Daria me secó los pies con una toalla suave, uno por uno, con una delicadeza que casi me hizo llorar otra vez. Me puso los calcetines gruesos, me subió la manta hasta la cintura y recogió la tina con cuidado. —Voy a traerle algo caliente de comer —dijo, con voz tranquila—. No se duerma todavía, señorita; hace horas que no prueba nada. —No tengo hambre. —Pero el señor Kael dijo que usted tiene que comer, y cuando él dice algo, es mejor que se cumpla. —Se detuvo en la puerta un momento. Salió, y escuché la llave girar. Me quedé mirando las cortinas, donde la franja de luz se había vuelto de un gris más oscuro, casi azul, y entendí que la tarde se estaba acabando. No sabía qué hora era, ni cuánto tiempo llevaba aquí, ni cuántas horas habían pasado desde que ese hombre me había apretado aquel trapo contra la cara. Cerré los ojos un momento, solo un momento, y me quedé a medias entre el sueño y la vigilia, hasta que la llave volvió a sonar en la cerradura. Entró Daria con una bandeja g
Last Updated : 2026-08-25 Read more