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Capìtulo 66

Author: Nancy Rdz
last update publish date: 2026-11-04 11:33:47

Valentina

Tadeo era muy diferente a Christian. No porque uno fuera mejor que el otro, ni porque esperara que alguien ocupara el lugar de mi esposo, sino porque su manera de acercarse a mí no me hacía sentir que debía justificar cada emoción. Su presencia siempre me había transmitido tranquilidad. Incluso en los momentos más difíciles, cuando me encontraba en el hospital o cuando las preocupaciones parecían superarme, él había sabido hablarme sin hacerme sentir débil.

Y aquella promesa terminó p
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  • Hasta que la muerte nos separe   Capìtulo 66

    ValentinaTadeo era muy diferente a Christian. No porque uno fuera mejor que el otro, ni porque esperara que alguien ocupara el lugar de mi esposo, sino porque su manera de acercarse a mí no me hacía sentir que debía justificar cada emoción. Su presencia siempre me había transmitido tranquilidad. Incluso en los momentos más difíciles, cuando me encontraba en el hospital o cuando las preocupaciones parecían superarme, él había sabido hablarme sin hacerme sentir débil.Y aquella promesa terminó por derribar las pocas defensas que todavía conservaba.No pude contenerme. Di un paso hacia él y lo abracé con fuerza, rodeándole el torso con los brazos mientras apoyaba el rostro contra su pecho. Fue un impulso que no alcancé a pensar, una necesidad repentina de sentir que alguien estaba allí, que no tenía que enfrentar todo aquello por mi cuenta.Tadeo se quedó quieto durante un instante, sorprendido por mi reacción. Después levantó los brazos y los rodeó alrededor de mi espalda.Me aferré a

  • Hasta que la muerte nos separe   Capìtulo 65

    ValentinaMe arrodillé despacio frente a la lápida de mi abuela. A unos pasos estaban las de mi padre, mi madre y mi abuelo. Cuatro nombres grabados en piedra, cuatro personas que habían formado parte de mi vida y cuya ausencia seguía pesándome como el primer día. Mi familia entera estaba allí, reunida en aquel pequeño espacio del cementerio, mientras yo permanecía frente a ellos con un ramo de flores entre las manos y demasiadas cosas atoradas en el pecho.—Los extraño mucho —murmuré, apenas dejando escapar el aire.Pasé los dedos por el nombre de mi abuela y traté de imaginar su rostro, su sonrisa y aquella manera tan suya de tomarme de las manos cuando notaba que algo me preocupaba. Si cerraba los ojos, todavía podía escuchar su voz aconsejándome que no permitiera que nadie decidiera cuánto valía, que fuera fuerte incluso cuando la vida se empeñara en ponerme a prueba. Antes, aquellas palabras me parecían sencillas de cumplir. Ahora, en cambio, había días en los que levantarme de l

  • Hasta que la muerte nos separe   Capìtulo 64

    ValentinaSentí que un nudo se formaba en la mía. Era la primera vez que veía a Christian quebrarse de aquella manera en público, sin conseguir esconder por completo el dolor que llevaba dentro. Sus ojos brillaban, y aunque intentó recuperar la compostura, tuvo que hacer una pausa para respirar antes de terminar su discurso. No lloró abiertamente, pero la expresión de su rostro me hizo comprender que, durante aquellos segundos, había dejado de ser el hombre poderoso que todos admiraban para convertirse en un hermano que todavía no sabía cómo vivir con la ausencia del suyo.Cuando terminó, los asistentes permanecieron en silencio durante un instante antes de comenzar a aplaudir con discreción. Christian agradeció con un movimiento de cabeza y regresó a su lugar. Apenas había dado unos pasos cuando Briana se levantó y fue a su encuentro. Lo abrazó sin decir una palabra, rodeándole la cintura mientras apoyaba el rostro contra su pecho.Christian la recibió de inmediato.Lucrecia también

  • Hasta que la muerte nos separe   Capìtulo 63

    ValentinaEl aniversario luctuoso de Omar y Marcelo Kuri llegó acompañado de un cielo gris que parecía compartir el pesar de la familia. La ceremonia se celebraba en una capilla cercana al mausoleo familiar, un lugar elegante y silencioso al que acudían cada año los parientes, amigos cercanos y socios que deseaban rendir homenaje a los dos hombres cuya ausencia había cambiado el destino de los Kuri. Yo me encontraba sentada en la primera fila, al lado de Christian, mientras mi suegra ocupaba el asiento del otro lado de mi esposo. Briana estaba junto a mí, con Santi sentado a su lado, vestido con un traje oscuro que lo hacía parecer todavía más pequeño entre tantos adultos vestidos de luto.El sacerdote ofició la misa con una solemnidad que invitaba al recogimiento. Habló sobre la pérdida, la esperanza y la importancia de conservar en el corazón a quienes habían partido, mientras los asistentes permanecían en silencio. Yo escuchaba sus palabras, aunque mi atención se desviaba de vez en

  • Hasta que la muerte nos separe   Capìtulo 62

    Valentina MontesinosSu mirada se volvió más fría. Era una de esas conversaciones en las que ninguno estaba dispuesto a ceder, no porque nos importara ganar la discusión, sino porque ambos habíamos aprendido que mostrar una debilidad frente al otro podía convertirse en un arma.—Deberías cuidarte más y dejar de hacer dietas extremas —sentenció—. No tiene sentido que arruines tu salud por intentar verte mejor.Sentí una punzada en el pecho, aunque no por el comentario en sí. Lo que dolía era la facilidad con la que había encontrado una explicación para mi deterioro sin detenerse a considerar que podía existir otra. Para él, todo seguía reduciéndose a una cuestión de apariencia, orgullo y conveniencia. No se le ocurría que mi cuerpo pudiera estar librando una batalla de la que yo apenas conseguía salir adelante cada día.Pero tampoco podía culparlo por no conocer una verdad que yo había elegido ocultarle.—No te preocupes —dije, volviendo la mirada hacia la diseñadora—. Comeré más despu

  • Hasta que la muerte nos separe   Capìtulo 61

    Valentina MontesinosMe encontraba de pie sobre un pequeño podio, frente a un espejo que ocupaba casi toda la pared de la exclusiva boutique de alta costura. A mi alrededor, las empleadas se movían con discreción, llevando alfileres, cintas métricas y pequeñas herramientas de costura, mientras la diseñadora examinaba mi reflejo con una expresión cada vez más preocupada. Aquel establecimiento era uno de los favoritos de las esposas de funcionarios, empresarios y magnates de la ciudad; un lugar donde cada vestido se confeccionaba para hacer una declaración de poder, elegancia y distinción. Mi suegra había elegido personalmente el modelo que llevaría a la celebración del aniversario de Grupo Kuri, y, aunque no era la primera vez que me vestía para un acontecimiento de aquella magnitud, nunca había sentido tan poco entusiasmo por una prueba de vestuario.El vestido era una auténtica obra de arte. De un intenso rojo carmesí, el diseño abrazaba la parte superior del cuerpo con un delicado c

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