MasukAntes de la boda, descubrí que llevaba más de dos meses embarazada. Leobardo Ríos, algo ebrio, acarició mi vientre y bromeó a medias: —Verónica Vega, aún no estoy preparado para ser padre. ¿Y si no tenemos este bebé? Con el corazón en calma, respondí suavemente: —Está bien. En mi vida pasada, había insistido en quedarme con ese hijo. Pero, cuando Valeria Sánchez perdió el suyo por accidente y quedó con secuelas para volver a concebir, Leobardo me guardó rencor. Después de la boda, su actitud hacia mí fue completamente fría, mientras el hijo que había traído al mundo tras un parto difícil, que casi me costó la vida… lloraba, deseando que Valeria fuera su madre. Más tarde, cuando tuve un accidente de coche y me desangraba, padre e hijo pasaron junto a mí con total indiferencia, con tal de poder llegar a tiempo al parto de Valeria. Mientras yo moría desangrada, ellos celebraban con efusividad una nueva vida. Por eso, en esta nueva oportunidad, no volveré a perderme a mí misma ni tomaré el camino equivocado, por lo que, sin más, marqué el número del director, para anunciarle: —Estoy dispuesta a unirme a la expedición polar.
Lihat lebih banyakEl viento silbaba con fuerza. Se avecinaba una tormenta de nieve. Por esto, el equipo inició el regreso de inmediato. —Si no quieren morir, sígannos —dije, mirando a Leobardo y a su grupo.—¿Verónica, te preocupas por mí? —preguntó él, emocionado—. No soportas verme en peligro. En el fondo, aún te importo, ¿verdad? Solté una carcajada fría.—En este lugar, el peligro es real. Solo no quiero ver morir a otros por tu estupidez. No te hagas ilusiones. De vuelta en la estación de investigación, Leobardo volvió a acercarse a mí.—Fue mi culpa, lo siento. Para demostrarte mis verdaderos sentimientos, crucé medio mundo para alcanzarte. Verónica, dame la oportunidad de olvidar el pasado y empezar de nuevo, ¿sí?Sacó de su mochila una pulsera de jade, de una calidad muy superior a la que había dejado mi madre.—Verónica, romper el brazalete fue imperdonable. Compré diez de distintos estilos como disculpa. Por favor, acéptalos. Que sean nuestra nueva promesa para comenzar de cero —dij
El viento silbaba con fuerza. Se avecinaba una tormenta de nieve. Por esto, el equipo inició el regreso de inmediato. —Si no quieren morir, sígannos —dije, mirando a Leobardo y a su grupo.—¿Verónica, te preocupas por mí? —preguntó él, emocionado—. No soportas verme en peligro. En el fondo, aún te importo, ¿verdad? Solté una carcajada fría.—En este lugar, el peligro es real. Solo no quiero ver morir a otros por tu estupidez. No te hagas ilusiones. De vuelta en la estación de investigación, Leobardo volvió a acercarse a mí.—Fue mi culpa, lo siento. Para demostrarte mis verdaderos sentimientos, crucé medio mundo para alcanzarte. Verónica, dame la oportunidad de olvidar el pasado y empezar de nuevo, ¿sí?Sacó de su mochila una pulsera de jade, de una calidad muy superior a la que había dejado mi madre.—Verónica, romper el brazalete fue imperdonable. Compré diez de distintos estilos como disculpa. Por favor, acéptalos. Que sean nuestra nueva promesa para comenzar de cero —dij
La isla no tenía mucho comercio. Rodrigo y yo tardamos bastante en encontrar hilo de oro y los demás materiales necesarios.Cuando regresábamos, el cielo ya comenzaba a oscurecer.No conocíamos el lugar, y las miradas intermitentes de los locales me hicieron sentir una inquietud creciente.Rodrigo me protegía del lado exterior, alerta al máximo.Al acercarnos a la zona de aduanas, de pronto aparecieron tres hombres corpulentos por detrás. Sacaron cuchillos y nos miraron con sonrisas siniestras, murmurando cosas en un idioma que no entendíamos, mientras señalaban nuestros bolsos.Al ver que no nos rendíamos, los tres se acercaron con los cuchillos en alto para atacarnos.Rodrigo dio una patada certera y mandó volando a uno que intentaba alcanzarme. Con un giro ágil, desarmó al segundo de un solo movimiento, dejándome impresionada. No imaginaba que, tras tantos años, Rodrigo tuviera esa habilidad. Sin perder tiempo, se trenzó en combate con el tercero, y yo aproveché el momento p
Valeria forcejeaba, negándolo todo, por lo que Leobardo ordenó de inmediato que revisaran las cámaras de seguridad. Tras lo cual, todo quedó al descubierto. Sus ojos se volvieron rojos como la sangre, la furia desbordando su mirada.—¡Así que fuiste tú! —gritó, arrebatándole el celular a Valeria, revisando sus mensajes sin parar. Al ver la foto que ella había enviado, le abofeteó con fuerza.El crucero zarpó del puerto rumbo al mar abierto, y el océano, antes turbio, se tornó de un azul profundo.Corté las cadenas del pasado y comencé a caminar hacia mi propio futuro.La señal del celular empeoraba a medida que nos alejábamos. Tras terminar las tareas asignadas, me senté en la cubierta a mirar en silencio un tutorial descargado sobre cómo reparar un brazalete de jade.La brisa marina soplaba suavemente, trayendo consigo un frescor agradable.De pronto, una sombra se proyectó sobre mí. Y, al levantar la vista, vi a alguien que no había visto en años.Era Rodrigo Navarro, mi a






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