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Capítulo 7: Que me mire

Author: Alfa🥰🥰
last update publish date: 2026-09-30 13:54:12

Ivara volvió un martes, sin avisar a nadie.

No se puso vestido. Pantalones, botas viejas y la chaqueta que la tapaba entera. No iba a darles el gusto de verla arreglada, como si volviera a pedir perdón.

Cruzó la línea de piedras blancas y sintió el tirón otra vez, ese tirón asqueroso en la nuca que la conectaba con toda la manada, como si su cuerpo llevara cuatro años esperando para sentirlo.

Odiaba sentirlo. Lo odiaba de verdad.

Bram caminaba a su lado, tenso, mirando para todos lados como si algo fuera a salir de los árboles. No le contó todo. Solo dijo: "Camina rápido y no te separes". Ivara no le hizo caso. Caminaba a su ritmo, ni rápido ni lento, porque no quería que nadie la viera correr. Ni asustada. Ni ansiosa. Nada.

La vieron llegar antes de que llegara.

Un guardia joven la reconoció primero. Se le cayó la lanza al piso con un ruido tonto y se quedó mirándola con la boca abierta, como si hubiera visto un fantasma con botas.

—Cierra la boca, se te van a meter moscas —le dijo al pasar.

No sonrió. No le salía.

Para cuando llegó al centro del pueblo ya media manada estaba afuera. Puertas abriéndose. Cabezas asomando. Alguien gritó su nombre, no el falso, el de verdad, y ese grito se fue repitiendo de boca en boca como un incendio.

Se le calentó la cara pero no bajó la vista. No esta vez.

Que me miren. Que miren bien.

Y entonces lo vio a él.

Dorian salió de la casa grande con la camisa a medio abrochar, como si lo hubieran sacado de la cama a gritos. Tenía peor cara que hace cuatro años. Ojeras oscuras, la mandíbula tensa, el pelo hecho un desastre. Se paró en seco al verla, a diez metros, y pareció que se le olvidaba respirar.

Se le encendió el hombro. Fuerte. Como si le clavaran una brasa.

Apretó los dientes para no llevarse la mano ahí delante de todos.

Dorian dio un paso. Después otro. Caminaba como si algo lo empujara por dentro y él estuviera peleando contra eso con todo el cuerpo.

—Ivara —dijo y la voz le salió rota, nada que ver con la voz fría de la ceremonia.

—No me hables.

Se paró de golpe, como si le hubiera pegado.

A la gente no le importó disimular. Todos miraban. Todos escuchaban. Sintió ganas de gritarles que se fueran, que no era un show, pero sabía que eso lo empeoraría. Así que se quedó quieta, puños cerrados, mirando al hombre que la humilló como basura delante de toda esa misma gente.

—Necesito hablar contigo —dijo Dorian.

—Yo no.

—Ivara, por favor.

—¿Por favor? —Se rió, seco, sin gracia—. Qué curioso. Esa palabra no te la oí hace cuatro años.

Alguien entre la gente soltó un "uy" bajito. No le importó. Que se enteraran todos. Que supieran lo que hizo.

Dorian cerró los ojos un segundo, como si le hubiera dolido de verdad. Cuando los abrió dio otro paso y quedó demasiado cerca. Demasiado.

Olía igual que hace cuatro años. Eso la enojó más que nada. Que su cuerpo lo reconociera así, tan rápido, tan estúpidamente.

—Tienes todo el derecho de odiarme —dijo bajito, solo para ella—. Pero necesito que me escuches. Aunque sea una vez.

—No te debo nada.

—Lo sé.

—Entonces aléjate.

No se alejó.

Le miró el hombro, justo donde la marca seguía quemando bajo la ropa, y algo le cruzó la cara. Culpa. Dolor. Algo feo que no dejaba salir del todo.

—¿Te duele? —preguntó, casi sin voz.

—¿Te importa?

—Más de lo que crees.

Se le llenaron los ojos y eso la puso furiosa consigo misma. No. No iba a llorar delante de él. No otra vez.

—Vine porque tengo que venir —dijo cortante—. No por ti. Ni un poco por ti. Vine porque parece que hay gente que quiere matarme y otra que quiere usarme, y prefiero enterarme de una vez en qué lío me metiste.

—Yo no te metí en nada, yo intenté sacarte de...

—¡Me rechazaste delante de todos! —Se le salió el grito solo, no lo planeó—. Me dejaste tirada en el pasto llorando como una idiota mientras tú te ibas con la cabeza bien alta. ¿Y ahora quieres que crea que fue por mi bien?

Silencio total. Ni un pájaro. Nadie se movía.

Dorian tenía la cara blanca. Abrió la boca para decir algo y la cerró. Como si no encontrara ni una sola palabra que sirviera.

Respiraba fuerte, pecho subiendo y bajando, con ganas de pegarle, de verdad, con ganas de cerrar el puño y partirle esa cara perfecta que la seguía mirando como si ella fuera lo único importante en el mundo. Y odiaba, odiaba muchísimo, que una parte muy chiquita de ella todavía quisiera creerle.

—No tengo nada más que decirte —dijo por fin con la voz más calmada que pudo—. Dile a quien tengas que decirle que ya llegué. Que hagan lo que tengan que hacer conmigo.

Se dio la vuelta.

—Ivara.

No se detuvo.

—La cicatriz —dijo él y algo en su voz la obligó a frenar, aunque no quería—. No es solo tuya. A mí también me quema.

Se quedó de espaldas, quieta, con el corazón golpeándole tan fuerte que le dolía.

No volteó a verlo.

Pero tampoco pudo seguir caminando.

Fin del capítulo 7

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