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Capítulo 5

last update 公開日: 2026-05-08 00:25:17

Estacionamos y nos dirigimos hacia la entrada. Tras pasar el arco de seguridad, llegamos a una zona con mesas altas y una barra de bebidas y comida. Jacob, en cuanto divisó a un grupo de personas, les hizo un gesto con la cabeza.

Ahí lo entendí: tenía amigos esperando. Claro, para él esto no era un sacrificio, sino una oportunidad de reunirse con su gente y, encima, con entrada asegurada. No me estaba haciendo ningún favor, sólo se acomodaba a las circunstancias. Y aun así, me sentí ligeramente desilusionada. Nos acercamos a ellos.

“Todos, ella es Camila y su amiga es Kate”, nos presentó con la sobriedad que le caracterizaba, pero ese ‘Camila’, ronco y deliberado, volvió a erizarme la piel.

Los saludos fueron breves hasta que llegamos a su amigo Steve, quien se detuvo con un aire más juguetón.

“Hola, Camila. Soy Steve y ese pelmazo que está ahí es mi mejor amigo”, señaló a Jacob con naturalidad, haciéndome reír. Jacob, a mi sorpresa, también parecía relajado. “He escuchado hablar mucho de ti.”

Kate me lanzó una mirada de asombro y arqueó las cejas, pero contuvo esa lengua que luego me mete en problemas.

“Steve…”, advirtió Jacob sin agregar nada más.

“Me declaro culpable”, dijo Steve alzando las manos, divertido.

“Encantada de conocerte, Steve. Puedes decirme Cami. Ella es mi amiga Kate.”

“Mucho gusto, Kate. Tengo entendido que tú eres la culpable del concierto.”

“¿La culpable?”, rió Kate. “¿Qué quieres decir con eso?”

“Nada, nada… no quiere decir nada”, se apresuró a cortar Jacob, cambiando de tema con su tono infalible. “A excepción de estas dos señoritas, ¿quién quiere una cerveza?”

Pronto me di cuenta de que el único que parecía saber quién era yo era Steve, porque me hablaba con más familiaridad que los demás. Era la primera vez que convivía con alguien del círculo de Jacob y me sorprendió descubrir que la mayoría de ellos eran bastante agradables. A excepción, claro, de la rubia falsa que apareció en escena apenas Jacob se ofreció a buscar bebidas.

Se le colgó del brazo con naturalidad ensayada. Cada vez que nuestras miradas se cruzaban, me lanzaba esa expresión altiva que decía él está conmigo’. Me pareció ver que Jacob se sentía incómodo, aunque tampoco se molestó por apartarla. Eso sí, noté que no la abrazó ni le rodeó la cintura, lo cual me dio un alivio extraño y silencioso.

«Creo que estoy analizando demasiado esta escena. No debería importarme.»

Kate me jaló del brazo y señaló discretamente hacia el escenario. Era mi turno de hablar.

“Jacob, nos gustaría acercarnos un poco más. Queremos colocarnos por ahí”, le dije, señalando un sitio lateral donde había una pequeña barda que me serviría para ver mejor que desde el suelo.

Él me miró como si esperara una explicación.

“Kate está obsesionada con el baterista y, desde aquí, no puede grabar bien”, improvisé. No quería que pensara que huíamos de su grupo, aunque en realidad lo hacíamos. Nathalia, la rubia, me ponía de los nervios y, además, Kate había esperado este concierto demasiado tiempo como para arruinarle la experiencia. No íbamos a ir a primera fila, pero sí queríamos acercarnos un poco más.

Jacob pareció pensárselo varias veces.

“De acuerdo. Nosotros nos quedaremos por aquí. Procuren no moverse demasiado. No quiero perderte de vista.”

El tono de su última frase me sorprendió. Hubiera esperado desgano, como quien asume la tarea de cuidar a alguien, pero sonó más a una advertencia protectora, sin mencionar que habló en singular. No quise darle más importancia de la necesaria.

“¡Gracias!”, le respondí con una sonrisa que no pude evitar.

Kate y yo nos colocamos en nuestro sitio estratégico. Ella, con sus varios centímetros más que yo, se subió conmigo a la barda, con su teléfono en la mano, lista para tomar cientos de fotos y videos. Habíamos preferido estar un poco más atrás para tener una mejor visión de todo el lugar y ver el escenario a gusto, sin que una maraña de espaldas nos tapara la vista. Claro que hablaba más por mí que por ella.

La música empezó a retumbar y la multitud se encendió. Kate gritaba y saltaba como una niña pequeña en plena Navidad. Eso fue suficiente para mí; sabía que no estaba en mi ambiente, pero tampoco podía quejarme del lugar. Ver a Kate así me hacía contagiarme de su felicidad.

De vez en cuando, giraba la cabeza hacia donde estaba Jacob para tranquilizarlo con mi presencia y hacerle ver que cumplía con mi parte de no moverme. Todo iba bien con ello hasta que lo vi: Nathalia lo besó sin previo aviso.

La imagen me atravesó como un golpe seco. No me gustó lo que vi; giré la cabeza rápidamente hacia el escenario. Me repetí a mí misma que no tenía importancia, que esto no debía afectarme, pero de alguna manera, me había calado, así que decidí no girar más la cabeza. Mientras me mantuviera en mi lugar, ya no habría motivo ni necesidad de cruzar miradas con él.

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