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Autor: Manuel
last update Data de publicação: 2026-10-28 01:13:48
NOELIA

No dormí. Fingí hacerlo durante un buen rato, con los ojos cerrados y la respiración lenta, hasta que sentí que el brazo de Salvador se aflojaba y su pecho subía y bajaba con un ritmo distinto. Pero cuando me moví, un poco, apenas, su mano me apretó la cintura.

—Sé que estás despierta —murmuró contra mi nuca.

—No es cierto.

—Tu respiración cambia cuando mientes.

Me giré hacia él en la oscuridad. La luna le recortaba el perfil: la nariz recta, la barba de dos días, las pestañas largas que
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Último capítulo

  • JURADA PARA MATAR A MI MARIDO MAFIOSO   45

    SALApreté el volante hasta que se me pusieron blancos los nudillos mientras bajaba a toda velocidad por el camino de la entrada, con la rabia nublándome la cabeza y el pie pegado al acelerador.Debí disculparme con Noelia en el instante en que las palabras salieron de mi boca, y por supuesto no lo hice. Las disculpas no se me dan. Además, estaba furioso, aunque no con ella. Estaba furioso con la posibilidad de que tuviera razón.Quería que esos pagos fueran solo eso: caprichos de un viejo paranoico al que le gustaba esconder cosas por el gusto de esconderlas. Pero que estuvieran encriptados me decía que no era paranoia. Eran deliberados, demasiado específicos. Ramiro no les ocultaba cosas a los suyos, o eso había creído yo. Quizá no conocía a mi padre tan bien como pensaba.Toqué la pantalla del tablero y llamé a Bruno, mi investigador. Odiaba siquiera plantearme pedirle que investigara a mi padre, pero ya no me quedaban opciones. Contestó al segundo timbrazo.—¿Tienes algo para mí,

  • JURADA PARA MATAR A MI MARIDO MAFIOSO   44

    NOELIARevisé las marcas de tiempo dos veces y las crucé con el calendario de negocios de la familia y con la cobertura de prensa de las apariciones de Ramiro, a ver si algo cobraba sentido, pero nada cuadraba.Era como si Ramiro hubiera tenido otra vida entera, guardada con todo cuidado en los márgenes, y me tocaba a mí averiguar por qué.Pero hiciera lo que hiciera, no lograba romper el cifrado. Sabía lo suficiente de estas cosas para darme cuenta de que me quedaba grande, pero también era demasiado terca para rendirme. Le había dicho a Salvador que podía hacerlo, y no pensaba volver con la cola entre las patas a admitir que me había equivocado. Así que me concentré y seguí trabajando hasta que me dolió el cuello de tanto estar encorvada sobre la laptop y se me resecaron los ojos de mirar la p

  • JURADA PARA MATAR A MI MARIDO MAFIOSO   43

    NOELIAFruncí el ceño al ver las dos tazas de café que llevaba en las manos mientras avanzaba por el pasillo hacia la oficina de Salvador. Todavía no podía creer que me hubiera ofrecido a traérselo.Empujé la puerta con la cadera y entré. Mis ojos fueron directo a Salvador, sentado detrás del enorme escritorio de caoba, y sentí una oleada de calor recorrerme el cuerpo.—Bueno, ¿en qué voy a trabajar hoy? —Crucé la oficina y dejé el café sobre el escritorio.Se puso tenso en cuanto vio la taza.—¿Qué pasa? Es negro, como tu alma.—Te agradecería que usaras un posavasos.Agarró una pieza de pizarra que tenía junto al teclado y colocó encima la taza humeante.—Este escritorio es antiguo.Me senté en mi silla, a su lado.—Como tú.—Qué graciosa. —Jaló el teclado hacia él y siguió escribiendo.Me recargué en el respaldo, crucé las piernas y le di un trago a mi café mientras veía cómo se le marcaban los músculos de los antebrazos al teclear. Estaba segura de que se arremangaba la camisa sol

  • JURADA PARA MATAR A MI MARIDO MAFIOSO   42

    SALMi cuerpo se tensó de golpe, y los peores escenarios empezaron a desfilar por mi cabeza.—¡Noelia! —grité, y mi voz rebotó en la cocina.Dejé el café, recorrí la casa por si se había encerrado en la sala de cine o en algún rincón, y seguí con las manos vacías. Salí al garaje para ver si se había llevado alguno de los coches, pero todos estaban en su lugar. Se había ido a pie.Al parecer, solo me quedaba esperar.Me senté a la mesa, tamborileando con los dedos y mirando el reloj. Cada minuto sin ella alimentaba mi pánico. Me decía que solo necesitaba despejarse, pero conforme avanzaba la mañana, la inquietud me tiraba más del pecho. ¿Y si le había pasado algo? Con mi hermano filtrando información y los Montenegro respirándome en la nuca, cualquiera podía haberla encontrado sola.Lupe asomó por la puerta de servicio, vio mi cara y volvió a esconderse sin decir palabra. Ya iba a marcar el número de Joaquín cuando la puerta principal crujió.El alivio casi me tumba, pero me obligué a s

  • JURADA PARA MATAR A MI MARIDO MAFIOSO   41

    SALMe recosté en la silla y me froté las sienes mientras miraba sin ver la pantalla. Después de cómo le había gritado a Noelia, ni siquiera valía la pena intentar dormir.Llevaba horas sentado en el escritorio, tratando de deshacer lo que ella había hecho en el sistema de cuentas, y mientras más lo revisaba, más difícil me resultaba negar lo evidente. Sus cambios eran más eficientes y más seguros, con menos riesgo y mejor rendimiento. Cada parte racional de mí sabía que adoptarlos era la jugada inteligente. Pero saberlo y aceptarlo eran cosas distintas.Nunca se había tratado del maldito sistema de pagos. Se trataba de lo que representaba. Mi padre supervisaba cada detalle y lo pulía ladrillo por ladrillo, igual que levantó todo lo demás. Y ahora lo que él había dejado lo estaba reemplazando una Galván.Una Galván que, además, había copiado la carpeta con las iniciales de su propio padre y me había mentido en la cara.Todavía veía a mi padre en esta oficina, con las mangas dobladas y

  • JURADA PARA MATAR A MI MARIDO MAFIOSO   40

    NOELIAEl corazón me martilleaba contra las costillas con tanta fuerza que sentí que podía estallarme en el pecho.Aparté la sábana de un tirón y salí de la cama, furiosa, buscando mi ropa por el suelo. Me la puse a toda prisa y salí a zancadas de la habitación. Sabía. Había visto el registro de accesos, o estaba a punto de verlo. Lo había olido. Lo que me había preguntado, «¿a qué más entraste?», no fue un reclamo, fue una trampa.La puerta de la oficina estaba cerrada, pero eso no me detuvo. La abrí de golpe y entré como un tornado.—No hemos terminado. —Crucé los brazos.Ni siquiera levantó la vista de su computadora, lo que me enfureció más.—¿De verdad estás haciendo un berrinche por esto? —solté antes de pensarlo mejor.En el instante en que las palabras salieron de mi boca, supe que había sido un error. Se puso de pie lentamente, con un músculo de la mandíbula palpitando, y por fin me miró desde arriba. Cualquier rastro del hombre que me había abrazado hacía unas horas había des

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