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CAPÍTULO 5 El chico del bosque

Author: Teenspirit
last update publish date: 2026-10-06 17:53:51

La palabra maldición se quedó flotando entre nosotros mucho después de que Darian dejara de hablar. No sabía qué esperaba escuchar cuando había venido hasta allí, pero desde luego no era aquello. Una parte de mí quería exigirle que me contara toda la verdad, que dejara de esconderse detrás de respuestas a medias y me explicara de una vez qué demonios estaba ocurriendo, pero otra parte, la que todavía recordaba cómo había dolido su rechazo, quería simplemente marcharse y no volver a verlo nunca. El problema era que mi cuerpo parecía tener sus propios planes. Seguía sintiendo su presencia como si estuviera grabada bajo mi piel y la marca de mi cuello ardía cada vez que lo miraba.

—¿Qué maldición? —pregunté finalmente.

Darian apartó la mirada.

—No deberías estar aquí.

—Eso no responde a mi pregunta.

—Elián, vete.

—No.

Su mandíbula se tensó.

—¿Por qué haces esto?

—Porque estoy cansado de que todo el mundo me diga que me vaya sin explicarme nada.

Darian se quedó callado.

—Primero me dices que soy tu Omega, después me rechazas, luego aparecen tres lobos con el mismo símbolo de una profecía que mi madre lleva años escondiéndome y ahora me dices que existe una maldición. ¿De verdad esperas que vuelva tranquilamente a casa?

—Sí.

Lo miré incrédulo.

—Eres insoportable.

Por primera vez, una pequeña sonrisa apareció en su rostro, aunque desapareció casi inmediatamente.

—Eso ya me lo han dicho.

—Seguro que muchas veces.

El silencio que siguió fue extraño. Por un instante pareció que habíamos olvidado todo lo que había pasado entre nosotros. Pero entonces vi la sangre que seguía cayendo de su costado y la realidad volvió de golpe.

—Estás herido.

—No es grave.

—Estás sangrando.

—He tenido heridas peores.

—No me importa.

Darian me miró.

—¿No?

Me arrepentí de haberlo dicho tan rápido.

—Quiero decir... no me importa si has tenido heridas peores. Si estás herido, deberías curarte.

Él bajó la mirada hacia su costado.

—Puedo hacerlo solo.

—Claro que puedes.

Me crucé de brazos.

—Porque hacerlo todo solo parece ser tu especialidad.

Darian no respondió, pero pude ver cómo apretaba los dientes. Se apoyó con más fuerza contra el árbol y cerró los ojos durante unos segundos.

—¿Dónde está tu manada? —pregunté.

—Al norte.

—¿Y por qué estás aquí solo?

—Porque necesitaba estar solo.

—¿Y los lobos?

—No los conozco.

—Entonces alguien los ha enviado.

Darian abrió los ojos.

—Eso creo.

—¿Quién?

—Todavía no lo sé.

Me acerqué un poco más.

—¿Y qué tiene que ver conmigo?

Esta vez no respondió inmediatamente.

Su mirada se dirigió hacia mi cuello.

—Tu marca.

Instintivamente me la cubrí con una mano.

—¿Qué pasa con ella?

—Está cambiando.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque la mía también.

Me quedé inmóvil.

Darian apartó un poco la tela de su camiseta y pude ver una marca idéntica a la mía sobre su piel. La diferencia era que la suya era mucho más oscura, como si una sombra estuviera extendiéndose alrededor del símbolo.

—¿Qué significa?

—Que el rechazo no funcionó.

Sentí que el corazón me daba un vuelco.

—¿Qué?

—Intenté romper el vínculo, pero no se rompió.

—Entonces, ¿por qué me dijiste que sí?

Darian bajó la mirada.

—Porque quería convencerme de que podía hacerlo.

—¿Y ahora?

—Ahora sé que no puedo.

Aquellas palabras hicieron que mi pecho se calentara, pero me obligué a ignorarlo.

—¿Entonces seguimos siendo pareja?

—Sí.

Mi lobo reaccionó inmediatamente.

Mate.

Intenté mantener la expresión seria.

—Pues podrías haberlo pensado antes de destrozarme el corazón.

Darian levantó la mirada.

—Lo siento.

Era la primera vez que lo escuchaba disculparse.

No supe qué responder.

Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada. El viento movió las ramas y una ráfaga fría atravesó el claro. Entonces Darian se tambaleó.

Lo sujeté antes de que pudiera caer.

—Estás perdiendo demasiada sangre.

—Estoy bien.

—Deja de decir eso.

Lo ayudé a sentarse junto al árbol.

—Voy a curarte.

—No.

—No te estoy preguntando.

Darian me miró con una mezcla de sorpresa y algo que no supe identificar.

—Eres bastante mandón para ser un Omega.

—Y tú bastante insoportable para ser un Alfa.

Una sonrisa pequeña apareció en sus labios.

—Quizá por eso funciona.

Sentí que mi cara se calentaba.

—No te emociones.

Me arrodillé junto a él y examiné la herida. No parecía demasiado profunda, pero estaba llena de una sustancia oscura que me preocupó.

—¿Qué es esto?

Darian observó la herida.

—Veneno.

Levanté la mirada.

—¿Veneno?

—Las garras de esos lobos estaban impregnadas.

—¿Y por qué no me lo dijiste?

—Porque no quería que te acercaras.

—Ya estoy aquí.

Darian soltó un suspiro.

—Lo sé.

Busqué unas hojas medicinales entre los árboles y las aplasté con las manos antes de colocarlas sobre la herida. Darian se estremeció.

—¿Duele?

—Un poco.

—Bien.

Me miró sorprendido.

—¿Bien?

—Por hacerme sufrir antes.

—No sabía que eras rencoroso.

—No me conoces.

—Empiezo a hacerlo.

Aquella frase me hizo detenerme.

Levanté la mirada y nuestros ojos se encontraron.

Durante unos segundos ninguno apartó la mirada.

Sentí el vínculo tensarse entre nosotros.

Una sensación cálida.

Extrañamente familiar.

Darian acercó una mano hacia mi rostro, pero se detuvo antes de tocarme.

—No debería...

—¿Qué?

—Nada.

Bajó la mano.

No pregunté.

Todavía.

Terminamos de vendar la herida y, cuando intenté levantarme, Darian me sujetó suavemente de la muñeca.

—Espera.

—¿Qué?

—Hay algo que necesito enseñarte.

Me llevó hasta el borde del claro. Allí, entre las raíces de un árbol enorme, había una piedra cubierta de símbolos antiguos. Me acerqué y reconocí inmediatamente el mismo dibujo que había visto en el libro de mi madre.

La luna.

La sangre.

Y dos lobos enfrentados.

—¿Qué es?

—Un marcador.

—¿De qué?

—Del lugar donde comenzó todo.

Sentí un escalofrío.

—¿La maldición?

Darian asintió.

—Hace cientos de años, dos manadas hicieron un pacto. Un Alfa y un Omega unieron sus sangres para detener una guerra.

—¿Y qué salió mal?

—No lo sabemos exactamente.

—¿Y la profecía?

—Apareció después.

Pasé los dedos sobre la piedra.

—¿Qué significa el símbolo de los dos lobos?

Darian se quedó detrás de mí.

—Que el vínculo entre un Alfa y un Omega puede hacer dos cosas.

—¿Cuáles?

—Salvar a las manadas.

Hizo una pausa.

—O destruirlas.

Me giré hacia él.

—¿Y cuál de las dos va a ocurrir con nosotros?

Darian me miró durante unos segundos.

—Todavía no lo sé.

—Pues más te vale averiguarlo.

Una expresión casi divertida apareció en su rostro.

—¿Siempre tienes que tener la última palabra?

—Sí.

—Lo imaginaba.

Nos quedamos en silencio.

Y entonces escuchamos un ruido entre los árboles.

Darian se puso inmediatamente delante de mí.

—Quédate detrás.

—¿Otra vez?

—Elián.

Esta vez no discutí.

Una figura apareció entre las sombras.

Era un chico.

Parecía tener aproximadamente mi edad, quizá un poco más. Tenía el cabello castaño y los ojos verdes, y llevaba la ropa desgarrada como si hubiera estado corriendo durante horas.

Darian dio un paso hacia delante.

—¿Quién eres?

El desconocido levantó lentamente las manos.

—No quiero problemas.

—¿De qué manada eres?

El chico miró primero a Darian y después a mí.

Cuando sus ojos se detuvieron en mi cuello, su expresión cambió.

—Tú...

Fruncí el ceño.

—¿Qué?

El chico dio un paso hacia mí.

—Eres él.

Darian se interpuso inmediatamente.

—¿Quién eres?

El chico tragó saliva.

—Me llamo Noah.

—¿Qué quieres?

Noah volvió a mirarme.

—Advertirte.

—¿De qué?

Sus ojos se dirigieron hacia la marca de mi cuello.

—De tu vínculo.

Darian gruñó.

—Habla.

Noah retrocedió ligeramente.

—Los lobos que os atacaron no eran cazadores normales. Están buscando al Omega.

Sentí un escalofrío.

—¿Por qué?

Noah me miró directamente.

—Porque saben que eres el único que puede despertar la maldición.

El bosque quedó en silencio.

Darian se puso rígido.

—¿Quién te ha enviado?

Noah negó con la cabeza.

—Nadie.

—Entonces, ¿cómo sabes todo esto?

Noah tardó unos segundos en responder.

—Porque yo también estoy huyendo de ellos.

Miré a Darian.

Él no apartaba los ojos de Noah.

Y por primera vez desde que había conocido a Darian, comprendí que quizá no éramos los únicos que guardábamos secretos.

Quizá todos los que estaban relacionados con aquella profecía estaban huyendo de algo.

Y algo me decía que Noah acababa de convertirse en una pieza importante de nuestra historia.

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