共有

EN EL BURDEL DE PARÍS

作者: LaReina
last update 公開日: 2025-03-02 08:54:34

—. Parece que cada palabra que sale de tu boca te acerca más a la tumba. Te haré el favor de terminar esta llamada antes de que encuentres un punto rojo en tu frente.

Toco el auricular para finalizar la llamada.

Que le jodan a esa vieja.

¿Se lo has dicho? Recuerdo la pregunta de Rossi y siento que una nueva rabia me invade el estómago. No le debo a Giulia ninguna explicación sobre nuestro matrimonio. Cualquiera que sea la razón por la que ella crea que me casé con ella es suficiente para que sigamos adelante. No necesita saber la verdad. Deslizo mis manos en el bolsillo de mis pantalones y siento la pulsera de oro entre mis dedos. Siempre llevo esta pieza de joyería a todas partes porque me recuerda todo lo bueno y puro.

—Estamos aquí, jefe.—

Miro por la ventana y veo que estamos aparcados delante del Pabellón Margaux, el burdel privado y casa de póquer más exclusivo de París. El propietario, Orlando Carlo, no solo es una de las pocas personas cuya compañía disfruto, sino que también es uno de mis muchos oídos repartidos por toda Francia. Antes de bajar del coche, me encuentro con la mirada de mis hombres. —Mantén una comunicación constante con los hombres del hotel —mi voz permanece tranquila a pesar del furioso latido de mi sangre—. Si tan solo abre la puerta de su dormitorio, quiero saberlo.

Ellos asienten.

Tras echar un vistazo a los dos fornidos porteros de la puerta que me saludan con un gesto respetuoso, me deslizo por la discreta entrada. En cuanto entro en el santuario interior del club, mis oídos captan la voz suave y sensual de la cantante. Reconozco la voz de inmediato. Nina, ella me ha calentado la cama en el pasado. Me dirijo a la barra y me siento en un taburete mientras mis ojos se mueven hacia el escenario bajo para encontrar a Nina. Su voz no es mala, pero no hay duda de que chupa entrepiernas mejor que canta.

Una copa de brandy llega a mi lado y siento una presencia a mi lado. Sé quién es antes de darme vuelta para mirar, porque nadie se atrevería a acercarse tanto a mí sin previo aviso, al menos sin preocuparse por perder la mano. Bebo el ardiente líquido de un trago y extiendo la mano para recibir la botella. Orlando me la pone en la mano y tomo un trago directamente de la botella.

—¿Qué carajo estás haciendo aquí en tu noche de bodas? —pregunta con una sonrisa irónica en su rostro.

—No me hagas hablar de eso. —Mantengo la mirada fija en el escenario donde Nina está actuando para mí. Lleva un vestido de seda rojo que abraza su cuerpo mientras se mueve sensualmente en el escenario, sus ojos me absorben desde el otro lado de la sala a pesar de la multitud de personas que gritan su nombre debajo del escenario.

—Ella está buena, ¿no?—

—Hmm —gruño, tomando otro trago de brandy mientras Nina termina su canción, su voz alcanzando un crescendo.

—No, Nina. Giulia.

El hielo reemplaza la sangre en mis venas y me vuelvo hacia Orlando. —¿Disculpa?—

Orlando abre la boca y luego la cierra de golpe. Traga saliva con fuerza. —L-lo siento, jefe—.

La única razón por la que no le corto la m*****a garganta es porque estoy incluso más sorprendido que él por mi reacción.

Orlando y yo hemos hablado de mujeres en el pasado. De hecho, además del negocio, las mujeres son el segundo tema del que hablamos y en algunas ocasiones le he puesto en el camino a algunas de las mujeres con las que ya no quiero tener sexo. Pero la sola idea de que Orlando mire a Giulia el tiempo suficiente para decir que está buena me hace querer arrancarle el corazón.

—Giulia es mi esposa. Nunca hables de ella—.

—Sí, jefe —la voz de Orlando tiembla.

—Y si tienes que recurrir a ella para algún asunto de importancia ineludible, llámala señora Mellone. ¿Me oyes?

—Sí, jefe. —Sus ojos delatan miedo—. Perdóname. No volverá a suceder.

Me dirijo al escenario donde Nina finaliza su sesión y el público aplaude y vitorea.

—Creo que viene hacia aquí, jefe. ¿Quieres que la detenga? —pregunta Orlando justo cuando Nina se abre paso entre la multitud hacia mí.

Niego con la cabeza.

La observo mientras se contonea hacia mí, sus caderas ondulando sensualmente mientras camina. Segundos después, está de pie frente a mí, sus brazos rodeando suavemente mi cuello, bajando su cabeza para besarme. Mi cuerpo no quiere el beso. Mi cabeza gira por voluntad propia y sus labios aterrizan en mi mejilla. Ella se aparta y me mira confundida durante unos segundos antes de tomar la botella de alcohol de mis manos y servirse una pequeña medida en mi copa.

—Te extrañé —dice, mientras bebe un sorbo del vaso. Por encima del borde, su mirada se posa en mi entrepierna—. Eres el único hombre de verdad por aquí.

La miro con curiosidad. Dios, ¿cómo es posible? Pero no siento nada.

Nina sonríe, termina el brandy y deja el vaso vacío en la barra detrás de mí. Me toca de nuevo, empujando su cuerpo contra mí y frotándolo contra mí. El aroma que emana de sus pechos llenos es lo único que llega a mis fosas nasales. Siempre funcionaba en el pasado.

—Mi sesión ha terminado —susurra en mi oído mientras una larga uña roja recorre mi garganta.

Esta es una mujer dispuesta. Una mujer dispuesta, experimentada y hábil. Solo unos momentos con Nina y ella hará que mi entrepierna chorree abundantemente de satisfacción.

Sin embargo, no hay emoción. Ninguna.

Mis pensamientos siguen atrapados en Giulia con su vestido de novia arremolinado, y eso me molesta y frustra muchísimo. Ella no está dispuesta. ¿Por qué no puedo aceptar lo que Nina me ofrece tan descaradamente?

—Vamos a mi casa —dice Nina tímidamente—. Me muero de ganas de quitarme este vestido.

Dejé caer la botella de mis manos y se estrelló contra el suelo.

Nina salta y se aleja de mí. —¿Florentino?

—Ahora soy un hombre casado, Nina. —No hay ni un rastro de arrepentimiento en mi voz—. Nunca podré volver a estar contigo.

Su rostro se ensombrece. Está claramente confundida. —No… yo… ¿Pero tú no la amas?—

Asiento. —No lo sé—.

No amo a Giulia Rossi, me repito a mí mismo. La odio hasta el punto de que me hierve la sangre cada vez que la miro. Sí, ando por ahí con una pulsera de oro en el bolsillo, pero no la amo. De eso estoy seguro. Si puedo sentir tanta emoción al odiar a Giulia Rossi, nunca querría amarla. Imagínense el infierno que sería.

Podemos hacer que las apuestas sean tan altas como quieras, cuanto más sangrientas, mejor. —Hace un gesto hacia las habitaciones del fondo, donde hay mesas de terciopelo verde con fichas de colores sobre ellas. Con la otra mano intenta hacer un gesto disimulado a Nina para que se vaya a la m****a, pero ella no está escuchando. Todo lo que puede hacer es mirarme con sorpresa y dolor. Apenas me doy cuenta. Ahora está muerta para mí.

Sí, un juego estaría bien. Asiento y lo sigo, alejándome de Nina sin mirar atrás. Hasta ahí llegó mi necesidad de desahogarme con otra mujer.

この本を無料で読み続ける
コードをスキャンしてアプリをダウンロード

最新チャプター

  • LO DESEO DESESPERADAMENTE Y LO ODIO   EPÍLOGO

    GiuliaUN MES DESPUÉS—Gracias, Vance —digo con naturalidad, mientras bajo del vehículo frente al Pabellón Margaux, la casa de juego más exclusiva de París.Hacemos una bonita imagen de negro. Llevo un vestido negro hasta la rodilla que se ajusta a mi figura y resalta mis curvas. Es un poco inadecuado para el frío, pero en unas semanas no podré volver a usar vestidos ajustados como este durante mucho tiempo, pero Florentino aún no lo sabe. Lleva un traje negro y, como siempre, luce fenomenal.—No sé por qué elegiste venir aquí—, susurra Florentino en mi oído mientras entramos al edificio.Él no lo sabe, pero yo sé exactamente por qué elegí venir aquí.Cuando entro, inmediatamente escucho la voz suave y sensual de la única mujer que siempre quise volver a ver. Nina. Esta mujer entró en mi casa y se atrevió a hacerme sentir pequeña en mi propia casa al decirme que se había follado a mi marido. No puedo creer que la dejé marcharse sin derramar su sangre. Entonces era ingenua; ya no lo so

  • LO DESEO DESESPERADAMENTE Y LO ODIO   LO BUSQUÉ PORQUE LO AMO

    GiuliaComo si se diera cuenta de que su expresión es despreocupada, inmediatamente se la borra de la cara. Me pone de pie y se aleja tan rápido que parece que lo hubiera quemado. Pero lo agarro y trato de arrastrarlo hacia mí.—Giulia, no… —Su voz es áspera.Una vez le dije que no lo quería y me demostró que estaba mintiendo. Ahora es su turno. Dice que no me quiere, pero está mintiendo. Se lo demostraré. Me pongo de puntillas y reclamo sus labios. Se queda paralizado por la sorpresa y me aparto un poco, recorriendo su rostro con la mirada.—¿Por qué insistes en castigarnos? —susurro—. Somos más felices juntos.—No te quiero—, rechina.Le doy otro beso en los labios y su mano agarra mi cintura, pero no me aparta.—Dime que no me quieres y me iré —le desafío suavemente.Agarro su cinturón y comienzo a desabrocharlo.—Basta —dice con voz ronca, pero no hace nada para detenerme. Podría haberme detenido si hubiera querido.—Pararé —digo— cuando me digas que ya no me quieres.Le quito el

  • LO DESEO DESESPERADAMENTE Y LO ODIO   SE CASÓ CONMIGO POR AMOR Y NO POR TERRA ROSSI

    GiuliaSin ganas, saco mi equipaje de la zona de recogida de equipajes y me dirijo hacia la sala de llegadas mientras escruto con la mirada la multitud en busca del rostro de Giuseppe. Nonna Isadora me dijo que lo enviaría al aeropuerto para que me recogiera cuando llegara. Hay muchas caras, pero no hay ninguna de Giuseppe. Dejo de caminar y busco el teléfono en mi bolso.Cuando Nonna Isadora me invitó por primera vez a que me quedara con ella por un tiempo, me negué. Estaba de luto por la pérdida de mi hijo y por la impactante y abrupta destrucción de mi relación con Florentino. Estaba demasiado destrozada como para pensar siquiera en viajar a ningún lado. A pesar de que mamá y Louisa me aconsejaron hasta que se pusieron azules que yo no era la culpable. Fue el ataque lo que mató a mi bebé. Si no hubieran sido cuando lo hicieron, de una manera u otra habrían encontrado otra oportunidad.No fue mi culpaNo fue mi culpaFue el ataque.Me lo repitieron una y otra vez, pero no podía deja

  • LO DESEO DESESPERADAMENTE Y LO ODIO   BORRACHO

    Florentino—Te estás emborrachando —se queja Robert cuando tomo otro trago de mi vaso de whisky—. Ya casi has bebido la botella entera. No tomes más. —Alarga la mano para coger la botella que está sobre mi mesa y yo le agarro la muñeca, apretándola con los dedos hasta que hace una mueca de dolor.—No toques mi maldita botella, o te romperé la mano. —Me sirvo otro vaso de whisky. Tengo una gran tolerancia al alcohol, pero empiezo a sentirme un poco borracho. Aun así, bebo el alcohol de un trago y me sirvo otro.—Florentino… —le advierte Roberto—. No hagas eso.Miro alrededor de mi oficina antes de fijarme en él. —Es solo alcohol —le digo—. ¿Por qué hablas como si estuviera tragando veneno? Es whisky caro. Maldita sea. —Bebo el contenido del vaso de un trago y me arde el estómago.Cuando sirvo otro vaso, Dutch me arrebata la botella de la mano y se aleja varios pasos.—¡Cómo te atreves!——Lo siento, jefe —inclinó la cabeza—. Por favor, perdóname. Pero te estás matando. Por favor.—¡Por

  • LO DESEO DESESPERADAMENTE Y LO ODIO   PERDISTE AL BEBÉ

    GiuliaUna luz brillante e intrusiva se filtra a través de mis pestañas mientras lucho por abrir los ojos. Siento los párpados pesados ​​como si tuviera piedras sobre ellos. Quiero abrir la boca para gritar contra el dolor que recorre mi cuerpo, pero siento como si mi boca estuviera llena de arena y algodón. Estoy atrapada en un cuerpo extraño y no sé cómo salir.—Está parpadeando —dice una voz familiar a mi lado. Lucho un momento antes de darme cuenta de que es Louisa.—¡Llama al médico!—Esa es mamá.—Llama al doctor, rápido, Louisa. Creo que está intentando abrir los ojos.Al oír la voz de mamá, lucho contra el dolor que me agobia y, tras varios intentos, logro abrir los ojos. Mi mirada se centra en mamá. Está de pie junto a mi cama y tiene los ojos rojos e hinchados de tanto llorar.—No llores, mamá.——Oh, Giulia —me agarra la mano entre las suyas—. Tenía tanto miedo. Mi bebé. Mi amor. Oh, gracias a Dios.Louisa y el médico entran a toda prisa en la habitación y, al verme despiert

  • LO DESEO DESESPERADAMENTE Y LO ODIO   LA CITA

    Florentino—La cita está hecha—, dice Roberto.Asiento. —Bien.—Es hora de enterrar el hacha de guerra con Sal. De encontrarme con él cara a cara y decirle que no tiene sentido ir a por Franco o a por mi esposa porque la tierra que él cree que todavía pertenece a mi esposa ya es mía. Él lo creía porque deliberadamente mantuve en secreto mi absoluta propiedad de Terra De Rossi, que solo conocían Franco, su hijo y yo. Puse eso como condición de nuestro trato porque no quería que Giulia descubriera la verdadera razón por la que me casé con ella. Quería que creyera que me casé con ella por la tierra. Sabía que me odiaba y por todo lo que representaba, así que era la única forma que conocía de hacerla mía.Pero ahora que está embarazada del pequeño frijol, es hora de decirle la verdad. El pensamiento de mi esposa embarazada me hace sonreír tontamente, pero rápidamente la aparto de mi mente para poder concentrarme en la tarea que tengo por delante.—Esto funcionará—, dice Roberto. —Pero deb

続きを読む
無料で面白い小説を探して読んでみましょう
GoodNovel アプリで人気小説に無料で!お好きな本をダウンロードして、いつでもどこでも読みましょう!
アプリで無料で本を読む
コードをスキャンしてアプリで読む
DMCA.com Protection Status