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Capítulo Cuatro: Dante Moretti

Author: Munachimmmso
last update publish date: 2026-08-31 02:22:26

Eran exactamente las 5:50 p.m. cuando llegamos al Hotel La Serenissima. El alto edificio se erguía con elegancia, gritando lujo por todos lados; era un hotel de cinco estrellas con vistas al resplandeciente mar Mediterráneo.

Todos seguíamos mirando el imponente edificio cuando de pronto alguien chocó contra mí por detrás. Mia y Chloe iban delante y no se dieron cuenta del encontronazo, así que siguieron caminando.

—Mi dispiace, mia signora —se disculpó el caballero que me había empujado. Era alto, de rostro atractivo, hombros anchos, traje elegante, y su costoso cologne me llegó a la nariz. No estaba enfadada. Estaba deslumbrada.

La barba perfectamente recortada, la expresión serena y acogedora… le sonreí. O quizás me sonrojé.

—No pasa nada —dije, intentando no ruborizarme más de lo que ya estaba, y fruncí los labios.

—Y oh… colpa mia. Perdóneme, mi señora. Me llamo Dante —dijo, extendiendo la mano para un apretón. Le di la mía y nos estrecharon con generosidad; su palma estaba un poco húmeda. Suave. Suave como su rostro. Sentí mariposas en el vientre.

—¿Puedo saber el suyo?

Parpadeé.

—Su nombre, mi señora —repitió, esta vez sacudiéndome porque me había perdido en mis pensamientos.

—Uhmm… —dudé un segundo—. Oh… mi nombre…

—¡¿Quééé, chica?! —fue Mia. Acababa de acercarse, me agarró del brazo y me arrastró lejos del caballero con el que hablaba.

—Mia, no —intenté zafarme, pero Chloe la apoyó y Mia me llevó directa al salón. Logré mirar atrás: él seguía allí, mirándome, mientras mis amigas me alejaban.

—Tenemos que estar sentadas antes de las 6, Nina. ¿Estás perdida? Puedes verlo en otra ocasión.

—No tengo su contacto —me quejé, y ambas se rieron.

—Viniste a una cena de la empresa, no a ligar con un desconocido —añadió Chloe.

—Pero es tan guapo… —suspiró Mia.

En cuanto nos sentamos llegó el señor Stefano. Puntual. Mia y Chloe me habían salvado. Pronto empezó una breve presentación; la gran mesa ya estaba llena de gente. El señor Stefano no paraba de elogiar a todos y dio algunas instrucciones sobre su empresa. Mientras hablaba, mi mente se escapaba hacia el hombre que había conocido antes. Dante.

Eso me había dicho que se llamaba. Cada vez que Stefano hablaba, sentía que sus ojos estaban en mí. Chloe me dio un toquecito suave en el muslo.

—¿En qué estás pensando? —susurró—. Vuelve.

—Stefano Electronics ha ganado mucho reconocimiento estos días, y es gracias a todos ustedes —continuó el señor Stefano. Todos aplaudieron, pero sus ojos seguían fijos en mí—. Así que ahora dejemos el trabajo a un lado y disfrutemos de la mejor noche posible —concluyó, pero su mirada no se apartaba de la mía. Me sentí un poco incómoda… o quizás estaba exagerando, porque nadie más parecía notarlo como algo raro.

—Brindemos por Stefano Electronics y por algunos de los empleados que lo hicieron posible. Mi secretaria… Nina.

En cuanto oí mi nombre se me hundió el estómago y me temblaron las manos.

—Creo que sabes lo que es mejor para tu carrera —añadió. Todas las miradas cayeron sobre mí.

—Sí, señor —forcé la respuesta, inclinando ligeramente la cabeza.

Luego mencionó a algunos empleados más, los elogió y finalmente:

—Por una noche exitosa y por todos los que la hicieron posible.

Sus ojos se posaron otra vez en los míos; esta vez una sonrisa maliciosa cruzaba su rostro.

—¡Salud!

—¡Salud! —repitió todo el mundo. Las copas tintinearon alrededor de la mesa antes de que todos bebian y se acomodaran para la cena.

—Coman y disfruten de lo mejor de la noche —terminó el discurso.

Todos aplaudieron. Para ellos era un discurso inocente, pero yo sabía exactamente a qué se refería. Comían, hablaban y reían, pero yo me sentía incómoda.

—Necesito aire fresco —le susurré a Chloe y eché la silla hacia atrás.

Chloe, completamente confundida, le preguntó a Mia:

—¿Aquí no hay aire fresco, Mia?

Mia se encogió de hombros con la boca llena. Antes de que pudieran preguntarme por qué, ya había salido; solo pudieron verme alejarme del salón.

. . . . . . . . . .

Subí hasta el balcón. Apoyé firmemente los dos brazos en la barandilla e inhalé el aire fresco y profundo. El Hotel La Serenissima estaba cerca de la playa. Qué suerte. No había forma de que me acostara con el señor Stefano… no con la forma en que habla, con lo grosero que es en la oficina, como si pudiera permitirse la vida misma… no con ese tipo de personalidad. ¡No!

Pero al mismo tiempo no quería perder el trabajo. Conseguir un puesto tan bueno como el que tengo ahora en Sicilia es toda una odisea por sí sola.

—Ciao, bella —una voz profunda y calmada sonó detrás de mí. El corazón me dio un vuelco hasta que me giré y lo vi.

Dante.

El mismo caballero con el que había chocado hacía unos minutos.

—Parece que nos volvemos a encontrar. Qué mundo tan pequeño —bromeó.

Intenté forzar una sonrisa, pero no me salía.

—¿Está bien, mi señora?

Asentí brevemente.

—¿Cómo sabía que era yo? —pregunté, evitando mirarlo de frente a esa cara tan encantadora.

—Ah… la vi pasar por nuestra mesa —dijo, señalando hacia el interior del salón—. Estaba sentado allí con mi amigo.

Asentí otra vez sin decir nada.

—Hace un rato estaba bien y ahora se ve triste… ¿cómo puedo animarla? —preguntó—. Venga, tomemos algo y hablemos. Estoy aquí para escucharla, si no le importa.

De alguna forma me encontré siguiendo a un desconocido. Él saludó con la mano a la mesa donde estaban sus supuestos amigos y ellos le devolvieron el saludo, todos sonriendo con seriedad. Me parecieron sospechosos, pero ignoré ese pensamiento.

Me llevó a otra mesa, un lugar muy privado, y pidió una bebida. Yo me bebí cuatro vasos de un trago en cuestión de minutos mientras miraba el teléfono.

—¡Piano, bella! Despacio —me detuvo antes de que tomara el quinto. Le hice una cara de niña y luego apoyé la cabeza en su hombro. A él le gustó; me atrajo hacia sí y me acarició el cabello con suavidad.

—La escucho, mi señora —dijo en voz baja.

Exhalé.

—Es mucho, Dante… Solo quiero estar en tus brazos esta noche —me oí decir antes de poder controlarme. Él me miró y soltó una risa suave.

—Estoy aquí, mi señora. Esta vez no dejaré que sus amigas se la lleven.

Me reí.

—Entonces cuénteme de usted. ¿Quiénes son esos tipos?

—Mis amigos. Vinimos a una reunión importante. Supongo que no salió bien, así que tenemos que pasar la noche aquí. ¿Y usted?

—Lo mismo. Una reunión de negocios, pero terminamos muy rápido…

Justo entonces el teléfono vibró y me interrumpió. Era un mensaje del señor Stefano:

«¿Dónde estás, Nina? Ya pasó de las 7. No me hagas esperar.»

Ese mensaje cambió por completo mi estado de ánimo. Agarré otro vaso antes de que Dante pudiera detenerme.

—¿Qué pasa, mi señora?

—Estoy furiosa —dije, intentando controlar las lágrimas. La sola idea del señor Stefano no solo me enfurecía, me enfadaba de verdad. Entonces lo sentí: mareada.

—Quiero dormir, Dante —dije con la voz más calmada que jamás creí tener. Él me miró confundido.

—¿Supongo que la llevo a casa? —preguntó.

—No. Llévame a tu habitación —respondí con toda la seguridad del mundo. Él dudó.

—¿Puedo negarme? —preguntó.

—No, no puedes —contesté con firmeza—. Confía en mí, no estoy borracha. No es la primera vez que tomo unos vasos.

En efecto no estaba borracha, pero el alcohol de alguna forma me había puesto un poco excitada. Se suponía que debía encontrarme con el señor Stefano para el sexo que teníamos programado… pero prefería hacerlo con un desconocido.

Finalmente, después de mucha insistencia, me acompañó a su habitación. Pasó la tarjeta por la puerta y entramos. La habitación se sentía lujosa. En cuanto cerró la puerta tras de sí, me aferré a él con fuerza.

—Dante… —susurré, apretando los brazos alrededor de su cuerpo.

Él bajó la mirada hacia mí; su expresión cambió.

—¿Qué es, bella?

Tragué saliva.

—Estoy excitada.

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Henry Grey
Cliffhangers are amazing
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