Share

Capítulo 3

Penulis: Carla Valeria Leal González
No me puse a gritarle. Bajé la cabeza y miré el celular. El mensaje que le mandé en la mañana a Rafael seguía sin respuesta.

En la oficina ya era todo un escándalo. Una tras otra, me llovían críticas.

—En Logística también tenemos quejas. Por cada reembolso nos pides hasta el último desglose y cada factura, ¿o qué? ¿Acaso crees que todos queremos quedarnos con el dinero de la empresa?

—Y tú, a cada rato, revisando los contratos de Compras. ¿En quién no confías, o qué?

—Y en Recursos Humanos igual…

A mí todo eso me sonaba a puro ruido. Así que, sin levantar la vista, tecleé para insistirle a Rafael, que estaba de viaje:

—¿Me apruebas la renuncia hoy?

El celular por fin se iluminó. Su respuesta llegó por fin:

—¡No digas tonterías! La empresa está en un momento clave del proceso para salir a bolsa. ¿Cómo que te vas así de la nada? Si estás molesta por algo, espérate a que regrese y lo arreglamos. ¡No me vengas a meter en problemas!

Leí ese mensaje y la última duda que me quedaba se disipó por completo. Se me heló el pecho.

Yo ya lo había entendido: a Rafael le daba igual. Si no, cuando propuse agilizar el proceso de reembolsos no me habría dado largas una y otra vez. Y cuando quise darles a las áreas de negocio una formación básica en finanzas, me lo cortó en seco.

Mientras tanto, la reunión para lincharme seguía.

Mónica me vio con la cabeza agachada, mirando el celular, como si su autoridad me importara poco, y se puso peor. Hasta cambió el tono de voz.

—¡Violeta! ¿Me estás escuchando o no? ¿Qué es esa actitud?

Apagué la pantalla. Levanté la mirada. No se me movía un músculo, pero lo que dije dejó a todos tiesos.

—¿Ya terminaron?

Por un segundo, nadie supo qué contestar.

Me levanté, caminé hasta el escritorio de Mónica, agarré el montón de reembolsos que Andrea me había arrojado y lo sacudí lentamente en el aire.

—Si todos piensan que yo soy una inhumana y que estoy frenando el desarrollo de la empresa…

Me volví hacia Andrea y le devolví la carpeta, con una calma fría.

—Andrea dijo que sí sabe ponerse en el lugar de los demás. Entonces le dejo todo el trabajo a ella. Mónica, ¿te parece bien?

Mónica se quedó pasmada. No esperaba ese giro.

Pero los directores de otras áreas, sobre todo Adrián, se entusiasmaron de inmediato.

—¡Me parece bien! ¡Que Andrea lo intente! ¡La juventud tiene la mente más ágil!

—¡Exacto! Ya era hora de dejar que la sangre nueva se lance.

Mónica miró el entusiasmo general, y al pensar que de paso podía aplastarme, se dejó llevar.

—Andrea, entonces por ahora te vas a encargar del trabajo de Violeta. Hazlo bien. No me vayas a dejar mal.

En el rostro de Andrea se mezclaron la sorpresa y el orgullo, como si le hubieran regalado el mundo. Casi daba brincos.

Me lanzó una mirada desafiante, se dio una palmada en el pecho y prometió:

—¡Mónica, puedes estar tranquila! ¡Y todos los directores también! Voy a sacar esto rapidísimo. ¡Nadie va a tener que esperar!

Yo sonreí apenas y añadí, como quien da la hora:

—Voy a mandar un correo a todos para dejar claro que ya hice la entrega formal del puesto y que, de aquí en adelante, toda la responsabilidad queda en tus manos.

Andrea, embriagada de poder, ni lo pensó.

—Sí, sí, ya. No hace falta que me vengas con tus sermones.

Asentí y no dije más.

Volví a mi lugar y empecé a recoger mis cosas con toda la calma del mundo.

***

El resto del día, el ambiente en la oficina se volvió rarísimo.

Yo me dediqué en silencio a ordenar archivos viejos, limpiar mi computadora, cerrar sesión y dejar todo en orden.

Mientras tanto, Andrea andaba a mil, como si hubiera tomado café con pólvora. Prácticamente aprobaba todo y no revisaba nada en serio.

Con los directores presionando y aplaudiéndole, firmaba y aprobaba reembolsos tras reembolsos, con la pluma a toda velocidad.

En medio, un compañero veterano —de los que todavía les quedaba conciencia— me escribió a escondidas:

—Violeta, ¿de verdad ya no vas a meterte? Esa pila de reembolsos tiene problemas graves.
Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • La Contadora Robot: Renuncia y Caída   Capítulo 10

    —Hoy quiero hablar de cómo renunciar, con estilo, a una empresa podrida, en modo robot.Sin lloriqueos, sin victimizarme, en diez minutos hice un repaso claro y ordenado de todo: cómo detectar señales de que una empresa está por reventar, cómo protegerte si trabajas en el área de Finanzas, cómo hacer una entrega del puesto impecable al renunciar.Y al final, solté una frase, así, bien suave, como quien no quiere la cosa:—Mi exjefe, el presidente, decía que ya no iba a conseguir trabajo. Pues yo quiero comprobarlo. Y pensándolo bien, ya no quiero volver a trabajarle a ningún "patrón". Mejor me vuelvo mi propia jefa. Desde hoy voy a subir videos de educación financiera con regularidad. Denle like y síganme.El video se subió y se hizo viral.Los comentarios se volvieron un desahogo colectivo de gente del área de Finanzas."¡Entonces no era solo mi empresa!""¡Violeta, lanza un curso! Mi jefe me está pidiendo llevar contabilidad paralela, ¿cómo me protejo?""Excompañero por aquí: la empr

  • La Contadora Robot: Renuncia y Caída   Capítulo 9

    Una semana después, un compañero me escribió: "La empresa ya estaba oficialmente bajo investigación."Los reembolsos absurdos que aprobó Andrea fueron apenas la chispa.Según me dijo, no solo aprobó gastos fuera de las reglas internas: también se autoaprobó varios "bonos". No eran montos enormes, pero la naturaleza del asunto ya había cambiado por completo.La autoridad tributaria y la policía siguieron el rastro y encontraron más.Adrián llevaba años usando facturas falsas para sacar dinero y armar su propia "caja chica". Sumando todo, ya era un caso grave de apropiación indebida.Mónica trató la cuenta de la empresa como si fuera su cajero personal: bolsos, joyas… hasta la cuota de mantenimiento del condominio la pagaba con dinero de la empresa. Como directora financiera, no sabía nada de finanzas, pero abusó del cargo y dejó huellas clarísimas de operaciones irregulares.Para ese punto, los tres ya estaban detenidos.Cualquiera lo veía venir: lo que venía era una sentencia justa.Y

  • La Contadora Robot: Renuncia y Caída   Capítulo 8

    —Señora Hernández, según la auditoría, antes y después de su salida hubo múltiples egresos irregulares por montos altísimos en la cuenta de la empresa. Esto apunta a facturación falsa, desvío de fondos y otros asuntos graves. La suma total es enorme.Como no lo interrumpí, continuó:—Usted era la responsable de Finanzas en ese momento. Necesitamos que lo explique.Le eché un vistazo a los documentos.Ahí estaban. Todos. Los reembolsos que Andrea había aprobado. Era tan descarado que daba escalofríos.—Desde que presenté formalmente mi renuncia y finalicé la entrega-recepción del puesto, yo ya no era responsable de Finanzas —dije, sin levantar la voz.Hablé con calma, como si estuviera leyendo un informe.—Todo el proceso de entrega-recepción quedó registrado por correo electrónico. Está escrito claramente que, a partir de ese momento, el trabajo y la responsabilidad quedaban en manos de Andrea. Mónica, como directora financiera, y varios directores de área presentes pueden confirmarlo:

  • La Contadora Robot: Renuncia y Caída   Capítulo 7

    El primer día de vacaciones, apagué todas las notificaciones de los grupos del trabajo, puse el celular en silencio y el mundo se volvió tan tranquilo que hasta parecía falso.Ya no tenía que explicar una y otra vez por qué había que verificar si una factura era válida. Ya no tenía que repetirle a nadie cómo adjuntar las facturas. Ya no tenía que desvelarme conciliando cuentas por diferencias de centavos. Y, sobre todo, ya no tenía que "atender" a Mónica, que no sabía nada de finanzas, pero ordenaba con el dedo en alto como si el dinero cayera del cielo.Me pregunté, sin ganas de enojarme, si cuando decían que yo parecía un robot se les ocurría que, si yo repetía lo mismo, era porque ellos seguían cometiendo los mismos errores.Cuando solté el peso del trabajo, dormí. Dormí hasta que me desperté sola, por primera vez en quién sabe cuánto tiempo.Al abrir los ojos, fui al mercado a comprar ingredientes frescos y me preparé un desayuno bonito, de esos que una sola se prepara cuando no ti

  • La Contadora Robot: Renuncia y Caída   Capítulo 6

    Al pasar junto a Andrea, me detuve. Me acerqué a su oído y bajé la voz.—¿Te acuerdas del dólar que "metiste" para cuadrar? Si te atreves a tapar cosas a lo loco aunque sea un dólar, ¿tú crees que lo demás pasa una auditoría?Se quedó rígida. En la pantalla de su computadora, justo delante de ella, había una factura falsa, emitida a nombre de un tercero, por un monto de más de cien mil dólares.***Los inspectores se acercaron y pidieron revisar las computadoras.Andrea entró en pánico y se interpuso delante de ellos.—¡Espérenme! ¡Esta es mi computadora! ¿Cómo que van a revisar la computadora de alguien sin permiso? ¿Qué factura extraña? ¡Nada de eso! ¡Les advierto que no me difamen! ¿A ustedes qué les importa cuántas facturas emita? ¡Soy la directora de Finanzas! ¡Si quiero facturar, facturo!Pero por más que gesticuló y gritó, los inspectores no se detuvieron. Siguieron el procedimiento y empezaron la revisión.La oficina, después de unos segundos de silencio pesado, explotó.—Saltó

  • La Contadora Robot: Renuncia y Caída   Capítulo 5

    Yo le contesté con un tono hasta alegre:—Me voy de vacaciones. Me voy para siempre. Lo que pase con la empresa, desde hoy, ya no tiene nada que ver conmigo.Y colgué sin pensarlo.Del otro lado, el rugido de Rafael se cortó en seco.En la oficina, Mónica, que hace un minuto andaba con la barbilla en alto, se quedó congelada en cuanto vio a los inspectores de la autoridad tributaria.Ni alcanzó a reaccionar cuando el celular empezó a sonar una y otra vez.Contestó y apenas logró sacar un hilito de voz:—Amor…La interrumpieron de inmediato, a gritos:—¿Qué carajos dejaste que aprobara esa Andrea? ¿Dónde está la plata de la cuenta? ¡Necesito un informe ya! ¡Esto es una locura! ¿Por qué no me avisaste antes? ¿Quieres que la empresa se hunda?Mónica se quedó un segundo en blanco y luego, con una mueca, contestó como si le estuvieran reclamando por una compra cualquiera:—Ay, amor, ¿no se suponía que ya casi íbamos a salir a bolsa? ¿Qué importa un poquito de dinero? Plata hay de sobra, no

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status