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Capitulo 3: El rechazo

Author: Teenspirit
last update publish date: 2026-10-06 17:28:35

No dormí aquella noche. Cada vez que cerraba los ojos volvía a ver el rostro de Darian bajo la luz de la luna y, aunque intentaba convencerme de que todo había sido producto del cansancio o de la transformación, la marca que tenía en el cuello seguía ahí para recordarme que no había imaginado nada. Permanecí tumbado durante horas, mirando el techo de mi habitación mientras escuchaba los sonidos de la casa. Mi madre caminaba de un lado a otro en la habitación de al lado y, de vez en cuando, se detenía delante de mi puerta. Nunca entró. Supongo que sabía que yo seguía despierto.

Al amanecer, finalmente me levanté. Me miré en el espejo y lo primero que hice fue apartarme el pelo para observar la marca. Era pequeña, apenas una línea plateada que comenzaba cerca de la clavícula y se perdía bajo mi camiseta. Parecía una cicatriz, aunque estaba seguro de que la noche anterior no estaba allí. La toqué con los dedos y una sensación cálida recorrió mi cuerpo. Mi lobo reaccionó inmediatamente, y durante un instante tuve la absurda sensación de que alguien me estaba observando.

Darian.

Aparté la mano de golpe.

—Esto es ridículo.

Mi lobo gruñó dentro de mí.

—No voy a volver.

Mentiroso.

Fruncí el ceño.

—No voy a volver —repetí, esta vez con más seguridad.

Bajé a desayunar y encontré a mi madre sentada junto a la ventana. Había preparado comida, pero apenas había tocado la suya. En cuanto me vio, su mirada se dirigió directamente a mi cuello. Había intentado cubrir la marca con la camiseta, pero parecía que ella podía verla incluso a través de la tela.

—Tenemos que hablar —dijo.

Me senté frente a ella.

—Eso llevo intentando hacer desde anoche.

—Elián, lo que ocurrió en el bosque...

—¿Es tan malo como parece?

Mi madre bajó la mirada.

—No lo sé.

—Sabes quién es Darian.

—Sí.

—Sabes qué significa que sea mi pareja.

Ella tardó unos segundos en responder.

—Sí.

Sentí una mezcla de rabia y alivio. Al menos por fin alguien estaba admitiendo que no estaba imaginando cosas.

—Entonces explícame por qué nadie me contó nada.

—Porque esperaba que nunca ocurriera.

—¿El qué?

Mi madre apretó las manos sobre la mesa.

—El vínculo.

La palabra quedó suspendida entre nosotros.

—¿Por qué?

—Porque hace muchos años hubo otro.

—¿Otro qué?

—Otro vínculo entre un Omega de nuestra manada y un Alfa del Norte.

Me quedé inmóvil.

—¿Y qué pasó?

Mi madre no respondió inmediatamente.

—Murieron personas.

Sentí un escalofrío.

—¿Quiénes?

—Eso no importa.

—Para mí sí.

—Elián, hay cosas que todavía no estás preparado para saber.

Me levanté de la silla.

—Estoy cansado de escuchar eso.

—Solo quiero protegerte.

—Todo el mundo quiere protegerme. Darian también.

Mi madre palideció al escuchar su nombre.

—¿Te dijo eso?

—Sí.

—¿Y qué más te dijo?

Pensé en el bosque, en su expresión y en la forma en la que me había pedido que no regresara al Norte.

—Que no volviera.

Mi madre cerró los ojos.

—Entonces hazle caso.

Aquello me hizo enfadar.

—¿Por qué?

—Porque si Darian Valcrest te está diciendo que te mantengas alejado, por una vez deberías escuchar a alguien.

—¿Por qué todo el mundo le tiene tanto miedo?

Mi madre no contestó.

Y esa vez no iba a dejar que cambiara de tema.

—¿Qué pasó con el otro vínculo?

Ella levantó la mirada y sus ojos estaban llenos de algo que no había visto antes. Miedo.

—No terminó bien.

—Eso ya lo sé.

—Elián...

—Necesito saberlo.

Mi madre respiró profundamente.

—La pareja de aquel Alfa murió.

Sentí un nudo en el estómago.

—¿Cómo?

—Fue durante una luna roja.

La habitación quedó en silencio.

No sabía qué significaba exactamente una luna roja, pero por la expresión de mi madre comprendí que no era algo bueno.

—¿Y el Alfa?

—Sigue vivo.

—¿Dónde?

Mi madre me miró directamente.

—Es el padre de Darian.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Ahora entendía muchas cosas. Entendía su miedo. Entendía por qué había reaccionado de aquella manera al reconocerme. Pero no entendía por qué parecía conocer algo sobre mí que yo mismo desconocía.

—¿Qué tiene que ver conmigo?

—No lo sé.

—Mamá.

—De verdad no lo sé.

Me quedé callado. Quería creerle, pero había demasiadas cosas que no encajaban. La marca, el vínculo, la reacción de Darian, la historia del otro Omega... todo parecía formar parte de algo mucho más grande.

—Voy a hablar con él.

Mi madre se levantó inmediatamente.

—No.

—Tengo que hacerlo.

—Elián, no.

—Si él sabe algo, voy a descubrirlo.

—¡No entiendes lo que estás haciendo!

Su voz resonó por toda la casa. Nunca me había gritado de aquella manera.

Nos quedamos mirándonos.

Después bajó la voz.

—Si vuelves a verlo, no sé qué puede pasar.

—Yo sí sé qué puede pasar.

Me dirigí hacia la puerta.

—Voy a conseguir respuestas.

No esperé a que pudiera detenerme.

Salí de casa y me dirigí hacia el bosque.

Sabía exactamente dónde encontrarlo.

No tardé mucho en llegar a la frontera. Durante el camino mi lobo estuvo inquieto, pero esta vez no intenté callarlo. Había algo extraño en saber que Darian estaba cerca. Podía sentirlo antes incluso de verlo. Era como una presión constante en el pecho que aumentaba a medida que me acercaba al Norte.

Entonces apareció.

Estaba de espaldas a mí, junto a los árboles, mirando hacia las montañas. Parecía haber estado esperando.

—Sabía que vendrías.

Su voz hizo que mi corazón se acelerara.

—Entonces podrías haber venido tú.

Darian se giró.

Su mirada recorrió mi rostro y después bajó hacia mi cuello. Cuando vio la marca, su expresión se endureció.

—Ya ha comenzado.

—¿Qué ha comenzado?

No respondió.

—Estoy harto de tus secretos.

Darian dio un paso hacia mí.

—Tienes que irte.

—No.

—Elián.

—No vuelvas a decirme lo que tengo que hacer.

—No entiendes el peligro.

—Entonces explícame.

—No puedo.

—¡Siempre dices lo mismo!

Mi voz hizo que algunos pájaros salieran volando de los árboles.

Darian permaneció inmóvil.

—¿Sabes qué es lo peor? —continué—. Que todos saben algo menos yo. Mi madre sabe quién eres. Tú sabes quién soy. Incluso mi propio lobo parece saber más que yo. ¿Y esperas que simplemente vuelva a casa y haga como si nada hubiera pasado?

Darian bajó la mirada.

—Sería lo mejor.

—¿Para quién?

Silencio.

—¿Para ti?

Sus ojos volvieron a encontrarse con los míos.

—Para los dos.

—No te creo.

Darian apretó los puños.

—Deberías.

—Entonces mírame y dime que no sientes nada.

Aquello lo dejó completamente quieto.

El viento pasó entre nosotros.

Mi corazón golpeaba con tanta fuerza que podía escucharlo.

Darian dio un paso hacia mí.

Después otro.

Cuando estuvo lo bastante cerca, pude volver a sentir su olor y mi cuerpo reaccionó antes de que pudiera impedirlo. Mi lobo se acercó dentro de mí, desesperado por reducir la distancia. Darian cerró los ojos y respiró profundamente, como si estuviera intentando recuperar el control.

—No hagas esto.

—¿Hacer qué?

—Acercarte.

—¿Por qué?

Abrió los ojos.

—Porque no sabes lo que estás provocando.

—Entonces dímelo.

Darian me sostuvo la mirada durante unos segundos.

—Te deseo.

Las palabras me dejaron sin respuesta.

Pero antes de que pudiera reaccionar, él continuó.

—Y por eso mismo tengo que alejarme de ti.

Sentí un calor extraño subir por mi pecho.

—Entonces no quieres que me vaya.

—No.

—¿Quieres que me quede?

Darian cerró los ojos.

—Sí.

Mi corazón dio un salto.

Por primera vez desde que lo había conocido, pensé que quizá todo aquello podía tener sentido. Quizá el vínculo no era una condena. Quizá Darian simplemente tenía miedo.

Entonces abrió los ojos.

Y la expresión de su rostro cambió.

—Pero no puedo.

Retrocedió un paso.

—Darian...

—No.

—Espera.

—No te acerques más.

—¿Por qué?

Darian tragó saliva y durante unos segundos pareció luchar contra algo dentro de sí. Finalmente, su voz salió fría y firme.

—Porque no eres lo que necesito.

Sentí que algo dentro de mí se rompía.

—¿Qué?

—He cometido un error.

—¿Un error?

Darian apartó la mirada.

—Este vínculo no debería existir.

No sabía qué dolía más: sus palabras o la forma en la que intentaba fingir que no le afectaban.

—Entonces rómpelo.

Darian volvió a mirarme.

—¿Qué?

—Si soy un error, rómpelo.

Silencio.

—Hazlo.

Su expresión cambió.

—Elián...

—Hazlo.

Darian dio un paso hacia mí y sentí cómo mi cuerpo entero se tensaba. El aire parecía demasiado pesado y mi lobo comenzó a gruñir desesperadamente dentro de mí.

Entonces él levantó una mano.

Sus dedos rozaron mi cuello, justo encima de la marca.

El contacto duró apenas un segundo.

Pero fue suficiente para que ambos sintiéramos el vínculo con una fuerza brutal.

Darian retiró la mano como si se hubiera quemado.

Sus ojos se llenaron de dolor.

—No puedo.

—Entonces no digas que no me quieres.

Su mandíbula se tensó.

—No puedo darte lo que necesitas.

—Nunca te he pedido nada.

—Algún día lo harás.

—¿Y qué se supone que significa eso?

Darian dio un paso atrás.

—Significa que tienes que olvidarme.

Lo miré sin saber qué decir.

Y entonces hizo algo que no esperaba.

Me miró directamente a los ojos y pronunció las palabras que cambiarían nuestra relación para siempre.

—Rechazo nuestro vínculo.

Sentí un dolor agudo atravesarme el pecho.

Caí de rodillas antes de poder evitarlo.

Mi lobo aulló dentro de mí.

La marca de mi cuello ardió como fuego y durante unos segundos no pude respirar. Escuché a Darian decir mi nombre, pero su voz parecía venir desde muy lejos.

No levanté la mirada.

No quería que viera mis lágrimas.

No quería que supiera cuánto había dolido.

Así que me obligué a levantarme, aunque mis piernas temblaban.

—Perfecto.

Darian permaneció inmóvil.

—Entonces ya no tienes que preocuparte por mí.

Me di la vuelta.

Esta vez no me detuvo.

Caminé sin mirar atrás, con el pecho destrozado y mi lobo aullando de dolor dentro de mí.

Pero mientras me alejaba, escuché algo.

Un golpe seco.

Me giré.

Darian seguía en el mismo lugar, pero estaba de rodillas, con una mano apoyada sobre el pecho.

Y aunque había rechazado nuestro vínculo, su rostro estaba cubierto de lágrimas.

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