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Capítulo 6: Sangre de Luna Blanca

Author: Alfa🥰🥰
last update publish date: 2026-09-30 13:51:25

Al amanecer Ivara ya había vuelto a ser ella, tirada en el piso del cuarto, envuelta en la manta, con el cuerpo molido como si le hubieran caído a golpes.

Se miró las manos. Manos otra vez, no garras. Se tocó el hombro. La marca seguía ahí, pero ahora con un brillo bajito, como una brasa que no se apaga.

No lloró. Ni fuerza tenía.

Se vistió despacio, bajó a la cocina antes que se despertara el pueblo y encontró a Doña Renata sentada en la mesa, con dos tazas de té, como esperándola.

—Siéntate —dijo sin levantar la vista.

Se sentó rara. Doña Renata nunca servía té antes de las seis.

—Anoche aullaste —dijo la mujer—. Y no como persona.

Se le fue el color.

—Yo...

—No me mientas muchacha. Llevo sesenta y tres años aquí y he oído aullar a más de un lobo. El tuyo no sonaba a cualquiera.

Apretó la taza, sin tomar.

—¿Me va a botar?

Doña Renata la miró y no tenía miedo ni asco. Tenía una tristeza vieja, guardada.

—Yo también fui de manada hace mucho —dijo—. Antes de dejarla por un hombre que no valía la pena. Sé reconocer un lobo cuando lo veo. Y sé reconocer una marca de rechazo en un hombro. —Le señaló con la barbilla el cuello, donde se veía el borde pálido—. Lo que no entiendo es cómo una loba sin lobo despierta a los veinticuatro, con esa marca y encima con ese pelo.

—¿Lo vio?

—Lo vi por la ventana. Y me temblaron las piernas, porque solo oí de un pelo así en los cuentos de mi abuela.

—¿Qué cuentos?

Doña Renata se paró, fue a un baúl viejo debajo de la escalera y sacó un libro chiquito, de tapa gastada y páginas amarillas. Lo puso en la mesa y lo abrió donde tenía un hilo rojo.

Era un dibujo. Una loba plateada, con una luna partida en el lomo.

—Sangre de Luna Blanca —leyó Ivara.

—La línea real más vieja de todas —dijo Doña Renata—. Decían que se extinguió hace tres generaciones. Sus hijos podían fortalecer el vínculo de toda una manada solo por estar cerca. Por eso se mataban entre ellos, por proteger o por eliminar a los últimos de esa sangre.

Se le atoró el aire.

—Eso es imposible. Mis papás no eran nadie. Trabajadores, ni guerreros.

—¿Y quién te dijo que ellos sabían lo que eran?

La pregunta se quedó flotando en la cocina con el vapor del té.

—Tu mamá murió chiquita ¿no?

—Un accidente. Eso me dijeron.

—O un secreto muy grande para dejarla viva.

Cerró los ojos. Le vino un recuerdo borroso: una mujer de pelo oscuro cantándole en un idioma que no recordaba, con un colgante plateado en el cuello. Nunca pensó en ese colgante. Ahora no sabía dónde había ido a parar.

—Si eso es verdad —dijo por fin—, entonces mi manada me rechazó siendo lo único que podía salvarla.

—O te rechazaron justo por eso —dijo Doña Renata cerrando el libro—. Una Luna de sangre real no se rechaza por error muchacha. Se rechaza porque alguien tiene miedo de lo que pasa si el mundo se entera que sigues viva.

Pensó en el papel quemado que nunca vio, en la nota bajo la puerta, en el "no confíes en nadie, ni siquiera en él". Todo empezaba a encajar y no le gustaba nada.

—Bram dijo que Dorian se está muriendo —murmuró más para ella—. Y que hay una manada rondando la frontera, esperando algo.

—¿Y tú qué crees que esperan?

Levantó la vista y por primera vez en cuatro años sintió algo que no era tristeza ni miedo. Era algo más viejo y más duro.

—Creo que me esperan a mí.

Doña Renata asintió despacio, como si esperaba esa respuesta.

—Entonces tienes dos caminos muchacha. Quedarte aquí fregar mesas y esperar a que alguien más te encuentre sin tú decidir nada. O volver por tu propia pata, con tu propia loba, y averiguar la verdad antes que la verdad te encuentre a ti primero.

Afuera el sol ya subía sobre el puerto y en el muelle, sin que Ivara lo viera desde la ventana, un hombre con capa oscura esperaba mirando el camino, contando los tres días que le quedaban.

Fin del capítulo 6

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