cuerpo apenas hacia adelante, buscando la alineación perfecta entre los dos.

​—Mira lo que nos haces, Mila —murmuró Kael en mi oído, con la voz rota por la excitación, antes de empujar su cadera hacia arriba y penetrarme lentamente, llenándome por completo de un solo impulso firme.

​Un gemido agudo y prolongado se me escapó de la boca, y me agarré de sus hombros con todas mis fuerzas mientras él comenzaba a embestirme, marcando un ritmo lento, profundo y brutal que me hacía retorcer las caderas sobre su cuerpo.

​—Ah... Kael... —gemí desesperada, escondiendo el rostro en su cuello mientras me arqueaba suavemente hacia adelante, dejando espacio a mi espalda.

​—Eres nuestra, Mila... completamente nuestra —respondió él, apretando sus dientes contra mi hombro mientras sus manos me sujetaban la cintura para sostener la postura.

​Aprovechando la inclinación de mi cuerpo sobre su hermano, Kai se acomodó de inmediato detrás de mí en la cama. Sentí su torso caliente pegándose a mi espalda desnuda, sus manos rodeándome la cintura y los pechos para sujetarme con fuerza mientras su aliento abrasador me quemaba la nuca. Sin darme tregua, Kai buscó su propia entrada desde atrás, empujando con una fuerza decidida para unirse a su hermano y tomarme entre los dos al mismo tiempo.

​La sensación de ser tomada por los dos de forma simultánea me hizo perder la cabeza por completo. Un grito de placer mezclado con éxtasis puro brotó de mi garganta, ahogándose de inmediato cuando Kael volvió a apoderarse de mis labios para besarme con desenfreno.

​—¡Kai! ¡Kael! —gemí deshecha, pronunciando sus nombres una y otra vez mientras ambos hermanos coordinaban sus movimientos en un ritmo salvaje, voraz e implacable.

​Kai me embestía desde atrás con una furia desatada, sus manos agarrándome con firmeza para marcar una cadencia rápida y violenta que me hacía temblar entera, mientras Kael, desde enfrente, sostenía mis caderas para recibirlo todo, empujando hacia arriba con una fuerza bruta que me dejaba sin aliento. Los gemidos masculinos de los dos se mezclaban con los míos en una sinfonía de piel, sudor y respiraciones agitadas que llenaba cada rincón del dormitorio.

​—Mila... mi amor... Mila... —gruñía Kai en mi oído a cada estocada, su voz rasgada por el esfuerzo físico y la pasión ciega.

​—Mila... mírame... solo mírame a mí — pedía Kael entre embestidas, obligándome a sostenerle la mirada brillante y oscura mientras me dominaba por completo.

​El ritmo se volvió cada vez más frenético, salvaje y sin control. El sonido de nuestros cuerpos colisionando contra la cama y el crujido de las sábanas se fundían con el rugido incesante de las olas rompiendo afuera contra las rocas. Sentí la tensión acumularse en la parte baja de mi vientre hasta volverse insoportable, una ola de calor abrasador que terminó por explotar dentro de mí con una violencia definitiva.

​Me arqueé contra Kael mientras Kai daba un par de embestidas finales y profundas, y los tres alcanzamos el clímax al mismo tiempo, contenidos en un abrazo feroz, temblorosos, con nuestros nombres resonando en la penumbra del cuarto hasta que la última ola de placer terminó por consumirse.

​Nos dejamos caer sobre el colchón desordenado, exhaustos, con la piel empapada en sudor y los corazones latiendo a mil por hora. Kai se acomodó a mi izquierda, pasando un brazo por debajo de mi cabeza para pegarme a su torso caliente, mientras Kael se echaba a mi derecha, entrelazando sus dedos con los míos sobre las sábanas revueltas.

​—Eres increíble, Mila —susurró Kai en la penumbra, besándome el hombro con extrema ternura.

​—No te vas a ir de nuestro lado nunca —murmuró Kael al otro lado, apretando mi mano con firmeza antes de cerrar los ojos.

​Me quedé quieta entre los dos, escuchando el ritmo pausado de sus respiraciones volviendo poco a poco a la normalidad, sintiendo el calor de sus cuerpos envolverme en la oscuridad de la habitación. Con la mirada fija en el cielo estrellado que se divisaba al otro lado del ventanal, cerré los ojos despacio, dejando que el murmullo lejano del mar me acunara en el silencio de la noche.

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