共有

Decidida

last update 公開日: 2026-02-10 23:57:30

Amelia apretaba el volante con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. El dolor en su mejilla, donde el golpe de su madre todavía ardía, no era nada comparado con la rabia que sentía revolviéndole el estómago. Estaba harta. Estaba cansada de repetirle a todo el mundo que lo de Isabella había sido un accidente, un giro cruel del destino y no un plan macabro ideado por ella. Le agotaba el desprecio de su propia madre, que nunca había perdido la oportunidad de recordarle que la hija equivocada era la que seguía respirando. Pero, sobre todo, estaba harta de que todos, desde su esposo hasta su propia sangre, la usaran como un trapo viejo que podían pisotear a su antojo. En medio de la oscuridad de la carretera, una idea empezó a tomar forma con una fuerza que nunca antes había sentido: tenía que buscar la manera de cambiar, y tenía que hacerlo ya.

Cuando Amelia aceptó casarse con Alessandro, lo hizo movida por una mezcla de deber y un amor ciego que hoy le parecía patético. Había aceptado cumplir la promesa que su padre le hizo al difunto padre de Alessandro el de unir sus apellidos para siempre y al quedar solo ella para eso, fue el borrego que tuvieron que sacrificar. En aquel entonces, su familia estaba al borde del abismo. Su madre, con su adicción incontrolable a las apuestas y al alcohol, había logrado que las empresas Moretti quebraran de forma estrepitosa. Sin el dinero y el respaldo de la familia De Luca, los Moretti habrían terminado en la calle, despojados de sus lujos y de su apellido. Amelia sabía que sus padres estaban desesperados por mantener su posición económica y ella, por amor a un hombre que no la quería y por lealtad a unos padres que no la valoraban, aceptó el sacrificio. Sin embargo, la ironía era que la fortuna de los De Luca, había crecido considerablemente en los últimos años gracias al trabajo duro de Amelia, a su visión en los negocios y a su gestión impecable. Ella era la que mantenía el barco a flote, y no iba a permitir que todo ese esfuerzo terminara en las manos de un hombre que solo sabía humillarla.

Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, respirando hondo para tratar de calmar el temblor de su cuerpo, y detuvo el auto frente a la mansión. Como era de esperarse, el auto deportivo de Alessandro no estaba en la entrada. El silencio de la propiedad era absoluto, un silencio que le gritaba que él seguía en algún lugar, seguramente revolcándose con su amante, celebrando el futuro hijo que vendría a desplazarla por completo. Sintió un amargo involuntario en la garganta, una mezcla de celos residuales y puro asco, pero apretó los dientes y avanzó hacia el interior de la casa. Sus pies le dolían por el cansancio acumulado de un día que parecía no tener fin, y su corazón latía con una intensidad que le provocaba una presión molesta en el pecho.

Al entrar en la cocina, el silencio de la casa le pareció más pesado que de costumbre. Vio el té que la empleada le había dejado preparado sobre la encimera y, sin pensarlo mucho, buscó una pastilla para dormir en el botiquín de emergencia. Necesitaba apagar el cerebro, necesitaba dejar de escuchar las voces de su madre y de Alessandro repitiendo que no servía para nada. Se tomó la pastilla con un trago de té tibio y subió las escaleras con movimientos mecánicos. Su único objetivo era descansar para poder pensar con claridad al día siguiente, porque sabía que lo que estaba a punto de hacer cambiaría su vida para siempre.

Cuando entró en su habitación principal, el recuerdo de lo que había presenciado en esa misma cama la golpeó como un balde de agua fría. La imagen de Alessandro con Ginevra, los sonidos, el olor a traición que parecía haberse quedado impregnado en las paredes, le provocaron una náusea repentina. Sintió que ni todo el jabón del mundo podría borrar la suciedad de ese lugar. Sin pensarlo dos veces, arrancó las sábanas limpias y tomó su almohada, caminando con paso decidido hacia la habitación de huéspedes que estaba al final del pasillo. No dormiría en esa cama podrida ni una noche más. Estaba harta de revolcarse en la m****a, de aceptar las sobras de una intimidad que nunca fue suya y de permitir que su espacio sagrado fuera profanado por la indiferencia de su marido.

Una vez dentro de la habitación de huéspedes, pasó el seguro de la puerta con un clic rotundo que le dio una extraña sensación de seguridad. Necesitaba aislarse del resto del mundo. Con movimientos lentos, empezó a quitarse la ropa pesada y holgada que siempre usaba. Se deshizo del suéter gris y de los pantalones anchos, pero mientras se quitaba la camisa frente al espejo del vestidor, se detuvo en seco. Por primera vez en mucho tiempo, se miró de verdad. Sin las capas de tela que usaba para esconderse, se dio cuenta de que tenía un cuerpo hermoso, una figura que ella misma había decidido ignorar para no llamar la atención.

Sus pechos se veían llenos y firmes, con un lunar grande en uno de ellos que, lejos de ser un defecto, le daba un aire sexy y distintivo que nunca había explotado. Tenía una cintura pequeña, que contrastaba con un trasero repingado y unas piernas largas que la hacían ver mucho más alta de lo que se sentía cuando usaba sus zapatos planos. Amelia se quedó inmóvil, observando las curvas de su propio cuerpo bajo la luz tenue de la habitación. No podía entender por qué m****a había decidido taparse durante tanto tiempo, por qué se había empeñado en parecer un saco de papas cuando tenía todas las herramientas para ser una mujer impactante. Pero, de repente, los recuerdos empezaron a fluir en su mente, recordándole exactamente el momento y la razón por la cual decidió cubrirse.

Años atrás…

Amelia tenía apenas siete años cuando el veneno de las palabras empezó a calar en su piel. Estaba frente al espejo del tocador de su madre, probándose un collar de perlas que le quedaba enorme, cuando Isabella entró en la habitación. Isabella, con sus diez años y esa belleza que ya empezaba a deslumbrar a todos, no se acercó para jugar. Se detuvo en el umbral de la puerta, cruzó los brazos y soltó una carcajada que sonó a cristal roto.

—Mírate, Amelia. Das lástima —dijo Isabella, acercándose con pasos lentos y seguros—. ¿De verdad crees que esas perlas te quedan bien? Solo sirven para resaltar lo fea que eres.

Amelia bajó la mirada, apretando el collar entre sus dedos pequeños.

—Papá dice que soy bonita —susurró con la voz temblorosa.

—Papá te miente porque le das pena —sentenció Isabella, poniéndose detrás de ella para que ambas se vieran en el reflejo. La diferencia era hiriente—. Mira mis ojos, son brillantes, verdes como el mar. ¿Y los tuyos? Tus ojos no tienen ninguna gracia, Amelia. Son del color de la m****a. Tienes un rostro patético, como si estuvieras pidiendo perdón por existir.

La pequeña Amelia sintió que un nudo se le formaba en la garganta y las primeras lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas.

—¡No es cierto! —chilló, aunque su voz no tenía fuerza.

—Es la verdad y mejor que lo aprendas ahora —continuó Isabella con una frialdad que no correspondía a su edad—. Deberías cubrirte. Usa ropa que no deje ver lo flaca y deforme que eres. Si la gente te ve mucho, se darán cuenta de lo desagradable que es tu cara. Haznos un favor a todos y escóndete, Amelia. Nadie quiere ver a un renacuajo cuando puede mirarme a mí.

Amelia rompió a llorar, ocultando su rostro entre sus manos, mientras escuchaba los pasos de su hermana alejándose, dejándola sola con la imagen de una niña que, desde ese día, empezó a odiar su propio reflejo.

De vuelta a la realidad, Amelia se apartó con brusquedad las lágrimas que bajaban por sus mejillas. El recuerdo de los insultos de Isabella todavía escocía, pero esta vez el dolor no la paralizó. Se miró fijamente en el espejo de la habitación de huéspedes, observando su cuerpo desnudo bajo la luz mortecina. Estaba cansada. Estaba harta de que lo que otros pensaran o dijeran afectara directamente su vida, sus decisiones y su valor como ser humano.

Había pasado años cumpliendo la profecía de una hermana y de una madre que nunca la quiso. Se había escondido bajo capas de tela y complejos que no le pertenecían, todo para no molestar, para no destacar, para ser la sombra que todos esperaban que fuera. Pero mientras sentía el ardor de la bofetada de su madre en una mejilla y el eco del desprecio de Alessandro en su mente, algo en su interior terminó de romperse.

—Ya no más —susurró para sí misma, y su voz sonó más firme que nunca.

No iba a permitir que otros hicieran con ella lo que les diera la gana. No iba a ser más el saco de boxeo de Alessandro ni la vergüenza de los Moretti. Si ellos querían una mujer rota, se iban a encontrar con una muralla. Si Alessandro quería un divorcio para ser feliz con su amante, ella se lo daría, pero se aseguraría de que primero le diera la mitad de todo lo que tenía.

この本を無料で読み続ける
コードをスキャンしてアプリをダウンロード
コメント (17)
goodnovel comment avatar
maryta saboya tangoa
Muy bien Amelia así se habla mi niña
goodnovel comment avatar
Sussy Duran
cuando actualizas????
goodnovel comment avatar
Mckensi Perez Rueda
dijiste que desde hoy actualizabas a diario y aún nada .........
すべてのコメントを表示

最新チャプター

  • Esposa fea vuelve a mí    Final parte dos

    Después de la boda, Valerio y Ginevra se habían ido a España de luna de miel. A Valerio le había gustado tanto el país, su ambiente y la paz que respiraban, que había decidido quedarse a vivir allí de forma definitiva, manejando los negocios internacionales desde la capital española. Fue precisamente durante esos primeros meses de asentamiento cuando se enteraron de una maravillosa noticia: Ginevra estaba embarazada de gemelas. Ahora, Ginevra tenía un vientre redondo y grande, una hermosa esfera que acariciaba a diario con devoción, mientras en su vientre crecían dos hermosas hijas que, sin duda alguna, serían la adoración absoluta de Valerio. Alessandra, ese mismo día de la boda, después de quedar petrificada en la barra del jardín, había vuelto a caer rendida ante Román. La atracción magnética y el fuego que se había encendido entre ellos fue imposible de apagar, y con el tiempo se habían vuelto amantes clandestinos, encontrándose en la suite del hotel y en apartamentos discretos. A

  • Esposa fea vuelve a mí    Final parte uno

    El sol de la tarde caía con una tibieza dorada sobre el majestuoso jardín de la residencia De Luca, envolviendo el ambiente en una atmósfera de ensueño que se alejaba de la mística solemnidad de las catedrales para abrazar la frescura de la naturaleza. Para esta ocasión, el espacio había sido transformado por completo bajo una paleta de colores orgánicos y sofisticados: el marrón chocolate, el bronce y el beige arena dominaban cada rincón.Grandes carpas de lino color crema se erigían sobre el césped perfectamente cortado, decoradas con guirnaldas de luces cálidas que comenzaban a titilar sutilmente. El pasillo central estaba delimitado por troncos de madera pulida sobre los que descansaban imponentes arreglos de pampa grass, rosas color té y ramas secas entrelazadas con listones de seda marrón, creando un camino rústico pero increíblemente elegante que conducía hacia un majestuoso arco circular cubierto de follaje y flores secas.Al fondo del pasillo, Valerio esperaba de pie. Lucía i

  • Esposa fea vuelve a mí    Colágeno

    El automóvil deportivo del joven rugió por las calles iluminadas de Milán, acortando la distancia hacia uno de los hoteles más discretos y lujosos de la ciudad. El trayecto había estado impregnado de una tensión silenciosa, un juego de miradas de reojo donde el deseo y la audacia competían. Cuando el vehículo se detuvo en el estacionamiento privado y ambos subieron en el ascensor hacia la suite, la realidad de lo que estaba a punto de suceder comenzó a asentarse en la mente de Alessandra. Al entrar a la habitación, iluminada apenas por las luces de la ciudad que se filtraban por el gran ventanal, el hombre cerró la puerta y la rodeó con sus brazos con una urgencia. Al principio, mientras los labios de él buscaban su cuello y sus manos grandes acariciaban su espalda, Alessandra se sintió extrañamente incómoda. Un destello de duda cruzó por su mente; se sintió fuera de lugar, cuestionándose si realmente debía estar allí, entregándose a un desconocido tras tantos años de mantener una pos

  • Esposa fea vuelve a mí    Despedida de solteras

    —¿Pero de verdad tienes que asistir? —preguntó Valerio, cruzando los brazos sobre el pecho y apoyándose en el marco de la puerta del vestidor. Sus ojos oscuros seguían cada movimiento de Ginevra con una mezcla de celos posesivos y adoración—. Cuidado con lo que haces allá, Gin.—Sí, mi amor. Amelia organizó la despedida de soltera, no la voy a dejar mal —respondió ella sin darse la vuelta, concentrada frente al gran espejo iluminado.Ginevra se estaba aplicando los últimos toques de maquillaje. Con pulso firme, deslizó el aplicador del brillo labial sobre su boca, dejando sus labios carnosos con un aspecto húmedo y sumamente tentador. Llevaba puesto un vestido ajustado de color rojo que resaltaba las curvas de su cuerpo ya recuperado tras el parto. Se giró hacia su esposo con una sonrisa traviesa, guardando el cosmético en su bolso de mano.—Cuida de los niños y, por favor, duerme temprano. Valentino se despierta de madrugada y Ana se queda leyendo hasta tarde si no la vigilas —le adv

  • Esposa fea vuelve a mí    Si acepto

    Ginevra sentía que no podía respirar. El aire se había vuelto pesado en sus pulmones y un puchero involuntario se formó en su boca, mientras sus labios comenzaban a temblar violentamente. Las lágrimas, que apenas habían cesado de brotar, inundaron sus ojos marrones una vez más, nublándole la vista. ¿Era real lo que estaba viendo? ¿Valerio estaba de verdad ahí?Valerio interrumpió de forma abrupta en la cabina principal de pasajeros, empujando con una fuerza descomunal a los dos hombres de seguridad del aeropuerto que intentaban contenerlo desesperadamente. Con la respiración agitada, la camisa de vestir ligeramente empapada por la lluvia y el cabello desordenado, Valerio caminó por el estrecho pasillo central de la aeronave. Sus pasos eran firmes, decididos, guiados únicamente por el instinto. Tras avanzar unos metros bajo la mirada atónita de los demás pasajeros, se detuvo en seco al ver a Ginevra.Ahí estaban. Sentadas en una de las filas, se encontraban las tres personas que se hab

  • Esposa fea vuelve a mí    Mía por siempre

    —¿Por qué lo dejas si lo amas, Gin? —preguntó de pronto Ana, con los ojitos brillosos por las lágrimas contenidas.Ginevra desvió la mirada hacia su pequeña hermana. En el poco tiempo que había tenido la oportunidad de convivir y compartir con Valerio, Ana lo había querido como a un padre; el padre amoroso, firme y protector que nunca tuvo en su vida, y le dolía profundamente en el alma que él y su hermana se alejaran de esa manera, rompiendo el único núcleo seguro que había conocido.Ginevra sintió un nudo opresivo en la garganta al escuchar la inocencia y el dolor en la voz de la niña. A pesar de los errores y del estigma que cargaba, Ginevra era en el fondo una mujer buena, de sentimientos puros, que merecía el amor verdadero y el apoyo incondicional de Valerio, pero el peso del pasado la hacía sentirse indigna de retenerlo a su lado si eso significaba causarle más amargura.—Por esa misma razón, Ana, mi amor... —dijo ella, tragando grueso mientras las primeras lágrimas comenzaban

続きを読む
無料で面白い小説を探して読んでみましょう
GoodNovel アプリで人気小説に無料で!お好きな本をダウンロードして、いつでもどこでも読みましょう!
アプリで無料で本を読む
コードをスキャンしてアプリで読む
DMCA.com Protection Status