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Firmó nuestro divorcio sin mirar
Firmó nuestro divorcio sin mirar
Author: Sea One

Capítulo 1

Author: Sea One
—Papá, decidí volver a casa.

—¿Al fin estás lista para regresar? —Mi padre soltó una risa leve—. Vuelve, Serafina. Una hija de la familia Vescari no tiene por qué esconderse en Nueva York a llorar a solas.

Hace cinco años le dije que quería estudiar en Nueva York, pero la verdad era otra: vine única y exclusivamente por Dante.

Todos decían que la princesa de los Vescari era una niña bien, sumisa y obediente.

Solo veían lo que yo les dejaba ver.

Dante siempre había trabajado para mi padre.

Él era su contacto en Nueva York: alguien poderoso e intocable.

Todos los días me llevaba a la universidad y pasaba por mí al salir.

No me dejaba ir a fiestas de fraternidades y mucho menos tomar con otros chicos.

Así que un día, a propósito, agarré una botella y me puse a tomar con un desconocido guapo en un antro, justo enfrente de él.

Dante solo observaba desde las sombras.

Después le rompió la muñeca al tipo por haberme tocado.

Le puso una de sus tarjetas de presentación en la frente.

Luego me cargó al hombro, me metió al auto y me llevó de regreso a mi departamento.

En cuanto entramos, lo empujé contra la puerta y lo besé.

Él no me apartó.

Dos meses después, me enteré de que estaba embarazada.

Y a finales de ese otoño, me pidió matrimonio bajo las hojas doradas de los árboles.

Dijo que organizar una boda con el embarazo sería demasiado agotador

Que lo mejor era regresar a Chicago y celebrar la ceremonia después de que naciera el bebé.

Pero cuatro meses después, lo perdí.

Ahora que lo pienso, recuerdo que Dante siempre me decía:

—Te protegeré.

Pero nunca, ni una sola vez, me dijo:

—Te amo.

Luego encontré el álbum de fotos escondido en el ático.

Desde los diez hasta los veinticinco años, Camille Arden aparecía en cada una de las páginas.

Y aun después de nuestro matrimonio, él seguía agregando fotos nuevas.

Nuestro matrimonio secreto nunca fue para protegerme, y definitivamente tampoco era porque temiera que mi padre lo matara.

Tenía miedo de que Camille se enterara.

Dante nunca tomaba.

En tres años de matrimonio, solo lo vi borracho una vez: la noche en que Camille se divorció.

Me quedé a su lado toda la noche para cuidarlo, abrazando mis rodillas hasta el amanecer.

Al salir de su oficina, miré los papeles de divorcio que tenía en las manos.

Entonces no pude evitar soltar una risa amarga.

"Dante, de verdad hay personas que no tienen que mover un solo dedo para ganarse tu amor."

Cuando llegué a la casa, empecé a empacar mis cosas sin prisa.

Al darme la vuelta, vi nuestro retrato de bodas colgado en la pared. Ahora... parecía un mal chiste.

En ese entonces, pensaba que a Dante simplemente no le gustaba sonreír.

Ahora me daba cuenta de que no era indiferencia.

Era desgano.

Descolgué el cuadro y lo tiré al enorme contenedor de basura de afuera.

Más tarde esa noche, dormí mal.

Entre dormida y despierta, sentí que Dante se metía en la cama a mi lado.

Su brazo rodeó mi cintura.

Normalmente, yo siempre era la primera en buscar su calor, pero esta vez, simplemente me aparté.

—¿Ya te vas a dormir? Todavía tenemos asuntos pendientes esta noche —susurró con voz ronca, rozándome la oreja con los labios.

—Esta noche no.

Dante sabía cómo coquetear.

Solo que nunca lo supe hasta que nuestro matrimonio ya se había acabado.

No volvió a presionarme, solo me abrazó más fuerte, pero en lugar de sentir consuelo, lo único que sentí fue asfixia.

—Por cierto, ¿qué era eso que firmé hoy? Déjame verlo.

Aprovechando la pregunta, de inmediato me zafé de sus brazos y fui por los papeles.

Pero justo antes de que pudiera poner el acuerdo de divorcio en sus manos, sonó el celular: era Camille.

Dante me miró.

—Su exesposo consiguió un arma. Me preocupa que pase algo.

Yo todavía no había bajado los papeles.

Pero él ya se había ido.

Esa noche no regresó a casa y yo no pegué el ojo.

Mientras revisaba el Instagram de Camille, vi la foto de un amanecer junto al mar.

A su lado, se alcanzaba a ver la silueta inconfundible de los hombros anchos de Dante.

La descripción decía: "La oscuridad por fin terminó. Todo se siente nuevo otra vez."

Me quedé mirando esas palabras por un largo rato.

Su nuevo comienzo era, por fin, mi salida de su vida.
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