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Justicia Carmesí: Muerte de una Pequeña Loba
Justicia Carmesí: Muerte de una Pequeña Loba
作者: Anna Smith

Capítulo 1

作者: Anna Smith
—Ayuda… me duele muchísimo la cabeza…

Era como si algo me taladrara las sienes de forma incesante. El dolor era tan fuerte que clavé las yemas de los dedos en la pared y dejé polvo blanco atrapado bajo las uñas.

La puerta se abrió. Tenía que ser mamá.

Mi madre era la instructora de conducta de los cachorros en la manada Black Pine y nadie sabía leer el estado de un cachorro mejor que ella, por lo que estaba segura de que notaría que algo me pasaba y que había venido a salvarme.

—¿Todavía no terminas de causar problemas? El banquete de cumpleaños está a punto de empezar y Jenna ya se está impacientando.

—Mamá…

La voz me salió débil y temblorosa, y estiré una mano hacia ella.

—Mamá, me duele tanto la cabeza que siento que se me parte… Creo que me voy a morir…

Se asustó y empezó a agacharse para levantarme. Entonces bajó la mirada y vio el Collar del Juramento de Luna en mi cuello, que brillaba con un rojo violento.

El pánico desapareció. Primero pareció decepcionada; luego, furiosa.

—Evelyn, ¡estás mintiendo otra vez! ¿Serías capaz de maldecirte hasta la muerte con tal de arruinarle a tu hermana su banquete de los diez años? Eres una verdadera decepción.

Negué desesperada, con el sudor corriéndome por las sienes.

—No estoy fingiendo. Me duele mucho… mamá, casi no puedo ver…

—El Collar del Juramento de Luna no se equivoca. Si no estuvieras mintiendo, no brillaría en rojo.

Papá ya nos apuraba desde la puerta.

—Apúrate, los invitados llegarán pronto; si Evelyn no viene, déjala y solo ponle algo de cecina y carne enlatada.

—¿Dejarle comida para qué? Todavía queda una gran cantidad de cecina y pasteles de miel en su habitación de la última vez que hurtó alimentos, así que no va a morir de hambre.

Despegué los labios, pero tenía la garganta demasiado ronca para sacar las palabras y decirles que nunca había sido yo.

Fue Jenna la que se metió a escondidas en la despensa y llevó hasta mi cuarto la reserva de invierno de cecina, pasteles de miel y barras de nueces.

Cuando terminó de comer, metió todas las envolturas debajo de mi cama. Después puso una sonrisa dulce, abrió mucho los ojos, toda inocente, y dijo: “No fui yo”. El brillo blanco de su collar pareció respaldarla.

Yo había dicho: “Yo tampoco las tomé”, pero en cuanto la luz roja destelló en mi propio collar, me castigaron de nuevo.

Papá se asomó al cuarto desde la puerta.

—Tal vez… tal vez deberíamos cancelar el banquete de cumpleaños y llevarla a la clínica. De verdad no se ve bien.

Mamá se volvió hacia él para mirarlo con reproche.

—¿Otra vez te ablandas con ella? Por defenderla tanto, sigue sin cambiar.

—Mira a Jenna, su collar nunca ha brillado de otro color que no sea blanco; en cambio, observa a Evelyn, pues cada vez que abre la boca se enciende de rojo, así que, si eso no es pura malicia, ¿entonces qué es?

—Nadie la dejará salir hoy; solo podrá hacerlo cuando ese collar se ponga blanco.

Jenna alzó el mentón para que yo viera la luz blanca en su cuello.

—Adiós, hermana. Me voy a mi banquete de cumpleaños.

De inmediato, la puerta se cerró de un portazo dejándome sola, por lo que me hice un ovillo en el suelo mientras un dolor constante me punzaba la cabeza.

Lo único que resonaba en mi mente era la voz de mamá. El Collar del Juramento de Luna no se equivoca. Brillaba en rojo, lo que significaba que yo mentía.

Si yo mentía, entonces no podía dolerme tanto, así que seguro lo estaba haciendo de nuevo y solo exageraba para llamar la atención; por eso, apreté los dientes con fuerza y lloré mientras me obligaba a creerlo.

—No me duele… Mamá tiene razón…

Lo repetí una y otra vez, igual que hacía siempre después de cada castigo, enterrando cada sentimiento que jamás me habían dejado sentir.

No supe cuánto tiempo pasó, pero en algún momento el dolor que me explotaba en la cabeza empezó a desvanecerse, dejándome una extraña ligereza en el cuerpo como si la más leve ráfaga de viento pudiera levantarme; fue entonces cuando bajé la mirada y me vi a mí misma, todavía encogida sobre la alfombra.

Y el Collar del Juramento de Luna en mi cuello seguía destellando rojo sin parar. Así que… ya estaba muerta. Y por primera vez, me sentí feliz.

Al final, no había estado mintiendo y mi dolor era real, tanto que terminé muriendo, por lo que tenía que ir a decírselo a mi madre para demostrarle que la luz roja significaba que el collar fallaba y que yo no era una niña mala.

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