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capitulo 4: la profecia

Autor: Teenspirit
last update Fecha de publicación: 2026-10-06 17:29:51

No recuerdo cómo conseguí volver a casa. Solo recuerdo el frío de la noche pegándose a mi piel, el sonido de mis propios pasos sobre las hojas y aquel dolor insoportable que no desaparecía por mucho que intentara ignorarlo. Había pensado que, después de escuchar a Darian rechazar nuestro vínculo, sentiría alivio. Al menos eso era lo que me repetía mientras caminaba. Ya no tendría que preocuparme por él, ya no tendría que preguntarme qué significaban sus miradas ni por qué mi cuerpo reaccionaba cada vez que estaba cerca. El vínculo estaba roto. Se había acabado. Eso debería haber sido suficiente.

Pero no lo era.

Mi pecho seguía doliendo.

Cada vez que respiraba sentía una presión extraña, como si algo dentro de mí estuviera intentando arrancarse de raíz. Mi lobo permanecía en silencio, algo que me preocupaba más que sus constantes gruñidos. Desde que había despertado, nunca había estado tan callado. Ni siquiera cuando llegué a casa y mi madre me encontró sentado en el suelo frente a la puerta, incapaz de reunir fuerzas para levantarme.

—Elián.

No respondí.

Mi madre se arrodilló delante de mí y me observó durante unos segundos. Supo inmediatamente que algo había ocurrido. No necesitó preguntarme si había vuelto a ver a Darian; la respuesta debía estar escrita en mi cara.

—¿Qué ha pasado?

Tragué saliva.

—Me ha rechazado.

Mi madre se quedó inmóvil.

No dijo nada. Ni siquiera pareció respirar durante unos segundos.

—¿Qué?

—Darian me ha rechazado.

Sus ojos se llenaron de preocupación y me sujetó por los hombros.

—Déjame ver la marca.

Aparté la mano cuando intentó tocarme.

—No.

—Elián, necesito verla.

—He dicho que no.

Mi voz sonó más dura de lo que pretendía, pero no podía soportar que nadie volviera a tocar aquel lugar. Todavía ardía. No era un dolor normal. Era como si la marca estuviera intentando desaparecer y, al mismo tiempo, aferrándose a mí con todas sus fuerzas.

Mi madre se sentó a mi lado.

—¿Te ha explicado por qué?

Solté una risa amarga.

—Dice que soy un error.

Ella cerró los ojos.

—Dios...

—¿Qué?

—Nada.

—No vuelvas a decirme nada. Quiero saber la verdad.

Mi madre permaneció en silencio durante demasiado tiempo.

—Mamá.

—Elián, todavía eres demasiado joven.

—Tengo dieciocho años.

—Precisamente.

—Soy un Omega adulto. He despertado a mi lobo, tengo un vínculo que nadie quiere explicarme y esta noche mi pareja predestinada me ha rechazado. Creo que ya no soy demasiado joven para saber qué está pasando.

Ella bajó la mirada.

—No es tan sencillo.

—Entonces hazlo sencillo.

Mi madre respiró profundamente y se levantó.

—Ven conmigo.

La seguí por el pasillo hasta una habitación que casi nunca utilizábamos. Era pequeña y estaba llena de cajas viejas, libros y objetos que pertenecían a mi abuela. Mi madre se arrodilló delante de un armario y sacó una caja de madera que llevaba años sin abrir.

La dejó sobre la mesa.

—Esto pertenecía a tu abuela.

—¿Qué hay dentro?

—La razón por la que siempre te he dicho que no te acercaras al Norte.

Abrió la caja.

Dentro había fotografías antiguas, varios documentos y un pequeño libro encuadernado en cuero oscuro. Mi madre lo sacó con cuidado y lo dejó delante de mí.

—¿Qué es?

—La historia de nuestra familia.

Abrí el libro.

Las primeras páginas estaban llenas de nombres y fechas que no reconocía. Pasé algunas hojas hasta encontrar un dibujo.

Era una luna atravesada por una línea de sangre.

Debajo había unas palabras escritas en una lengua antigua.

—¿Qué significa?

Mi madre tardó unos segundos en responder.

—La profecía.

Levanté la mirada.

—¿La misma de la que hablaba Darian?

Ella asintió.

Volví a mirar el dibujo.

—¿Qué dice?

Mi madre pasó el dedo por las letras.

—"Cuando la luna roja despierte, el Alfa encontrará al Omega que lleva la sangre de la primera luna. Su vínculo traerá consigo el final de una era. La sangre de uno de ellos será derramada bajo la luna y el otro deberá cargar con sus consecuencias."

Sentí un escalofrío.

—¿Eso es todo?

—No.

Mi madre pasó una página.

Había varias líneas arrancadas.

—Falta una parte.

—¿Quién la arrancó?

—No lo sé.

—¿Y por qué no me habías enseñado esto antes?

—Porque esperaba que nunca tuvieras que verlo.

Pasé los dedos por el borde desgastado de la página.

—¿Qué significa lo de la primera luna?

Mi madre negó con la cabeza.

—No lo sabemos.

—¿Y la sangre?

—Tampoco.

—Entonces ¿por qué Darian me rechazó?

Mi madre me miró con tristeza.

—Porque conoce la historia de su familia.

Aquello hizo que levantara la cabeza.

—¿Su padre?

Ella asintió.

—El padre de Darian fue el último Alfa que tuvo una pareja predestinada perteneciente a nuestra línea.

—Y ella murió.

—Sí.

—Durante una luna roja.

—Sí.

Me quedé mirando el libro.

—Entonces cree que me pasará lo mismo.

—Probablemente.

Sentí una mezcla de rabia y tristeza.

—¿Y por eso decidió rechazarme?

—Quizá.

—No tiene sentido.

—Para él sí.

Cerré el libro.

—Entonces quiero hablar con él.

—No.

—Mamá...

—Elián, escucha. Si Darian te ha rechazado, quizá sea lo mejor.

—¿Lo mejor para quién?

Ella no respondió.

Me levanté y salí de la habitación con el libro todavía en las manos. No sabía exactamente qué iba a hacer, pero una cosa estaba clara: no iba a aceptar que alguien decidiera mi destino basándose en una historia que ni siquiera estaba completa.

Aquella noche apenas pude dormir. La marca seguía ardiendo y mi lobo se movía inquieto dentro de mí. Intenté ignorarlo, pero entonces volvió a ocurrir.

Escuché la voz de Darian.

No era un pensamiento.

No era un recuerdo.

Era él.

Elián.

Abrí los ojos.

La habitación estaba completamente oscura.

—¿Darian?

No hubo respuesta.

Me incorporé lentamente.

No vengas.

Me quedé helado.

—¿Dónde estás?

Silencio.

Entonces apareció una imagen en mi cabeza.

Un bosque.

Nieve.

Una montaña.

Y Darian.

Estaba de pie frente a una enorme puerta de piedra.

No sabía cómo sabía que era él, pero lo reconocí inmediatamente.

Después la imagen desapareció.

Me levanté de la cama.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Algo estaba ocurriendo.

Y no sabía por qué, pero tenía la certeza de que Darian estaba en peligro.

Cogí una chaqueta y salí por la ventana antes de que mi madre pudiera verme.

El bosque estaba oscuro y frío, pero no tuve miedo. Mi lobo despertó en cuanto mis pies tocaron el suelo y la transformación llegó mucho más rápido que la noche anterior. Corrí hacia el norte siguiendo aquel vínculo que supuestamente había sido rechazado.

Mientras avanzaba, la marca de mi cuello empezó a arder.

Cuanto más cerca estaba de la frontera, más intenso se hacía el dolor.

Y entonces escuché un aullido.

No era un aullido normal.

Era un grito.

Mi lobo salió disparado hacia el sonido.

Atravesé los árboles hasta llegar a un pequeño claro.

Darian estaba allí.

Pero no estaba solo.

Frente a él había tres lobos.

Sus ojos brillaban con un extraño color rojo.

Darian estaba herido y tenía sangre en el costado.

Uno de los lobos se abalanzó sobre él.

No pensé.

Corrí.

Me lancé contra el animal y ambos rodamos por el suelo. Sentí sus garras rozándome el hombro antes de que mi lobo lo mordiera con todas sus fuerzas. El animal retrocedió y los otros dos comenzaron a rodearnos.

Darian me miró.

Sus ojos se abrieron completamente.

—¿Qué haces aquí?

No tuve tiempo de responder.

Los tres lobos atacaron al mismo tiempo.

Y mientras luchábamos, comprendí algo que hizo que el miedo se instalara definitivamente en mi pecho.

Aquellos lobos no pertenecían a ninguna de las dos manadas.

Y uno de ellos llevaba alrededor del cuello el mismo símbolo que aparecía en la profecía.

La luna atravesada por una línea de sangre.

Cuando finalmente conseguimos ahuyentarlos, Darian se quedó apoyado contra un árbol, respirando con dificultad.

Me acerqué.

—Estás herido.

—No deberías haber venido.

—Ya me lo has dicho.

—Elián...

—¿Quiénes eran?

Darian no respondió.

—¿Qué quieren?

Silencio.

—¿Qué significa ese símbolo?

Esta vez sí me miró.

Y su expresión me confirmó que sabía exactamente de qué estaba hablando.

—¿Dónde lo has visto?

—En un libro.

Darian palideció.

—¿Qué libro?

—El de mi familia.

Se quedó completamente inmóvil.

—Entonces ya lo sabes.

—No. No sé nada. Porque todos os empeñáis en ocultármelo.

Darian apartó la mirada.

—La profecía no es lo que te han contado.

Mi corazón se aceleró.

—¿Qué significa entonces?

Darian respiró profundamente.

—Que si el vínculo se completa, algo despertará.

—¿Qué?

Sus ojos se encontraron con los míos.

—La maldición.

La palabra quedó suspendida entre nosotros.

Y por primera vez comprendí que nuestro vínculo no era simplemente una historia de parejas predestinadas.

Había algo mucho más antiguo esperándonos.

Algo que llevaba siglos esperando que Darian y yo nos encontráramos.

Y quizá, aunque él hubiera intentado rechazarme, ya era demasiado tarde.

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