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Capítulo 4

last update publish date: 2026-05-08 00:23:23

Kate llegó temprano el sábado con la determinación de convertir mi cuarto en un probador de revista. Su plan era arreglarnos juntas y decidir cuál sería el outfit perfecto.

Yo ya había resuelto el asunto con mis jeans de siempre y mis Converse, pero con Kate no había escapatoria: entre sus sugerencias y su entusiasmo, terminé convencida de usar jeans oscuros, botas negras con tacón ligero, una blusa ajustada que enmarcaba mi cintura y una chamarra de mezclilla. Ella misma se encargó de soltarme el cabello en ondas suaves y de aplicarme un maquillaje que realzaba mis ojos verdes con motas doradas.

Kate, en cambio, después de probarse media maleta, se decidió por algo mucho más sencillo: jeans normales y tenis. La ironía era evidente. Cuando la miré con cara de reproche, se limitó a encogerse de hombros y a declarar que su altura jugaba a su favor, mientras que la mía necesitaba ‘un empujoncito extra’.

Mamá y papá habían decidido salir a cenar a un restaurante italiano en la ciudad, así que la casa estaba en silencio cuando sonó el timbre. Yo fui a abrir, sin imaginar la escena que me esperaba.

Jacob estaba parado en la entrada. El problema no era que estuviera ahí; eso ya lo había previsto. El tema era cómo estaba.

Debo reconocer que me quedé mirándolo más de lo que es socialmente aceptable. Jeans, playera blanca, chamarra de piel, cabello un poco desordenado como si hubiera pasado la mano en lugar de un peine. Muy lejos de sus trajes impecables. Tan distinto y tan… desconcertante. Me descubrí hipnotizada hasta que tuvo que repetir su pregunta.

“Camila, pregunté si ya estaban listas.”

“Ah, sí… claro. Lo siento, yo… mmm… voy por Kate.”

Lo dejé pasar y subí corriendo a buscarla, todavía intentando entender por qué había tocado el timbre cuando desde hacía tiempo tenía las llaves de la casa. No era como si esto fuera una cita.

Bajamos enseguida. Cuando Kate lo vio esperándonos en la sala, me dio un codazo y una mirada cómplice que decía: ‘No me voy a callar después de esto’.

No era novedad que Jacob sí robara suspiros por donde pasara; Kate había declarado en más de una ocasión que era ‘ultra hot’, aunque siempre parecía inalcanzable con su aire serio y su vestimenta formal. Pero ahí, vestido casual y con un semblante relajado, resultaba más difícil de ignorar. Yo misma tuve que recordar varias veces que no debía quedarme observándolo.

Se levantó con calma y caminó hacia nosotras.

Al llegar al final de las escaleras, Jacob me sostuvo la mirada con esa expresión indescifrable que tanto me descolocaba, hasta que fue Kate quien, con su natural desparpajo, rompió el silencio y alivió la tensión.

“¿Están listos para una noche inolvidable? Va a ser memorable. Única. Espectacular”, dijo Kate con demasiada alegría, mirando hacia la nada y moviendo las manos como si estuviera en una obra de teatro.

Jacob y yo nos quedamos observándola. Cuando Kate se percató de que ninguno de los dos había dicho nada, volteó a vernos con la cara confundida.

“Claro”

“Sí, por supuesto”

“La mejor noche”

“Inolvidable”

Contestamos Jacob y yo al unísono. El sarcasmo estaba implícito. Kate nos vio con ojos sospechosos, pero decidió ignorarnos y volver a su fantasía del concierto.

No habíamos salido de la casa y ya me andaba arrepintiendo de esta noche.

Salimos los tres y nos detuvimos junto al coche. Jacob abrió al mismo tiempo las puertas, tanto la del copiloto como la de atrás, y luego nos dio paso para entrar.

Kate se subió a la parte de atrás y, antes de que cerrara la puerta, le dijo: “Gracias, Jacob, por acompañarnos al concierto. Te debo una.”

Jacob sonrió y cerró su puerta. Luego se volteó para cerrar la mía mientras contestaba, viéndome directo a los ojos: “Todo un placer”.

Rompí el contacto visual y tragué saliva. Esta noche sería larga.

Durante el trayecto, hablábamos de todo y de nada, pero yo no dejaba de preguntarme cómo sería la dinámica una vez dentro del concierto. ¿Se quedaría con nosotras todo el tiempo? ¿Nos perderíamos en la multitud y lo veríamos de lejos? Lo último que quería era ser yo quien preguntara. Iba sumergida en mis pensamientos cuando la pregunta de Kate me tomó desprevenida.

“¿En qué quedaste con Justin respecto al concierto?”

Jacob frunció el entrecejo y volteó brevemente para verme; luego volvió la mirada al frente.

«Kaaate…»

“En nada. Le comenté que nosotras ya teníamos nuestro plan”, contesté escuetamente. No quería tener esta conversación con Jacob como testigo. Kate tuvo todo el día para preguntarme esto y decidió que ahora era una ‘buena’ oportunidad para platicarlo.

«Quiero patearte en la espinilla.»

“¿Pero quedaron de buscarse en algún momento o algo así?”

“No, propiamente”

“¿Quedaron de escribirse?”, siguió preguntando. Yo miraba de reojo a Jacob, que no decidía nada, pero sentí que el ambiente en el coche se volvió tenso de un momento a otro.

“No en particular”, contesté y antes de que pudiera agregar algo más a la lista de preguntas incómodas, cambié el tema: “¿Con qué canción crees que abren?”

“¡Esa es una gran pregunta! No lo había pensado”

Así logré distraer a Kate y, durante el resto del camino, nos centramos únicamente en Trollex.

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