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CAPÍTULO | 53

Penulis: Kasia_SV
last update Tanggal publikasi: 2026-09-29 02:01:25

​El eco apagado de la música y los destellos de neón del club clandestino quedaron definitivamente atrás en cuanto cruzamos las puertas hacia la fría y solitaria madrugada de Moscú. El contraste con el calor denso del interior fue inmediato, un golpe de aire helado que me hizo estremecer apenas una fracción de segundo antes de que la presencia imponente de los gemelos volviera a atraparme por completo, aislándome del resto del mundo.

​Caminamos los tres en absoluta sincronía hacia el auto que
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  • El secuestro de Mila   CAPÍTULO | 56

    Y sobre un pintor que Cordelia había conocido en su juventud y que ahora exponía en alguna galería europea. Chloé se levantó poco después, despidiéndose con un gesto ligero hacia la mesa entera. —Que disfrutes tu día de pintura —me dijo, deteniéndose un instante a mi lado antes de salir—. Espero ver algo bueno cuando termines. —Gracias, Chloé —respondí, dejando que la cordialidad saliera sin ningún esfuerzo adicional, mientras ella se alejaba con ese paso tranquilo tan suyo hacia el resto de la casa. Terminamos de desayunar poco después, y Kai se puso de pie, tendiéndome la mano con una sonrisa impaciente. —¿Lista para irnos? —preguntó, sin soltarme los dedos. —Lista —respondí, poniéndome de pie también. Salimos juntos hacia la entrada principal, donde Kai tomó las llaves de mi auto nuevo del cuenco sobre la credenza antes de que pudiera adelantármele. —¿Manejas tú o manejo yo? —preguntó, con una ceja alzada y una sonrisa traviesa. —Manejo yo —respondí, arrebatándole las llave

  • El secuestro de Mila   CAPÍTULO | 55

    Desperté envuelta en un brazo pesado y un aroma que reconocí de inmediato, limpio y ligeramente dulce, inconfundiblemente de Kai. Sentí su respiración pausada contra mi nuca antes incluso de abrir los ojos del todo, su brazo todavía cruzado sobre mi cintura con esa pesadez tibia de quien duerme profundo y sin ninguna prisa por soltar lo que tiene cerca. Me quedé quieta un momento, disfrutando de ese calor que me envolvía entera, escuchando el murmullo lejano del agua corriendo en el baño contiguo. Me giré despacio entre las sábanas, cuidando de no despertarlo todavía, y me encontré de frente con su rostro relajado, los labios apenas entreabiertos y un mechón de cabello oscuro cayéndole sobre la frente. Alcé la mano con cuidado y se lo aparté, dejando que mis dedos se demoraran un instante sobre su piel tibia. —Mmm —murmuró él, sin abrir los ojos del todo, atrapando mi mano contra su mejilla con una sonrisa perezosa dibujándosele en los labios—. Si sigues haciendo eso, no voy a quer

  • El secuestro de Mila   CAPÍTULO | 54

    Sentía la tensión acumulándose de forma insoportable en cada rincón de mi cuerpo, una marea febril que amenazaba con desbordarse en cualquier momento mientras las curvas cerradas del camino hacían que nuestros cuerpos se acoplaran todavía más en una entrega total que desafiaba la lógica y las normas del mundo exterior. ​Cuando el auto finalmente cruzó las pesadas puertas de hierro forjado de la residencia y se detuvo con suavidad frente a la escalinata de mármol blanco, el silencio majestuoso y severo de la mansión nos envolvió como una promesa oscura. El contraste entre el frío exterior de la madrugada moscovita y el calor denso y febril acumulado en el vehículo se desvaneció por completo en cuanto las puertas se abrieron y el aire silencioso de la propiedad nos recibió, recordándonos que habíamos vuelto a nuestra jaula de oro. ​Kai descendió primero del vehículo con una agilidad felina, abriendo la puerta trasera con una calma absoluta y una sonrisa socarrona para ayudarnos a baja

  • El secuestro de Mila   CAPÍTULO | 53

    ​El eco apagado de la música y los destellos de neón del club clandestino quedaron definitivamente atrás en cuanto cruzamos las puertas hacia la fría y solitaria madrugada de Moscú. El contraste con el calor denso del interior fue inmediato, un golpe de aire helado que me hizo estremecer apenas una fracción de segundo antes de que la presencia imponente de los gemelos volviera a atraparme por completo, aislándome del resto del mundo. ​Caminamos los tres en absoluta sincronía hacia el auto que aguardaba estacionado junto a la acera desierta. En cuanto nos acercamos lo suficiente, Kai se tomó su tiempo con una calma deliberada y exasperante, regalándome una mirada cargada de promesas mudas antes de abrir la puerta del conductor y acomodarse al volante. Relajó los hombros con la confianza absoluta de quien sabe perfectamente el descontrol que va a provocar, mientras Kael, con un movimiento seco y autoritario, me abría la puerta trasera para que subiera y él subió detrás de mí. ​Antes d

  • El secuestro de Mila   CAPÍTULO | 52

    —Esto es precioso —dije, girándome hacia Kael con una sonrisa sincera—. ¿Cómo encontraron un lugar así? —Mi padre lo conoce desde hace años —respondió él, sirviendo el champán en tres copas altas—. Solo entran quienes tienen una invitación directa. Pensamos que sería el lugar perfecto para empezar la noche. Un mesero apareció apenas unos segundos después, dejando sobre la mesa una bandeja pequeña con bocadillos delicados: blinis con caviar, tartaletas diminutas de salmón ahumado y copas pequeñas rellenas de algo cremoso y dulce que no supe identificar del todo, aunque el primer bocado me dejó un sabor a miel y a algo parecido al pistacho flotando en el paladar. Probé un poco de cada cosa entre risas ligeras, disfrutando de la música que se colaba amortiguada desde el otro lado de la cortina, entre alguna anécdota de Kai sobre un cuadro que había arruinado sin querer de niño y alguna corrección seca pero cariñosa de Kael sobre los detalles exactos de aquella historia. —Gracias por e

  • El secuestro de Mila   CAPÍTULO | 51

    El aire frío me golpeó el rostro apenas Kai apartó las manos de mis ojos, y por un segundo entero no supe qué hacer con lo que tenía enfrente. Un auto descapotable, de un rojo profundo que brillaba bajo las luces del jardín, esperaba estacionado justo al pie de la escalinata, con un lazo dorado enorme atado alrededor del capó como si fuera un regalo envuelto a última hora. —¿Esto es...? —empecé, sin terminar la frase, girándome hacia los dos con los ojos bien abiertos. —Es tuyo, Mila —dijo Kai, con una sonrisa que le desbordaba el rostro entero, dando un paso adelante para apoyar la mano sobre el techo del auto con un orgullo que no intentaba disimular—. Completamente tuyo. Nadie más lo ha tocado. Kael se acercó por mi otro costado, sacando de su bolsillo un juego de llaves atado con una cinta pequeña, y me las colocó despacio sobre la palma, cerrándome los dedos alrededor de ellas con una calidez que contrastaba con la seriedad habitual de su rostro. —Feliz cumpleaños, otra vez

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