로그인La empleada colocó el último plato sobre la mesa del comedor, que parecía excesivamente completa, como si fuera un cuadro lujoso de deliciosos manjares más que una simple cena. Luego se retiró en silencio, sin hacer el menor ruido, dejando la habitación sumida en una cálida quietud que solo rompía el suave sonido de sus respiraciones. Mazen estaba sentado en la cabecera de la mesa. Levantó el tenedor con cuidado, con un trozo de carne asada en él, y luego extendió la mano hacia su esposa para darle de comer, como solían hacer entre ellos. Ella se inclinó ligeramente hacia él y tomó el bocado con una pequeña sonrisa. Luego no soltó su mano, sino que pasó los dedos suavemente sobre ella en una caricia fugaz, como si intentara aferrarse a aquel raro momento de calma entre ambos. Aquel día estaba más ligera, más tranquila de una manera llamativa, como si algo dentro de ella finalmente se hubiera estabilizado... o al menos eso parecía. Mazen retiró lentamente la mano y se apoyó contra
Se despertó sobresaltada de golpe. Se incorporó sobre la cama con los ojos muy abiertos y la respiración entrecortada, como si hubiera estado corriendo durante minutos en lugar de estar soñando. Necesitó varios largos instantes para distinguir entre la realidad y lo que acababa de ver. La habitación estaba en silencio. Oscura. Vacía. No había ninguna puerta abierta. Ningún timbre sonando. Y Mazen no estaba frente a ella. Tragó saliva con dificultad y luego se pasó una mano por el rostro. Solo había sido un sueño. Pero su corazón no parecía estar de acuerdo. Seguía latiendo con fuerza dentro de su pecho, y aquella mirada permanecía grabada en su mente con una claridad inquietante. Cerró los ojos por un instante. Qué ironía. Había huido de él durante todo el día, y ahora él la había perseguido hasta sus sueños. Se había infiltrado en el único lugar donde creía que podría escapar de él. Abrió nuevamente los ojos y se quedó mirando el techo de la habitación durante un la
Hubo unos segundos de silencio antes de que continuara: —He aceptado el acuerdo. La otra mujer guardó silencio durante unos instantes, como si necesitara asimilar sus palabras. Luego su voz se llenó de entusiasmo: —¿De verdad?... Me alegra muchísimo que hayas aceptado. Has tomado la decisión correcta. Te prometo que su vida será muy, muy feliz. Estudiará en las escuelas y universidades más prestigiosas... y... Asia la interrumpió, preguntándole con amargura: —¿No me conocerá cuando crezca?... ¿Sabrá que soy su madre? Reem suspiró, exasperada ante su ingenuidad. —Asia, te estás adelantando a los acontecimientos. Asia cerró los ojos con fuerza y apretó el teléfono entre los dedos hasta sentir un ligero dolor en las articulaciones. —Solo respóndeme. Hubo un breve silencio al otro lado. Entonces Reem respondió con una voz más tranquila: —No... Lo más probable es que no lo sepa. El corazón de Asia se contrajo con tanta fuerza que sintió que la respiración se le atascaba en e
Se despidió de Salma en la puerta del edificio antes de que ella se marchara en su automóvil, acordando encontrarse por la tarde para visitar a la doctora.En su interior, aquello le provocó una sonrisa amarga.En lugar de sus constantes salidas con su amiga para distraerse, ahora tenían un único motivo para salir...La doctora.Mientras subía las escaleras, con la mente ocupada intentando analizar lógicamente lo ocurrido durante el encuentro de aquel día, se cruzó con el señor Hamdy, su vecino, que acababa de entrar.Él la recibió con una amplia sonrisa que dejó al descubierto sus dientes irregulares.La saludó con una efusividad exagerada, extendiendo la mano:—Señorita Asia, ¿cómo está? Espero que todo vaya bien.No tenía energía para aquello.Le estrechó la mano rápidamente, intentando poner fin a la conversación y marcharse, pero él la prolongó al interponerse en su camino con una pregunta llena de curiosidad:—¿Todo está bien?... Desde hace semanas noto que estás pálida y cansad
Mazen llegó a casa menos de veinte minutos después.Aunque el trayecto no había sido largo, sintió como si cada semáforo se hubiera empeñado deliberadamente en detenerlo.En cuanto entró en la casa, encontró a la empleada de pie junto a las escaleras, con el rostro tenso.Le preguntó rápidamente:—¿Cómo está ahora?—El médico está con ella, señor.No esperó más.Subió las escaleras a toda prisa hasta llegar al ala privada de ambos. Sin embargo, en lugar de entrar en su dormitorio compartido, se dirigió hacia otra habitación al final del ala, una habitación que ella había convertido en su propio refugio, lejos de él, desde su última discusión.La puerta estaba entreabierta y desde el interior llegaba la voz del médico mientras le daba instrucciones.Empujó suavemente la puerta y se acercó a ellos.Ella estaba recostada sobre la cama, apoyada en varias almohadas detrás de la espalda. Su rostro estaba ligeramente pálido y sus ojos enrojecidos, como si hubiera llorado antes de que él lleg
La frialdad que había cubierto sus facciones desapareció, reemplazada por algo mucho más peligroso... una preocupación intensa y repentina. Se levantó de su asiento de golpe, haciendo que la silla rechinara con fuerza contra el suelo.—¿Ha perdido el conocimiento?La secretaria negó rápidamente con la cabeza.—No, señor. Pero lleva vomitando desde esta mañana y tiene la presión arterial muy baja.Tomó el teléfono y las llaves en un solo movimiento rápido. Ni siquiera parecía recordar que Asia seguía dentro de la habitación, como si todo lo que había ocupado su mente unos segundos antes hubiera desaparecido de repente.—Avísame cuando llegue el médico.—Por supuesto.Se dirigió hacia la puerta con grandes zancadas, pero se detuvo por un instante y giró medio cuerpo hacia Asia.—Continuaremos esta conversación más tarde.Después, simplemente se marchó.La puerta se cerró tras él, y Asia permaneció sentada en su lugar durante largos segundos, completamente inmóvil.Había reunido el valor







