LOGINElena no le dedicó más atención a Sergio, él vería que hacía con su vida, menos mal que lejos de ella, se fue al gimnasio donde Brenda no le tuvo contemplación, diciéndole que aunque había hecho bastante ejercicio la noche anterior en tono pícaro, igual no iba a descuidar su entrenamiento, a eso de las nueve de la noche, estaba en su habitación bañada y vestida con un short de piyama y franelilla de algodón se quitó los lentes de contacto y se acostó, su intención era estar pendiente si Pablo llamaba, más temprano le envió un mensaje disculpándose por no poder cenar con ella, sin embargo, le dijo nos vemos más tarde, pero estaba cansada y se quedó dormida, había dormido algo más de una hora, cuando sonó el aviso de un mensaje en su celular, se incorporó en la cama, buscó los lentes de fórmula y vio la pantalla del celular mensaje nuevo Pablo Larsson.
¿Estas dormida?
No podía contestar que no, era obvio que acababa de despertarse, así que contestó:
Ven.
Al cabo de unos minutos sonó ligeramente su puerta.
— Quién... —dijo Elena en broma.
— Yo —contestó Pablo con esa voz ligeramente ronca y seductora, Elena sintió ese calorcito de familiaridad que mostrara anunciándose, abrió la puerta, después de peinarse un poco, lo descubrió recostado sobre un hombro y con una mano en la barbilla, sonreía y ella también le sonrió con toda la alegría que sentía de verlo.
— Hola guapa —Elena lo miró llevaba un pantalón de algodón negro, una franelilla de algodón blanca y chancletas, con esos brazos esculpidos su ancha espalda y ese bello rostro, definitivamente como le gustaba.
— Hola —Elena le hizo un gesto para que pasara.
— Te desperté, lo siento —la abrazó y le dio un beso—, pero llegué me bañe y mi cama me parecía incomoda, creo que esta es más cómoda.
— Entonces solo viniste porque mi cama es más cómoda —Pablo la miró de arriba abajo con esa ropa aparentemente tan inocente, se le marcaban todos los muy bien proporcionados atributos de Elena y con los lentes, simplemente la hacían ver más sexi.
— Contigo en ella es el cielo —Pablo se sentó en la cama y la hizo sentarse a su lado—. Me encantas con lentes, no sabes cuantas fantasías podrías hacerme realidad, no tendrás unos lentes con montura de pasta afiladas en las orillas como bibliotecaria de los años 60.
— Cómo te va a parecer sexi que sea tan ciega como un búho.
— Es por que no ves lo que yo —se acercó a ella y con una mano le quitó el cabello para poder besarla en el cuello.
— Quizás yo podría ser una bibliotecaria y tú, el estudiante de intercambio que no habla ni papa de español, solo habla francés.
— Mon chéri, Je suis fou de toi, ma belle. (Cariño, estoy loco por ti, hermosa)
Elena no entendió todo lo que le dijo, pero le encantó, se quitó los lentes y lo besó con toda la pasión que sentía y Pablo le correspondió con la misma intensidad, cayeron en la cama devorando sus bocas y toda la piel que podían alcanzar, Elena jamás se había sentido tan llena de pasión, era devoradora, se sentía hermosa y poderosa, mientras quitaban sus ropas Elena le dijo.
— Pablo yo tomo la píldora y estoy limpia, si tú estás bien y no hay inconveniente, puedes prescindir del preservativo
Pablo lo pensó, nunca se había confiado de las mujeres y sus métodos anticonceptivos, debido a su familia, habían mujeres que podrían pensar acomodar su vida con un hijo Larsson, sin contar que las ETS eran un asunto serio, jamás tuvo relaciones sin preservativo, sin embargo, sentía que podía confiar en Elena.
— Sin duda es lo más bonito que me has dicho nena.
Elena se rió.
Se montó a horcajadas en él, no podía esperar más, arrancó su ropa y él la de ella, estaba muy excitada, lo introdujo en ella y no sintió resistencia, esta vez estaba más que preparada, Pablo le acarició un pecho mientras que con la otra mano la colocó en su cadera, pero Elena no se iba a dejar dirigir, ella mandaba y él era su exquisito semental, se movió hacia adelante y hacia atrás y luego giró sus caderas, Pablo gimió.
— Oh nena sí —Pablo sosteniéndola a pulso, la besó en los labios y después sus pechos, Elena sentía que el orgasmo estaba muy cerca, Pablo con una mano le apretó en la cadera y con la otra la acarició rítmicamente entre sus piernas y movió sus propias caderas al compás de ella, encontrándose a cada movimiento descendente con una estocada.
— Quiero que te vengas conmigo —le dijo Pablo bajito—, ahora nena.
— Estoy tan cerca oh sí.
Elena cayó saciada en el pecho de Pablo y él la abrazó.
— Nena si así te pones con el francés te hablaré así siempre.
— Así me pones tú —le dijo mirándolo a los ojos.
— Que suertudo soy yo —dijo mientras se levantaba para apoyar a Elena en la cama, Elena le dio un beso, y se puso los lentes, fue algo casi imperceptible, pero allí estaba, la renuencia de Pablo a involucrar los sentimientos, Elena quería patearse a ella misma, fue al baño para asearse, cuando estuvo en la ducha sintió que Pablo estaba en el lavamanos, pero no abrió la puerta de la ducha, Pablo se devolvió a la cama, Elena se secó con calma y fue a la cama, se iba a poner el short del piyama y Pablo no la dejo, la halo y apagó la luz.
— No tienes que ponerte ropa yo te daré calor y tú me darás calor a mí, ahora me perdonas si soy un amante deficiente y nos dormimos, estoy muy cansado.
— Claro que no, yo también estoy agotada, buenas noches.
— Buenas noches ma belle.
Elena no se pudo dormir de inmediato, la certeza de haberse involucrado en una aventura sin expectativas la atormentaba, sabía que iba a quedar herida, pero no sabía cómo frenar al tren que era Pablo Larsson, o a ella misma, era macilla en sus manos, esa misma noche llegó, saludó, habló de fantasías y al sexo, sin conversar sin ¿Qué tal tu día? Todo eso que hace a una relación la interacción de dos personas quienes buscan los mismos intereses, ¿Cuáles eran los intereses de Pablo?, pero le gustaba y mucho, así que iba a tratar de cambiar las cosas para mañana, lo haría conocerla y a la vez lo conocería ella, su relación tenía que evolucionar o si no iba a quedar muy quemada, se durmió con una sonrisa, disfrutando del hombre y rebosante de esperanza.
A las cinco de la mañana sonó la alarma.
— Elena, no me digas las cinco.
— Sí, lo siento —Elena dijo somnolienta y abrazando más a Pablo—, debo levantarme.
— Es muy temprano—dijo Pablo acariciándole las nalgas.
— Tengo que lavarme el cabello.
— Bueno vamos a bañarnos —Pablo se levantó y prendió la luz—, quizás también puedes lavar mi cabello.
— Pero es que no llego, eres muy alto.
— Mucho mejor, tendré que agacharme —la miró de arriba abajo y alzo las cejas pícaro.
Ambos entraron riendo a la ducha.
Más tarde llegaba a desayunar Pablo en la oficina de Elena, ella se quedó secándose el cabello y Pablo fue al gimnasio, ahora lucían muy dignos, Pablo con su traje Armani y Elena con un vestido de color morado ajustado que delineaba su estrecha cintura a la altura de la rodilla y sandalias altas en dorado, lucia unas pulseras doradas un reloj de oro pequeño y grandes argollas doradas el cabello largo y ondulado en las puntas enmarcaban su rostro, sus ojos marrones y expresivos cautivaban a Pablo que ya se sabía encaprichado con ella.
— Tan bella como siempre, algo hice bien en la vida para poder compartir cama con semejante belleza.
— Que galante, muchas gracias y hablando de hacer algo bien en la vida, este viernes voy a Valencia, al orfanato, voy a llevar algunas cosas del restaurante y regreso el domingo temprano, no sé si puedes tomarte el fin de semana y acompañarme, por supuesto nos quedaríamos en mi casa a dormir.
— Nena no puedo tomarme el fin de semana en estos momentos, con todo este asunto policial, algo falló en la seguridad del terreno, al parecer hay complicidad de alguien de la empresa, el cadáver es reciente, lo que no quería imaginar pasó, sin embargo, nadie se muestra sospechoso, solo espero que el arquitecto que viene de viaje pueda solventar esto.
— Esto es horrible, como quisiera poder ayudarte en algo, pero, entonces ¿La policía sospecha de ustedes?
— No de mi, ni de Dante mi socio, pero el terreno estaba en custodia de nosotros, las cámaras de seguridad fueron saboteadas, lo que me lleva a pensar que la policía debe investigar a la empresa de vigilancia, pero necesitamos que regrese el arquitecto encargado y que explique lo sucedido en esos días.
— Gracias a Dios al menos no estas bajo investigación, tú como individuo, veras como seguro el arquitecto encargado esclarece la situación, ¿Le contaste a Berni?
— Nena, apenas ayer en la tarde nos enteramos, nos quedamos hasta tarde noche hablando con el equipo, luego llegué y fui directo a ti.
— Aquí estoy, quiero que sepas que puedes contar conmigo, que también puedo escucharte, y en lo que pueda ayudarte.
— Pero me dices que llevaras cosas al orfanato, asumo que comida, ¿Te llevara alguna camioneta del hotel?
— No, yo tengo una camioneta y Valencia está ahí mismo, no hay problema.
—¿Qué haces cuando vas al orfanato?
— Es un orfanato de niñas, hay desde pequeñitas hasta adolescentes, por lo general llevo comida preparada y sobre todo los postres son muy apreciados, mi chef Antonio manda comida que sabe disfrutan desde las más pequeñas, es para él un reto hacer comida gourmet que disfruten pequeñas de 4 años.
—No perdiste comunicación entonces, siempre pensé que crecer en un orfanato debía ser triste, un lugar malvado, pero no es tu caso, quieres mucho ese lugar.
— Son mi familia, aunque no creas, en el mundo de la orfandad hay mucha tragedia, había niñas realmente malvadas y yo venía de una familia amorosa, eso era motivo para que algunas criaturas que no sabían lo que era amor se desquitaran conmigo, pero eso quedó atrás, le debo mucho a las hermanas por cuidarme y allí conocí a Brenda y Belinda son mis hermanas de corazón.
— Conozco a Brenda, me falta conocer a Belinda.
—Ya tendrás la oportunidad, de hecho, regresare con Belinda, ya que en un mes tendremos la primera gala anual de beneficencia al orfanato que está organizando el Välsmakande, ella me va ayudar.
— Que bueno, una gala, eso trae mucha buena publicidad, mientras hacen una buena obra, mi tío debe estar complacido.
— Berni es el principal benefactor, desde que estoy con Berni, he podido ayudar más al orfanato, esta beneficencia es muy importante para todos.
— Desde que estas con mi tío, ¿Te escuchas, cuando dices cosas como esa?
— Quiero decir trabajando aquí, con quien estoy en otro plano es Larsson pero no es Bernhard —dijo Elena abrazándolo por el cuello con coquetería y luego lo besó en los labios.
— Hagamos algo que te lleve una camioneta del hotel y yo te busco el domingo, te parece. ¿Tenemos una cita?
— Me parece bien, tenemos una cita, así conocerás mi casa. Pero no tendrás problemas había olvidado que no podías salir de la ciudad.
— No hay problema, yo no estoy bajo investigación, pero si mi gente del trabajo, no puedo dejarlos varios días, pero será domingo y Valencia esta muy cerca.
— Pablo de verdad quisiera ayudarte en algo, esta situación debe ser muy estresante para ti.
— Ya lo haces —dijo Pablo tomándole la mano y dándole un beso en la palma, Elena se sonrojo y le sonrió.
Al terminar de desayunar, se despidieron, Pablo en camino a su trabajo, analizaba lo ocurrido, para sí mismo —“porque tuve la necesidad de fijar territorio, hasta le reclame, Elena no se dio cuenta, o no le importó, y luego quise darle algo, en vez de dejarla tranquila, me comprometi a buscarla, conocer su casa, si me consigo a las monjitas, eso sería el colmo, el problema es que me convencieron esos ojos de Elena, son en realidad ventanas a sus pensamientos, pero que cosas pienso me voy a volver un puto Shakespeare será el agua de Venezuela” —se rio de la absurda broma a sí mismo y se dedicó a centrar sus pensamientos en su trabajo.
2 años después. Elena estaba muy embarazada, pero era la inauguración del Hotel Larsson Margarita, Pablo insistió en que Elena debía quedarse en Caracas, pero ella no hizo caso, este era un sueño alcanzado tanto para Pablo como para ella, como se le ocurría que se lo iba a perder, ella estaría allí cuando cortaran la cinta del hotel y atendería los primeros clientes de Välsmakande Margarita, el pequeño David Alexander no quería los brazos de su abuela, llevaba el nombre de sus abuelos, era un apuesto niño de cabello oscuro y ojos azules, lloraba desconsolado pidiendo ser cargado por su madre, el pequeño aun tenia 1año y ahora tendría una hermana, Elena cargó al pequeño y lo montó encima de su enorme vientre, secó sus lágrimas y sobó su pequeña espalda, el niño se calmó, estaba en el lobby del nuevo hotel, todo en acero y cristal, arreglos de flores adornaban la barra de recepción y encima las elaboradas letras en color oro Hotel Larsson Margarita, El
Elena estaba vestida para hacer un viaje relámpago a Venecia, la boda fue muy hermosa con Rebeka y Belinda como damas de honor y Brenda y Sebasthian como padrinos de boda, las damas fueros de rosado satín y fajines negros, Brenda había llevado un bello traje plateado brillante como una armadura de sueños había dicho Sebasthian, ahora estaba terminando de arreglar su maleta con Brenda en su habitación del hotel, Pablo estaría muy ocupado en Margarita ahora que había cortado relaciones comerciales con Dante Martino, a petición de Elena no lo denunciaron, pero rompieron sociedad y amistad. — Me vas hacer mucha falta Elena. — Vendré 3 días por semana, no dejaras de verme. — Sí bueno, quizás yo también viaje lo estoy pensando, igual no sé si pueda conservar el trabajo con Discovery. — Es por Sebasthian, siguen mal, pero que necia eres Brenda. — Elena yo para Sebasthia
Una vez en la comisaria, Pablo le dijo al detective que la llamada indicando el paradero de Elena había sido anónima, el detective no vio razones para desconfiar, Pablo no sabía cómo su amigo se había enterado, aun le faltaba ir a casa de Dante. Pablo dio un apretón de mano al detective Raúl. — Muy agradecido amigo, sepa que estoy en deuda con usted y no dude en llamarme si algún día llega a necesitar algo de mí. — No se preocupe, Larsson, es mi trabajo, esperó no tener que visitarlo por trabajo, quizás vaya por visitar a la bonita parlanchina. Pablo sonrío. Elena despertó en la cama de una clínica, se sentía bastante mejor, tenía una vía pegada al brazo, de un frasco el suero caían ráp
Elena quería quedarse encerrada en el baño lejos de Sergio, pero quizás podría escapar cuando viniera el servicio, o pudiera pegarle con algo a Sergio y escapar corriendo, así que se armó de valor, mirándose al espejo notó que tenía el cabello lleno de costras de sangre, el golpe que le dio Sergio en la cabeza, la había rotó y aunque ya no botaba cantidad de sangre seguía húmedo y dolía, quizás necesitaría puntos de sutura, en cuanto salió consiguió a Sergio inhalando polvo por la nariz, así que eso era, Sergio estaba drogado, él no tenía ese vicio mientras estuvieron juntos, ahora entendía su locura. — Sergio, esto es una locura, no podemos estar aquí eternamente, yo me siento mal debo ir a un médico. — Estas bien, solo fue tu primer viaje —Sergio
Dante estaba sorprendido. Se sentó en el sofá cuando sintió el peso de la locura que había hecho su hermana, Donna se privó llorando y no le salían las palabras. Dante Pasó sus manos por el cabello y se obligó a escuchar y ver como hacía para librar a su hermana esta vez.— Yo no sabía que era un asesino, yo solo quería que se desapareciera con la tal Elena y que Pablo pensara que ella lo había traicionado, y entonces él la rechazaría y yo podría tener oportunidad de recuperar a Pablo. Dante abofeteo a su hermana, era la primera vez que lo hacía, no pudo controlarse y se arrepintió en el acto, Donna no era más que una niña malcriada y mucho era su culpa, pero esta vez se había pasado de la raya, Sonia intervino.
Elena despertó, sentía la boca seca y un terrible dolor de cabeza, en realidad le dolía todo el cuerpo, abrió los ojos lentamente ya que el sol le daba de frente a su rostro, estaba en un auto, acostada en el puesto trasero, Sergio iba conduciendo. — Por fin despertaste amor. Amor, Sergio siempre la había llamado amor. — Si a esto que haces le llamas amor, que será si me odiaras. — Ahora eres muy respondona, esa gente te han cambiado, eres presumida y malvada. — Tú me secuestras y yo soy la malvada, ya está bueno Sergio, di tu precio ¿Cuánto por dejarme ir? — No, tú te quedarás conmigo y empezaremos otra vez, tendremos la vida que ese Bernhard nos arrebató. — Sergio es que estás demente, yo no te quie







