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Miradas que no se olvidan

作者: P. Wolf
last update 公開日: 2026-01-30 20:31:26

Clara pasó la noche en vela, y no por miedo a lo que había pasado con Álvaro, sino por lo que ese encuentro había despertado dentro de ella. No era solo deseo; era culpa, miedo, y un extraño tipo de frustración que se mezclaba con el recuerdo de Marcus. Cerró los ojos y se repitió una y otra vez que todo eso no importaba, que solo eran errores que podían evitarse. Pero la voz en su cabeza no la dejaba mentirse.

A la mañana siguiente, la hípica estaba tranquila. El sol entraba por los ventanales del picadero, dibujando líneas doradas sobre la arena. Clara se obligó a sonreír, a parecer concentrada, mientras ponía a punto los caballos. Sabía que Marcus llegaría pronto. Y eso la hacía sentir un hormigueo extraño en la espalda, como si su cuerpo recordara más de lo que su mente quería aceptar.

—Clara, ¿puedes revisar el casco de Mara antes de que llegue su padre? —pidió Marta desde la puerta del almacén.

—Sí, claro —respondió, tomando el casco y ajustando las correas—. Gracias.

Marta se fue, y Clara se quedó sola unos segundos, apoyada contra la pared, respirando hondo. Sabía que Álvaro podía aparecer en cualquier momento, y el recuerdo de la tarde anterior le provocó un escalofrío que no desaparecía.

Y no tardó.

—Buenos días —dijo Álvaro, apoyándose en la barandilla, con esa sonrisa que siempre parecía jugar con algo que ella no podía controlar.

—Álvaro… —susurró Clara, tensándose—. No es momento.

—¿Nunca lo es? —replicó él, divertido, mientras avanzaba un paso—. Sabes que me encanta verte tensarte.

Clara giró la cabeza, intentando mantener la calma, pero su corazón la traicionó. Cada palabra, cada gesto suyo, era como un aviso de peligro que no podía ignorar.

—Tenemos que concentrarnos en los caballos —dijo, tratando de sonar firme—. Mara llegará pronto.

—Ah, sí, la hija del millonario —dijo Álvaro, ladeando la cabeza—. Esa pequeña ya te tiene atrapada, ¿no?

Clara se quedó paralizada. No sabía cómo responder. ¿Qué podía decir? Que sí, que Marcus la desconcertaba hasta el punto de que nada más parecía importar. Que cada mirada suya le hacía temblar sin razón aparente. Que Álvaro había abierto una grieta que aún no podía cerrar.

—No digas tonterías —respondió finalmente—. Solo hago mi trabajo.

Álvaro sonrió, acercándose más de lo prudente. Clara retrocedió, pero no del todo. Había algo en la forma en que él se movía, en cómo sus ojos la evaluaban, que la hacía sentir viva, pero también vulnerable.

Entonces lo escucharon.

—¿Todo listo para la clase?

Marcus estaba allí, con Mara de la mano, y Clara sintió cómo su estómago se contraía. No miraba directamente, pero algo en su postura, en su silencio, la hizo darse cuenta de que él percibía la tensión en el aire. Álvaro dio un paso atrás, con esa sonrisa de quien sabe que ha sido descubierto, aunque aún nadie haya visto nada.

—Sí, todo bien —dijo Clara, recomponiéndose rápidamente—. Solo revisaba los cascos.

Marcus asintió, como si aceptara la explicación sin estar del todo convencido. Mara corrió hacia su caballo, ignorando completamente la escena, y Clara sintió un extraño alivio, aunque breve.

Durante la clase, Clara se esforzó por mantener la compostura, corrigiendo a Mara, ajustando riendas, dando instrucciones claras. Pero no podía evitar que cada mirada de Marcus la atravesara, que cada gesto de Álvaro, cuando pasaba cerca, le recordara lo que había sucedido el día anterior.

Hubo un momento, mientras ajustaba la cincha de Mara, en que Clara sintió la presencia de Marcus demasiado cerca. Al levantar la vista, él la miró directamente. No dijo nada. Solo la observó. Esa simple mirada, intensa, contenía algo que la hizo estremecerse. No era reproche, ni curiosidad casual. Era más profundo. Como si viera algo que ella misma trataba de ocultar incluso a sí misma.

Clara apartó la mirada, enfocándose en Mara y su caballo. Pero Marcus no dejó de observarla. Y en algún lugar dentro de ella, algo se rompió un poco. Porque ya no podía fingir que todo estaba bajo control.

Más tarde, cuando la clase terminó, Clara recogió los caballos mientras Marcus y Mara se alejaban. Se giró hacia la puerta del almacén y vio la sombra de Álvaro, apoyado en la barandilla, observándola con esa sonrisa que mezclaba diversión y desafío.

—Nos vemos luego —dijo él, con esa seguridad que siempre la desarmaba.

Clara asintió, pero no respondió. Sabía que lo que acababa de suceder con Marcus y Mara había cambiado algo. Su corazón estaba atrapado entre dos mundos: uno seguro, tierno y real; otro peligroso, urgente y destructivo.

Y mientras se alejaba, apoyando la frente contra el caballo, pensó que no podía seguir así. Que tarde o temprano alguien se daría cuenta de la grieta que había abierto entre su vida y sus deseos.

Pero no imaginaba quién. Ni cuándo.

Y entonces, al mirar hacia la pista, vio algo que la hizo congelarse: Marcus se había quedado atrás, observando la hípica desde lejos, con una expresión que no podía descifrar. No estaba enojado. No estaba feliz. Estaba… alerta.

Clara sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Porque sabía que la próxima vez que cruzaran miradas, nada volvería a ser igual.

Y esa sensación le dio miedo. Mucho miedo.

Pero también, de algún modo, la hizo desear que la siguiente vez no fuera solo un encuentro de miradas.

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