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Natalie’s POV
La puerta de mi habitación se abrió de golpe con un estruendo cuando Lucien me lanzó sobre la cama. Siempre actúa así cada vez que un chico intenta acercarse a mí y eso ya me tiene harta… —¿Qué te pasa a ti, Lucien? Por el amor de Dios, eres mi hermanastro y ¿por qué te pones tan furioso cada vez que un tipo se acerca a mí? —Natty, ¿qué tan ciega puedes ser? Esos chicos de ahí afuera son buitres que juegan con el corazón de una chica y nunca la aman de verdad. —¿Y por qué te importa exactamente? —Porque le prometí a tu mamá que te cuidaría. —Te dije… que dejes de mencionar a mi mamá. —Voy a mandar a todos a casa, se acabó la discusión y no vuelvas a hacer fiestas así, papá pronto volverá a casa y no te va a gustar lo que tenga que decir sobre tu comportamiento tan descarado. —Escúchame, Lucien, no soy tu mascota o perro al que tengo que tener encerrada solo porque tu papá es mi padre adoptivo. Puedo hacer lo que quiera, esta es mi vida, mételo en tu cabeza de una vez. Dije todo eso mirándolo directamente a los ojos, y él seguía con la misma cara fría e inhumana de siempre. Desde hace tres años soy su hermanastra desde que mi mamá y su papá se casaron. Después de la boda, un mes después ella murió, a causa de un disparo descuidado de los rivales de la mafia. Siempre le dije que no se casara con esta familia, pero ella estaba obsesionada con el dinero y no hizo caso, así que ella sola tiene la culpa de su muerte. —Quédate aquí, no bajes hasta que se vayan todos. ¿Entiendes? —No, porque tú no estás haciendo nada de eso, ellos son mis amigos y yo decido cuándo se van… Ni siquiera terminé la frase cuando su mano grande envolvió mi cuello y me aplastó contra la pared, su respiración superficial contra el hueco de mi cuello. —No me gusta que alguien se niegue a hacer lo que le pido, Natty, y tú estás haciendo exactamente eso ahora mismo. Te lo voy a decir una sola vez más: te quedas aquí, yo bajo y mando a tus amigos a casa. ¿Entendido? Seguí negándome a contestar y entonces movió su otra mano a mi cintura y la apretó fuerte. —Suéltame, hijo de puta. —Cambia tu ropa. Vuelvo para la cena. Contestó con voz plana mientras soltaba mi cuello y salió de la habitación cerrando la puerta detrás de él. Poco después la música de abajo dejó de sonar, siguió un silencio y luego pasos apresurados abandonando el penthouse. Minutos después volvió a subir, entró en mi habitación con una bandeja de pancakes y leche… —Toma… —¿Te pedí que me trajeras la cena? —¡Come! —dijo con un tono más profundo mientras dejaba la bandeja sobre la mesa cerca de mí. Estaba tan enfadada con todo lo que había pasado que empujé la bandeja al suelo, rompiéndola en mil pedazos. Él sonrió apenas y llamó a un sirviente para que limpiara el desastre. Cuando el sirviente se fue, se volvió hacia mí sin expresión. Se acercó lentamente y eso hizo que mi corazón empezara a latir descontrolado. No sabía si estaba furioso, en realidad no me importaba si lo estaba. Había escuchado historias de los sirvientes de que cuando se enfadaba se volvía violento. Cuanto más se acercaba, más oscura se volvía su mirada sobre mí. Se colocó entre mis piernas mientras yo estaba sentada en el borde de la cama, me miró desde arriba, levantó mi barbilla y por fin habló: —¿Qué quieres, Natalie? —No te importaría nada de lo que quiero. Así que fuera de mi habitación, no tengo hambre, ni siquiera si la tuviera no comería nada que te sirva a ti. —Te lo voy a preguntar una sola vez más, ¿qué quieres? —Quiero que ese tipo al que le pegaste porque solo me sostenía la mano vuelva. —¿Y para qué? —¿Cuál es tu problema con mi vida personal? —grité. Él sonrió antes de inclinar mi cabeza hacia arriba para mirarme a los ojos. —Sé lo que quieres… Pero tu gusto es… Hizo una pausa antes de continuar… —…malo. Le diré a los sirvientes que traigan más pancakes y vas a comerlos, o las consecuencias por desobedecerme serán muy graves. Hizo una pausa y apretó más su agarre en mi barbilla, inclinando mi cabeza hacia arriba… —Este vestido no se ve bien. Cámbialo por algo más largo… es una orden. —¿Ahora también quieres controlar cómo me visto? —Está demasiado corto y revelador. Cámbialo, no me hagas pedirlo por tercera vez. No me gusta repetirme, y estoy segura de que ya deberías saberlo por ahora —se encogió de hombros antes de soltar mi cara y enderezar su chaqueta mientras salía de la habitación. Es un dolor de cabeza, no quiere que esté con otros chicos, no habla más de dos párrafos, habla en parábolas, ¿qué demonios quiere? Ahora tampoco le gusta mi vestido… Me tiré de nuevo en la cama, mirando el techo en blanco, luego las paredes. Celine entró a informarme que la cena estaba lista y que Lucien me esperaba en la mesa. Bajé y me senté en mi silla habitual, su padre en el extremo opuesto de la larga mesa de la cena. No había conversaciones en la mesa de la cena si no involucraban armas, rivales y disparos, eso era todo de lo que hablaban siempre, pero ese día parecía bastante tranquilo y era agradable no escuchar sus tonterías. Giré el spaghetti en mi tenedor y le di un bocado. Levanté la vista y noté que Lucien ya me estaba mirando intensamente. Eso me asustó y a pesar de que lo habían pillado en falta no sintió la necesidad de parar. Era un rarito, me aclaré la garganta, terminé de comer, me bebí el agua y subí a mi habitación. Estaba pasando el dedo por el teléfono cuando escuché un ruido en mi ventana y miré hacia arriba para ver que alguien estaba lanzando piedras contra ella. Caminé despacio hacia la ventana para comprobarlo y la verdad, ¿podía empeorar? Era mi ex. Lo había dejado hacía un mes y estaba segura de que Lucien le había dejado claro que nunca volviera, pero aquí estaba, sonriendo de oreja a oreja porque yo había abierto la ventana. Estaba rodeada de idiotas, de verdad. Estaba demasiado ocupada pensando en cómo decirle que se fuera cuando no noté que alguien había abierto mi puerta hasta que se aclaró la garganta. —Ehem, ¿no deberías estar en la cama ya? ¿Qué haces aún despierta tan tarde? —me sobresalté cuando lo escuché hablar. Cerré las persianas y me volví para mirarlo. —No sabía que necesitaba tu permiso para dormir también. ¿Qué quieres ahora? Si vienes a empeorar mi noche más de lo que ya está, lo siento, ya he tenido suficiente por hoy. —No vine a empezar una discusión… vine a darte esto… —Hizo una pausa y abrió su mano para mostrar un collar de choker con un diamante en el centro… —¿Para qué es esto? —Tu cumpleaños pasó y no te di nada, así que este es tu regalo de mí. —¿Y si digo que no lo quiero? —No fue una petición —dijo con frialdad antes de girarme hacia la pared y ponerme el collar alrededor del cuello. Luego me giró de nuevo para mirarlo, se inclinó ligeramente y apartó un mechón de mi cabello, su aliento caliente rozó mi piel, lo que me provocó escalofríos por toda la espalda. Se apartó rápidamente y salió de la habitación dejándome atónita y confundida.******POV de Natalie**Mi puerta se abrió de golpe y Lucien entró caminando, como si la habitación fuera suya. Me asusté y tiré del relicario al cajón antes de que pudiera verlo; habría demasiadas preguntas y yo no tenía respuestas.—No sabes ni siquiera cómo tocar, ¿qué pasaría si… oh, sí, ya sé cómo… pero hazme un favor y toca la próxima vez.—Hubiera tocado, pero quería pedirte un favor…—¿Qué es esta vez? Déjame adivinar… ¿otra gala? ¿otro sufrimiento?… ¡nooo, sé! Tal vez esta vez quieras que me lance de un techo por ti… respuesta rápida… ¡NO!—¿Así me ves? ¿Soy tan malo para ti?—No, ahí es donde te equivocas por completo. Eres mucho peor. Sé que estás guardando algo —dije mientras me giraba para enfrentarlo, aún de pie en el marco de mi puerta.—El favor no tiene nada que ver conmigo…—Vaya… ¿puedes sorprenderme todavía más? ¿De quién es, entonces?—Recuerda a Xavier?—Sí, ¿qué pasa con él? —suspiré.—El favor que te pido es para él…—¿Y de qué se trata?—Nunca ha tenido novia…
POV de Lucien**Cerré la puerta rápidamente antes de que se dieran cuenta de que estaba allí. Camille se acercó tanto que pude percibir su perfume desde una distancia segura, mientras intentaba con todas mis fuerzas mantener la respiración tranquila para que no supiera que estaba escondido.Estaba a punto de golpear, pero se detuvo… recorrió el área como si estuviera buscando su posesión más preciada antes de retroceder.«Debe haber sido alguna rata» siseó antes de girarse para enfrentar a mi padre.«Lucien todavía no ha llegado», dijo mi padre caminando hacia Camille.«Oh, pensé que así sería. Tal vez esté por ahí, algún lugar, atado a una correa por una chica».—¿Quién? —preguntó papá lentamente, confundido.—Nadie, quién sabe dónde podría estar. Me rechazó —hizo una pausa antes de volver a mirar mi puerta—. Así que estoy suponiendo que hay alguien más por ahí, mejor que yo.¿Quién se creía que era ella para entrar así y dar su opinión sobre con quién elijo estar? murmuré por lo baj
POV de LucienMientras el disparo resonaba por los pasillos, me arrodillé para recoger a Natalie. Había mucha sangre, y una parte de mí rezaba para que no fuera la sangre de Natalie, mientras la otra rezaba para que fuera la de Malachi, deseando que se desangrara hasta morir.Hizo un error muy grave al tocarte lo que es mío.El cuerpo de Natalie yacía débil en medio del piso de la gala, con champán y sangre bajo ella.La gente empujaba entre la multitud porque todos tenían miedo, pero todo lo que oía era el sonido entrecortado de mi propia respiración.La levanté; pesaba casi nada. Un brazo bajo sus rodillas, el otro apoyado contra su espalda, y sentía la sangre empapando mi camisa de esmoquin mientras mi mano descansaba en su costado.No sé ya de quién es la sangre.«Jefe», siseó Marcus a mi lado mientras sacaba su arma de la chaqueta.«Tenemos que movernos. Ya».Yo ya caminaba entre la multitud aterrorizada, pasando por los cristales rotos y las mesas volcadas. Pasé junto a los guar
Punto de vista de Natalie¿Quién se cree que es para mandarme? Puse la caja a un lado y me quedé ahí un rato… entonces oí un fuerte golpe en mi puerta que me sacó del trance.—Natalie, ¿ya estás vestida? —preguntó con tono enfadado.—No, y no voy a ninguna fiesta contigo —grité lo suficientemente alto para que me oyera.Pude oír sus pasos alejándose unos minutos después, por fin aliviada. Pero mi tranquilidad se cortó cuando la puerta voló abierta. Estaba segura de que la había cerrado con llave desde dentro… ¿cómo demonios entró?—No acepto un no por respuesta, Natalie, así que te sugiero que dejes de probar mi paciencia y vístete para la gala. Es una gala con máscaras, ahí conoceré a algunos colegas de trabajo.—¿Y eso es problema mío? —espeté.Me incorporé en la cama mirándolo con furia. No me respondió, solo caminó hacia mí, sacó el tacón del zapato de la caja y se arrodilló frente a mí. Cuando se lo deslizó en el pie, su toque fue frío pero gentil.Cualquier cosa que estaba hacie
Punto de vista de NatalieNunca pensé que este día llegaría jamás. Un día en el que Lucien estaba tan cerca de mí y incluso en la misma cama que yo. La doncella dejó después de entregar el mensaje y solté un suspiro de relief mientras asomaba por debajo de mi edredón…—¡Lárgate de una puta vez, Lucien! ¿Qué coño estabas pensando? —Él salió lentamente de las sábanas y me miró fijamente antes de hablar—. Si querías que me fuera, solo habrías tenido que decírmelo, pero en vez de eso aquí estás, acomodando la idea de que yo esté bajo tus sábanas.Lo miré con furia y respondí:—No me importa ninguna idea de mierda que tengas en la cabeza, pero mejor empiezas a marcharte antes de que grite.Él se quedó sentado mirándome. Yo solo rogué que no hubiera oído que lo llamaba cinco minutos antes; eso inflaría su ego estúpido.—¿Gritar? Pero pensé que había oído lo contrario hace unos minutos —dijo, levantando una ceja—. Mierda. Lo había oído. Solo actuaría como si no hubiera escuchado nada, buena
Punto de vista de NatalieNo había forma de esquivar ni esconderme porque él ya estaba lo suficientemente cerca. Podía oír mi respiración volverse pesada, mi corazón martilleando en el pecho mientras permanecía inmóvil, pensando en qué excusa decirle.—Natalie, ¿por qué estás revolviendo mis cosas?—Perdón, no vi nada, saldré ahora mismo —grité al final antes de salir corriendo de la habitación.—¿Por qué entraste ahí, Natty? —preguntó mirándome con furia—. No sabía qué responder; estaba atrapada y no creía que creyera nada de lo que le dijera.—Se me cayó el pendiente y rodó hasta ahí, fui a recogerlo —rogué a los dioses que estuvieran escuchando que me creyera. Me miró durante un largo momento antes de responder.—Está bien.Gracias a Dios no sospechó nada. Caminó lentamente detrás de mí, luego cerró la puerta de la habitación oculta con suavidad.—Tu habitación ha sido limpiada. Llamaré a alguien más tarde para arreglar la ventana. Puedes volver a tu habitación.—¿Estás seguro de q







