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CAPÍTULO 4

Author: Stella C
last update publish date: 2026-09-15 19:32:06

Nicolás leyó la solicitud de divorcio tres veces antes de aceptar que las palabras no iban a cambiar. La primera vez buscó el error. La segunda, la exageración legal que Inés Valdés hubiera añadido para presionar una negociación.

La tercera entendió que no había ninguna.

Valeria solicitaba la disolución del matrimonio, una separación patrimonial ordenada y confidencialidad limitada a información empresarial sensible. No pedía compensaciones extraordinarias. No amenazaba con prensa. No utilizaba el apellido Ferrer como arma.

Era, en términos jurídicos, un documento razonable. Nicolás lo odió por eso.

—¿Quieres que llame a Álvaro? —preguntó Tomás desde el otro lado del escritorio.

Eran las once de la mañana. La reunión sobre la expansión del portafolio urbano llevaba quince minutos suspendida desde que un mensajero había dejado el sobre.

Nicolás cerró la carpeta.

—Todavía no.

Tomás lo miró como si no hubiera escuchado bien.

—Es una solicitud formal.

—Sé leer.

—No lo decía por eso.

Nicolás se puso de pie y caminó hasta la ventana de su despacho. Desde el piso treinta y uno, Aurelia parecía una maqueta organizada. Calles, torres, tráfico. Todo obedecía a reglas que podían entenderse si se contaba con información suficiente.

Valeria no. Eso era nuevo. Sacó el teléfono y la llamó.

Sonó cuatro veces. Buzón de voz. Volvió a llamar.

—Nicolás —dijo Tomás.

Él cortó antes del tercer tono.

—Necesito una hora.

—Tienes una reunión con el fondo de Cárdenas en veinte minutos.

—Muévela.

—No podemos moverla otra vez.

Nicolás giró.

Tomás sostuvo su mirada. Era su primo, su director financiero y una de las pocas personas dentro de Ferrer que no interpretaba una orden como una invitación a dejar de pensar.

—Entonces ocúpate tú.

—¿Quieres decirme qué está pasando?

Nicolás empujó la carpeta hacia él. Tomás leyó la primera página y dejó de hablar.

—Vaya.

—No es definitivo.

—Está presentada.

—Eso no significa que no pueda retirarla.

Tomás cerró la carpeta con cuidado.

—¿Ella te dijo que pensaba hacerlo?

—Ayer.

—¿Y hoy lo hizo?

Nicolás no respondió.

La velocidad de Valeria era la parte que más le molestaba. No porque fuera impulsiva, como había intentado decirle esa mañana, sino porque demostraba lo contrario. Había tenido un plan antes de que él supiera que había una crisis.

La puerta se abrió después de un golpe breve. Paula Navarro, directora de relaciones públicas, entró con una tableta contra el pecho.

—Necesito cinco minutos.

—No ahora.

—Sí ahora.

Tomás levantó las cejas y se levantó.

—Voy con Cárdenas.

Paula esperó a que saliera.

—Hay dos periodistas preguntando por Valeria y Renata. Alguien publicó fotografías del evento con el titular «El regreso de la ex que sacudió al matrimonio Ferrer».

Nicolás cerró los ojos un instante.

—Basura.

—Sí. Basura con tráfico. ¿Hay algo que deba saber antes de responder?

Él miró la carpeta sobre el escritorio. Paula siguió su mirada.

—¿Qué pasó?

—Valeria presentó el divorcio.

La profesional en ella reaccionó antes que la persona.

—¿Es público?

—No.

—¿Puede volverse público?

—Eventualmente.

Paula tomó asiento sin pedir permiso.

—Entonces necesito preparar tres escenarios. Uno si siguen juntos mientras lo resuelven, otro si confirman separación y otro si deciden no comentar.

—No decidas nada todavía.

—No estoy decidiendo. Estoy evitando que una cámara decida por nosotros.

Nicolás se pasó una mano por la nuca.

—Dame hasta mañana.

—Te doy hasta esta tarde. Después de eso, si alguien obtiene el expediente, reaccionamos.

—No va a filtrarse.

Paula lo miró con una expresión casi compasiva.

—Esto no es una adquisición, Nicolás.

La misma idea, formulada por otra persona. Él se levantó.

—¿Terminamos?

—Por ahora.

Cuando se quedó solo, volvió a llamar a Valeria. Esta vez contestó.

—¿Sí?

El tono neutral lo irritó más de lo razonable.

—Necesito verte.

—Estoy ocupada.

—Esto no se resuelve por teléfono.

—No estoy intentando resolverlo.

Nicolás apretó los dientes.

—No puedes presentar un divorcio y después negarte a hablar conmigo.

—Puedo. De hecho, lo estoy haciendo.

—Valeria.

Hubo un silencio al otro lado.

—¿Qué quieres?

La pregunta era simple. Él tenía varias respuestas y ninguna servía.

Quería que regresara a la casa. Que retirara la solicitud. Que le explicara en qué momento había pasado de estar molesta a terminar siete años de matrimonio. Quería volver dos días atrás y no contratar a Renata sin contárselo, aunque sabía que reducirlo a eso era una mentira cómoda.

—Quiero entender qué estás haciendo.

—Estoy saliendo de un matrimonio en el que ya no me reconozco.

—Eso no es una respuesta concreta.

—Lo sé. Debe ser difícil para ti.

La ironía era seca, muy Valeria, pero había algo distinto detrás. Distancia.

—¿Dónde estás?

—No importa.

—Claro que importa.

—No voy a desaparecer. Solo dejé de asumir que tienes que saber cada paso antes de que lo dé.

Nicolás se quedó callado.

—Hablaste con tu padre —dijo al fin.

No fue una pregunta. Había escuchado suficiente de la llamada esa mañana.

—Sí.

—Después de años sin querer saber nada de Sanz.

—Querer saber y querer volver no son lo mismo.

—¿Vas a trabajar con él?

—Voy a escucharlo.

—¿Desde cuándo estabas planeando esto?

—No estaba planeándolo.

—Pero ya hablaste con una abogada, presentaste una solicitud y llamaste a Sanz en menos de veinticuatro horas.

—Eso te sorprende porque estás acostumbrado a que tarde meses en hacer algo si creo que puede incomodarte.

La frase le pegó con una fuerza que Nicolás no esperaba.

—No quiero que organices tu vida alrededor de no incomodarme.

—Qué bien. Estamos de acuerdo en algo.

—No hagas eso.

—¿Qué cosa?

—Hablar como si yo hubiera querido que renunciaras a todo.

Valeria tardó en responder.

—No necesitabas quererlo. Te bastó con aceptar cada renuncia cuando te beneficiaba.

Nicolás se levantó del escritorio y caminó sin dirección.

—Voy a ir a casa temprano. Hablemos ahí.

—No estaré.

Se detuvo.

—¿Dónde vas a estar?

—En otro lugar.

—¿Te vas de la casa?

—Sí.

El control que había mantenido durante toda la mañana se agrietó.

—No.

La risa de Valeria fue breve y sin humor.

—Otra vez esa palabra.

—No necesitas irte. Tenemos espacio de sobra. Si quieres dormir en otra habitación mientras…

—No quiero otra habitación.

—Entonces dime qué quieres y lo hacemos.

Esta vez el silencio fue más largo.

—Quiero que dejes de hablar de mi decisión como si fuera un problema logístico.

Nicolás apoyó una mano sobre el escritorio. No supo qué decir. Valeria respiró al otro lado.

—Tengo que cortar.

—Espera.

—¿Qué?

—¿Ya elegiste dónde vas a vivir?

—Sí.

Algo se hundió en su estómago.

—¿Cuándo?

—Esta mañana.

Nicolás dejó el teléfono sobre la mesa y abrió la aplicación de seguridad de la casa. Podía ver, si quería, a qué hora había salido Valeria, cuántas cajas habían bajado del segundo piso y qué auto había entrado por la mañana. La tentación duró menos de un minuto y le produjo vergüenza. Cerró la aplicación sin revisar nada.

No necesitaba vigilarla para saber que se estaba yendo. Paula volvió a escribirle: Necesito confirmar si Valeria asistirá al foro de inversionistas el jueves como representante familiar o si debemos tratarla como invitada independiente.

Nicolás empezó a responder que no asistiría. Se detuvo. Ya no sabía. Esa incertidumbre lo irritó por razones que no tenían nada que ver con el foro. Durante años podía anticipar la agenda de Valeria casi sin preguntar porque gran parte de esa agenda se construía alrededor de la suya. Ahora cada espacio vacío en su conocimiento parecía demostrarle lo poco que había distinguido cercanía de acceso.

Llamó a Álvaro.

—Quiero que revises la propuesta de Inés sin tácticas de desgaste.

—¿Estás seguro?

—Sí. Protege lo que sea legítimo proteger. No conviertas esto en una guerra para obligarla a negociar cansada.

El abogado guardó silencio un segundo. —Entendido.

Era una decisión correcta. Nicolás no se sintió mejor después de tomarla.

Nicolás miró la solicitud de divorcio, la agenda abierta y los mensajes acumulándose en su pantalla.

Ella ya había hablado con Inés. Ya había llamado a Sanz. Ya había elegido dónde vivir.

Mientras él seguía convencido de que estaban empezando una discusión, Valeria llevaba horas construyendo una vida en la que no necesitaba consultarlo.

—Valeria…

Pero la llamada ya había terminado.

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