로그인A los veintiséis años, el proyecto de observación del cielo profundo en el que participaba presentó oficialmente sus resultados.Al finalizar la conferencia de prensa, una periodista me preguntó por qué había elegido la astrofísica.Contemplé la imagen de la nebulosa a mis espaldas y recordé aquella tormenta de cuando tenía dieciséis años.Ese día subí sola a la montaña. No lo hice por despecho ni por capricho.Solo había oído que se produciría una lluvia de meteoros muy poco común.Después, la tormenta arreció y quedé atrapada en un mirador abandonado.Cuando los tres me encontraron, estaban empapados de pies a cabeza.Sebastián me cargó montaña abajo, Mateo trató de protegerme de la lluvia con su chaqueta y Gabriel me tomó de la mano mientras prometía una y otra vez que, en el futuro, siempre me elegirían primero.En mi adolescencia, creí que aquella promesa sería tan eterna como las estrellas.Con el tiempo comprendí que incluso las estrellas se apagan y que las promesas también pue
Durante mi tercer año de universidad obtuve un lugar en un programa académico conjunto con una universidad extranjera.Antes de mi partida, mi madre fue a visitarme a la universidad por primera vez. Viajó sola.No nos habíamos visto en tres años. Se veía mucho mayor y tenía varias canas en las sienes.No volvió a pedirme que regresara a casa ni mencionó a Valeria ni a los tres muchachos.Se limitó a seguirme por el laboratorio mientras yo le mostraba los equipos y le explicaba los proyectos de investigación.Al llegar al muro de reconocimientos, vio enseguida mi fotografía.En la imagen, yo aparecía en medio del equipo, sosteniendo el trofeo de una competencia.Mi madre la contempló durante mucho tiempo.—Cuando eras niña y recibías un premio, también te gustaba estar en el centro.No esperaba que lo recordara.—¿Por qué dejaste de hacerlo?—Porque tenía que cederle mi lugar a otra persona.Aquella noche me ayudó a preparar el equipaje. Revisó una y otra vez cada prenda y cada document
Unos días antes de aquella visita, el proyecto de observación en el que participaba dio sus primeros resultados.La persona a cargo del proyecto incluyó mi nombre en el informe y me recomendó para un programa universitario de investigación del año siguiente.Cuando compartí la noticia en el grupo de la familia, mi madre envió varios mensajes de felicitación. Incluso mi padre, cosa poco habitual, me llamó para decir que quería organizarme una celebración.Después de divorciarse de mi madre, formó otra familia muy pronto. Durante aquellos años me enviaba dinero de vez en cuando para mis gastos, pero casi nunca preguntaba por mi vida. Solo al enterarse de que había sido aceptada en un proyecto prestigioso recordó que tenía una hija de la que podía sentirse orgulloso.Rechacé la celebración y tampoco volví a casa para Año Nuevo.Mi madre preguntó si aún estaba resentida con ella.Le respondí que faltaba personal para el proyecto de observación de la universidad durante las vacaciones.No e
Un mes después de empezar las clases, me uní al club de astronomía de la universidad.Durante nuestra primera salida de observación, el profesor me encargó registrar los datos.Fotografié la nebulosa de Orión y organicé toda la información en una hoja de cálculo. Cuando terminé, ya era de madrugada. El presidente del club, Adrián Molina, me ofreció una botella de agua.—Se te da muy bien organizar todo. ¿Ya lo habías hecho antes?—Antes me encargaba de organizar los viajes de otras personas.Me miró con curiosidad.—¿A otras personas?Sonreí sin explicarle nada.Por primera vez, en aquel nuevo entorno se valoraban habilidades que antes todos habían dado por sentadas.Sabía tomar fotografías, editar videos, planear rutas y recordar las necesidades de cada persona.Cuando estaba con Valeria, esas habilidades no habían sido más que herramientas para que los demás pudieran cuidarla.Allí, en cambio, me pertenecían a mí.Después de la actividad recibí un paquete de mi madre.Estaba lleno de
La tarde siguiente encontré a Gabriel frente a mi residencia universitaria.Parecía no haber dormido en toda la noche. Tenía profundas ojeras y la camisa muy arrugada.En los dieciocho años que llevábamos conociéndonos, nunca lo había visto tan descompuesto.Se acercó a grandes pasos e intentó tomar mi mochila.Me aparté.Bajó la mano, incómodo.—¿Por qué no respondiste mis llamadas?—No las oí.—¿Y los mensajes?—Los vi.Gabriel me observó como si no pudiera comprender por qué, aun sabiendo que vendría, yo no había ido a recibirlo al aeropuerto.Antes, cada vez que alguno de los tres viajaba, yo revisaba el estado de su vuelo con anticipación. Cuando aterrizaban, los esperaba a la salida con agua y una chaqueta.Una vez, Gabriel me dijo entre risas que, en cuanto me veía, sabía que había vuelto a casa.Esta vez tuvo que esperar solo en un aeropuerto desconocido, pero yo nunca aparecí.—Es la primera vez que vengo. No sabía cómo llegar.—Podías usar el mapa del celular.Mi voz sonó ser
El día en que descubrieron que me había marchado, yo participaba en una actividad de observación astronómica para los estudiantes de primer año.La universidad estaba en un altiplano del norte, donde la diferencia de temperatura entre el día y la noche era enorme. Aunque durante el día el cielo había estado despejado, al anochecer un viento helado empezó a barrer las laderas.Me ajusté la chaqueta y ayudé a mi compañera de habitación a montar el telescopio.Cuando encendí el celular, aparecieron decenas de llamadas perdidas.Eran de mi madre, de Sebastián, de Mateo y de Gabriel.Los mensajes del grupo también habían pasado de la impaciencia inicial al pánico.Sebastián exigía saber dónde me escondía. Mateo decía que, si solo estaba haciendo un berrinche, todavía tenía tiempo de volver.Gabriel había escrito una única frase:"Envíame tu ubicación".El tono seguía siendo el de una orden.Como si bastara con que él lo pidiera para que yo volviera a contarle, como antes, mi itinerario, mis







