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Capítulo 4

last update Data de publicação: 2023-02-17 07:29:43

Faith

Mi corazón parecía salir de mi pecho, mi respiración era demasiado pesada y mis pies no daban para más. De camino al trabajo mi coche se averió, tuve que salir y buscar un taxi porque estaba llegando tarde pero no encontré nada. Por eso ahora mismo me encontraba casi corriendo con tacones de ocho centímetros y un vestido ajustado, miraba la hora a cada nada, faltaban algunas cuadras y estaba sobre los quince minutos tarde.

—¡Oh, Dios, no llegaré nunca!

Estaba sudada, había perdido todo el glamour con el que salí de casa y con el miedo latente de que quizá ahora si conocería al tan temido y mencionado mal carácter del señor McConnell.

Las puertas de la enorme residencia me recibieron, hasta donde tenía entendido antes este lugar era su residencia donde también atendía todo lo relacionado con su labor, pero al parecer a su esposa eso no le gustaba y pidió que se mudaran a otro lugar para mantener su intimidad lejos del trabajo.

—¡A mi oficina, señorita Petterson! —exclamó el señor McConnell con su potente voz desde el umbral de su oficina.

Dejé mi bolso en el escritorio y me apresuré a entrar, ni siquiera me dio tiempo para ir a beber agua, tenía mi garganta demasiado seca por lo que relamía mis labios a cada segundo.

—Siento llegar a esta hora, señor, tuve un inconveniente con mi auto y... —alzó su mano como señal para que me callara, su semblante era serio como de costumbre.

—Evite las explicaciones que de igual modo no le creeré, no hay excusas para ser tan irresponsables como el llegar cuarenta minutos tarde, sino fuera porque Baker me pidió que le diera el puesto usted ahora mismo estuviera despedida.

Traté de mantenerme serena como si el que me hablara con la voz alzada no tuviera efecto en mi.

«¿Cómo se sentirá esa gran mano alrededor de mi cuello mientras...?» «¡Basta!» me reprendí tan pronto el pensamiento cruzó por mi cabeza, era una desfachatez de mi parte estar pensando ese tipo de cosas mientras mi jefe me gritaba las razones que tenía para despedirme.

—...Y si quiere preservar el empleo más le vale que esto no vuelva a repetirse. No trabajo con gente incompetente e irresponsable. Ahora retírese a hacer su trabajo —Señaló la puerta mirándome como si fuera un insecto.

—No se volverá a repetir, señor. Téngalo por seguro.

No dijo nada y sólo desvió su mirada a su laptop, me apresuré a salir encaminándome a la cafetería para beber toda una botella con agua, me sentía deshidratada y con mis piernas ardiendo por tan larga caminata.

«Maldito» pensé al caer en cuenta que llamó incompetente como si a él nunca se le hubiesen atravesado inconvenientes.

De mala gana regresé a mi puesto para hacer todas las actividades requeridas, revisé su agenda y vi que tenía un almuerzo con el señor Moore, miré la puerta de su oficina dudosa si ir a recordarle o no.

Me levanté decidida pero en eso el teléfono de la oficina comenzó a sonar, para mi sorpresa era la secretaria del señor Moore que llamaba para cancelar la reunión y pedir que la agendaran para la siguiente semana.

Con las manos temblorosas di dos suaves toques en la puerta, pero sólo recibí silencio como resultado, volví a intentarlo.

—Adelante

Abrí la puerta entrando a aquella estancia donde sentía asfixiarme con su presencia, me acaloraba su mirada y la manera en que me escrutaba, en cómo los músculos de su brazo se marcaban por sobre su saco, era difícil no desviar la mirada a ellos y no relamerse los labios.

—La secretaria del señor Moore acaba de llamar para cancelar la reunión en el almuerzo, pidió re agendarla para la próxima semana.

—No, la próxima semana estaré en el congreso y no tendré tiempo. Agéndalo para cuando tenga tiempo

—Pero eso es hasta dentro de un mes.

—Avísale a su secretaria, para cancelar una cita conmigo tienen que pensarlo muy bien —Soltó con mal humor, solo asentí y le pregunté si se le ofrecía algo más pero negó con la cabeza y me ordenó que lo dejara solo.

Hice todos los preparativos para el viaje del domingo, las reservaciones estaban hechas y sólo debían ponerme de acuerdo con él para hacer la agenda de esa semana.

—Faith, espérame —hablaron a mis espaldas cuando iba camino a la cafetería, me detuve y me giré a ver a Anne que trataba de alcanzarme.

Comimos juntas en una mesa que compartimos con otros de los empleados, quienes comenzaron a hacer chistes del señor McConnell y de su mal carácter, se tenían mucha confianza entre ellos como para imitar al jefe a modo de burla. Me removí incómoda queriendo marcharme de ahí, no me gustaba ser partícipe de este tipo de cosas, podría traer consecuencias y lo que menos quería era perder mi trabajo.

—¿Te vas ya? —preguntó Anne cuando me vio levantarme y recoger la bandeja

—Si, tengo mucho trabajo por hacer.

—Uf, tú eres la que más mal la pasas, o bueno la que más mal la pasarás —comentó uno de ellos

—¿Por qué lo dices?

—Porque pasarás mucho tiempo con él, aguantarás su mal carácter y su trato tan déspota, la mayoría de sus asistes no le duran. No es por desearte mala suerte pero yo no te calculo más de dos semanas —los demás rieron con lo último que dijo, forcé una sonrisa y asentí, no dándole importancia a sus opiniones que al final no me servían para nada.

—¿Si?

—De hecho, yo digo que renuncias al regresar de Washington —opinó otro

—Yo digo que no aguanta la semana —se rió una mujer mirándome de una extraña manera, reparé en ella, no la había visto y de no ser porque movió su boca estaba segura que nunca lo hubiera hecho. No tenía aspecto de ostentar un cargo importante.

—Yo si le tengo esperanzas —dijo Anne regalándome una sonrisa, asentí hacia ella por su manera de querer ser amable o quedar bien conmigo.

—Si me disculpan, me retiro a trabajar.

Me giré dejando la bandeja junto a las otras, regresé a mi escritorio tomando mi libreta y volviendo a tocar su puerta.

—Señor, debo organizar su agenda para la próxima semana. La anterior asistente no dejó avanzado nada y yo aún no conozco sus actividades —no dejó de mirarme en ningún momento, no disimulaba ni un poco al pasear sus ojos por mi cuerpo y detenerse en mis labios.

—Siéntate —con la tinta en su mano señaló una de las sillas frente a mi, le obedecí de inmediato acomodándome frente a él, fijándome que el vestido al ser ajustado se deslizó hacia arriba mostrando gran parte de mis piernas. Por alguna razón no me molesté en acomodarlo, sino que en su lugar crucé mis piernas y acomodé la libreta y encendí la pequeña grabadora que colgaba de mi cuello.

Lo vi levantarse de su silla y rodear la mesa, recostándose sobre el filo de esta. No bajó su mirada a mis piernas, la mantuvo en en mis ojos escaneándome como si buscara algo en mi, quizá alguna muestra de coquetería, pero por mucho que me gustara no lo iba a hacer, no sería tan descarada al coquetear abiertamente con quien solo llevaba tres días de ser mi jefe.

—A primera hora del lunes tengo que estar en el Capitolio, pasaré todo el día allí por lo que no te apures con la agenda, si se presentan reuniones inesperadas te harás cargo de agendarlas en un horario que no interrumpa con mis deberes.

Asentí, mientras apuntaba que estaría en el Capitolio, estaba tan nerviosa que no era capaz de mantenerle la mirada y tampoco le confiaba algo a mi mente tan desmemoriada, de la cual no dudaba que olvidara lo que me acaba de decir. Al levantar la vista me encontré con la suya sobre mis piernas, no pude evitar medio sonreír de lado al haber logrado mi objetivo.

—¿Es todo, señor?

Desvió su mirada disimulando, se quedó pensativo por un momento para después asentir.

—El domingo a las cinco de la tarde partiremos, te presentas en la pista privada.

Me levanté para salir pero detuve mi intención al recordar que no sabía dónde era.

—Eh, señor, desconozco la ubicación del lugar.

—Te la haré llegar —respondió permaneciendo en aquella postura relajada.

—Sino necesita nada más, me retiro.

—Adelante

«Cálmate, cálmate. Piensa en Jesús y elimina todo pensamiento impuro de tu cabeza» me decía a mi misma mientras caminaba a la salida con sus ojos sobre mi, no era necesario voltear para confirmarlo, la intensidad de su mirada era tan fuerte que la podía sentir.

Pasé de largo de mi escritorio para ir al baño, necesitaba refrescar mi rostro, es más, mi cuerpo entero lo necesitaba.

La abstinencia estaba jugándome una mala pasada, si, eso era. Porque ¿cuándo he tenido ese tipo de pensamientos por alguien que no es mi novio? ¿cuándo un hombre que no sea Aiden me había puesto a temblar con una sola mirada? «Nadie, sólo él»

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