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Capitulo 4

Author: Wan Marte
last update publish date: 2026-10-06 03:08:47

Liz se giró de inmediato, pensativa. Aquel hombre no entendería todos los sentimientos que cruzaban por su corazón en ese instante, ni sus pensamientos. Pensar que había llegado demasiado tarde; demasiado tarde para reconstruir los lazos rotos con la única familia que le quedaba. ¿Y la culpa? La culpa era algo imposible de medir. A cada momento recordaba el instante en que deseó que Carla tuviera dolor y sufrimiento en su futuro y ahora, sabiendo que su deseo se había concretado, no sentía ninguna satisfacción por ello, solo culpa.

—Señorita, disculpe, dije que no quedaba nadie más de esa familia porque la niña… supe que a la niña la enviaron a un orfanato. Tal vez ya hasta fue adoptada y tenga otro apellido, no lo sé. Era una niña hermosa y sana, a diferencia de su madre.

—¡Dónde está! —sorprendiendo al hombre, Liz lo tomó a través de los barrotes de hierro de la verja, sujetándolo por el cuello de la camisa—. ¡Dónde está la niña, dímelo ya! —gritó fuera de sí.

—¡Oiga, señora! ¡Me está haciendo daño! —protestó el hombre, asombrado por la fuerza de Liz.

—Si quieres que te suelte, ¡dime de una vez dónde está mi sobrina!

—Señora, yo… yo no sabía que la señora Carla tenía una hermana…

—¡Cállate! ¡Dime ya a dónde enviaron a la niña!

—¡No lo sé! Solo sé que fue a un orfanato. Mire, yo solo soy un empleado, solo sé lo que la gente dice, no sé cosas tan específicas.

—¡Inútil! —dijo Liz, soltando al hombre—. ¡No me extraña que este lugar esté todo destruido, no sirves ni para contar bien un chisme, imagínate cómo habrás cuidado este sitio!

—Oiga, señora, ¿usted no es la señorita Elizabeth?

—¿Cómo que qué? —Liz se preguntó cómo ese hombre sabía su nombre.

—Al verla tan alterada, me pregunté si no sería la señorita Elizabeth, porque el señor de esta casa, antes de morir, dejó una correspondencia para la señorita Elizabeth, algo que solo ella podía abrir.

—¿Qué correspondencia? ¡Vamos, dónde está esa correspondencia! —gritó Elizabeth, realmente descompuesta al descubrir que su familia había pasado por momentos tan tristes mientras ella estaba lejos.

El hombre, con un poco de desconfianza, sacó un sobre viejo y rasgado y se lo entregó.

—No hay nada ahí dentro, solo la dirección de un banco —dijo él, y Elizabeth gruñó al darse cuenta de que el hombre había abierto su correspondencia.

Estaba furiosa y echó a andar rápidamente, sin rumbo. Liz estaba muy enojada y el empleado sufrió un poco de su ira.

…

Liz dio algunas vueltas por el barrio donde vivía su tío, martirizándose por no haberse quedado a cuidar de su familia. Regresó a la casa un par de veces, esperando que todo fuera solo una broma de mal gusto. Ahora, al mirar a la Liz del pasado, sentía vergüenza. Se preguntaba cómo fue que la Liz del pasado abandonó a las personas que la acogieron cuando quedó huérfana, que le dieron educación y el apellido de la familia, por Lauro…

"¡Qué rabia! ¡Lauro no merecía todo el drama que hice! ¡Seguro debió haber sido un presuntuoso! ¡Qué rabia!"

Liz pisoteó el suelo de rabia y lloró varias veces, pidiendo una oportunidad para redimirse y demostrar que no era tan egoísta, que aún amaba a su familia y que, si hubiera regresado antes, no habría dejado que esa familia se destruyera. Máxime cuando hoy descubría que había estado al lado de su gran amor todo el tiempo, y su gran amor era ella misma. Y si lo hubiera descubierto antes, habría echado a Lauro de su vida a patadas y no habría dejado que le lastimara tanto el corazón.

De inmediato, una luz vino a la mente de Liz: el último mensaje de Carla, donde decía que esa niña, la bebé que llevaba en su vientre, era la forma en que había pensado recompensar a Liz por todo el sufrimiento. Ahora lo entendía todo: por qué Lauro nunca era mencionado en las peticiones de perdón, pues nadie sentía culpa por separar a Liz de Lauro, ya que sabían que él haría sufrir a Liz tanto como hizo sufrir a Carla.

Liz corrió al hotel y pasó toda la tarde y la noche investigando todo lo sucedido y contactando a amigos de la familia. Descubrió que todo se había perdido: Lauro vendió la empresa porque no lograba administrarla. Las deudas hicieron que perdiera la casa a manos del banco. Y era verdad: todos sus familiares habían muerto, excepto la niña, que se encontraba en un orfanato que Liz, con su perspicacia, no tardó en localizar.

En cuanto amaneció, Liz estaba a la puerta del orfanato. Apenas fue atendida por alguien en la entrada, dijo:

—¡Mi nombre es Elizabeth Martínez y he venido a sacar a mi sobrina de este lugar!

La recepcionista quedó pasmada ante la actitud de Elizabeth; fue directo al grano, sin rodeos. Era exactamente lo que quería y ya no estaba en edad de hacer misterios para decir las cosas.

—Bueno, si es familiar de alguno de nuestros niños, pase y hable con la responsable de adopciones —dijo la recepcionista sin hacer las preguntas habituales; la determinación en la mirada de Elizabeth demostraba que estaba segura de lo que decía: quería a esa niña.

Sin embargo, la responsable de adopciones no fue tan servicial como la recepcionista y le dijo de entrada:

—Bueno, sí, la niña que busca es una de nuestras huérfanas: Aurora Martínez. Pero esta niña ya está en proceso de adopción y tenemos a muchos padres interesados en ella. Ya tiene seis años y solo logramos liberarla para adopción después de que los psicólogos certificaran que estaba lista para aceptar a una nueva familia. Aun así, no es una adopción fácil: la niña pasó por muchos traumas; el abandono del padre y ver morir a su madre a tan corta edad la convirtieron en una niña muy triste y cerrada al mundo.

—Pero yo soy su tía, soy un familiar. Vine a sacarla de aquí y creo que la justicia prefiere que el menor se quede con un familiar.

—No es tan simple. La niña lleva dos años en este orfanato y no apareció ningún familiar. La justicia ya autorizó que fuera puesta en adopción y no tenemos cómo dar marcha atrás.

Liz se quedó paralizada por unos instantes. Si esa niña era adoptada, perdería por completo la oportunidad de hacer las cosas de otra manera, la oportunidad de redimirse, la oportunidad de cuidar lo que quedaba de su familia. Sin contar con que…

—¡Mire! —Liz le mostró el mensaje en su teléfono—. ¡Vea la última petición de la madre de la niña! ¡Me pidió que cuidara de ella!

—¿"Traidora - Ladrona de Maridos"? —preguntó la responsable de adopciones al ver el nombre registrado en el contacto del teléfono.

—¿Qué? No —Liz guardó rápidamente su teléfono, dándose cuenta de que no había cambiado el nombre que le había puesto al contacto de su prima cuando estaba furiosa con ella. Cambió rápidamente el nombre y se lo volvió a entregar

—. Fue un malentendido, pero lea el mensaje, por favor. Me pidió que cuidara de su hija.

—Sí, veo que es verdad. Sin embargo, no podemos hacer nada. La niña está en la lista de adopción y no lo podemos revertir. Si desea mucho a la niña, postúlese como los demás interesados para adoptarla.

—Está bien, entonces ponga mi nombre ahí. Quiero adoptar a la niña. ¡Póngame como prioritaria, porque no voy a admitir que esta niña se vaya con otra familia!

—Bueno, eso sí lo puedo hacer, pero… su esposo debe venir con usted para que pueda hacer el registro.

—¿Cómo? ¡Pero si no soy casada!

—¿No lo es? Bueno… Mire, señora Elizabeth. La niña tiene la necesidad de contar con un padre y una madre; será muy difícil ponerla a usted como adoptante prioritaria si no está casada, pues ya figura en la ficha de la huérfana que debe ser adoptada preferentemente por una pareja. Y créame, ya tenemos a muchas parejas interesadas en la niña.

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