LOGIN
Capítulo 1
Maitê Fernandes estaba casi segura de que se había vuelto loca. No había otra explicación plausible para haber terminado la noche desnuda, sudorosa y completamente entregada en los brazos de un completo desconocido. Un hombre al que había conocido hacía menos de una hora. Un hombre cuyo nombre todavía ignoraba, pero cuyo contacto aún ardía sobre su piel. Todo había comenzado de manera inocente... Maitê tomó una copa en la barra de la sofisticada discoteca a la que su adinerada amiga la había arrastrado aquella noche. Caminó lentamente entre personas de la alta sociedad, cuyas conversaciones giraban en torno a negocios y viajes internacionales. Definitivamente, ella no pertenecía a aquel mundo. «No es exactamente lo que me gustaría... pero tampoco tendría ningún problema si tuviera mucho dinero», pensó, riéndose discretamente de sí misma. La sonrisa desapareció de su rostro al instante. Entre tantas personas elegantemente vestidas, un hombre destacó de manera casi absurda. Era más alto que la mayoría y tenía los hombros anchos. Su presencia dominaba el ambiente. Alguien con un maletín corría detrás de él, aparentemente angustiado, mientras el hombre se dirigía hacia la barra, precisamente al lugar donde se encontraba Maitê. —Señor... señor, por favor —insistió el otro, casi tropezando con sus propios pies. El hombre suspiró, claramente irritado y al límite de su paciencia. —Basta, Ângelo. No voy a firmar ese documento. Si lo hago, terminaré ahorcándome —dijo, pasándose una mano por el cabello ligeramente entrecano en las sienes—. Un whisky doble, por favor. Maitê intentó fingir desinterés, pero sus ojos la traicionaron. Lo observó de reojo mientras él se apoyaba en la barra, aflojándose discretamente el nudo de la corbata, mientras el otro hombre se alejaba derrotado. Él sintió que alguien lo estaba observando. Se volvió lentamente y se encontró con los ojos de ella. —Parece que no soy el único que necesita una bebida fuerte esta noche —comentó con voz seductora y una leve sonrisa en sus labios perfectamente delineados. Maitê levantó su copa. —Creo que todos aquí la necesitan. Algunos simplemente disimulan mejor. La sonrisa de él se ensanchó, intrigado por aquella misteriosa mujer. —Por fin alguien sincero en este lugar. Más tarde, el ambiente entre Maitê y el desconocido se volvía cada vez más íntimo. —¿Qué te trae a un lugar como este? —preguntó él, inclinándose ligeramente hacia ella—. ¿Eres una directora ejecutiva? ¿Debería preocuparme? Maitê sonrió, haciendo girar la copa entre sus dedos antes de responder. —No tienes por qué preocuparte... por ahora —dijo, coqueteando abiertamente. Él captó la intención de inmediato. Y le gustó. Su sonrisa se acentuó. —Me gustan las mujeres misteriosas —murmuró—. Sobre todo las que no huyen cuando las provocan. Maitê sintió un ligero escalofrío recorrerle la espalda. Mientras conversaban, la bebida de Maitê se terminó. Dejó la copa vacía sobre la barra, sin darse cuenta de que él le hacía una discreta señal al camarero. —¿Otra? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta. —Solo si tú invitas —respondió ella, divertida. —Con mucho gusto. Algunas personas a su alrededor les lanzaban miradas curiosas. No era difícil percibir la conexión entre ambos. Entre los observadores, un hombre intentó acercarse demasiado, fingiendo revisar su teléfono móvil. Un periodista mal disimulado. El personal de seguridad reaccionó rápidamente al ver que el sospechoso se acercaba. En cuestión de segundos, fue identificado y retirado del lugar entre protestas. —¡Yo! ¡Esperen! Soy un invitado... Maitê abrió ligeramente los ojos, sorprendida. —¿Esto sucede con frecuencia? —preguntó. —Más de lo que me gustaría —respondió él con indiferencia. Después de algunas copas, algo cambió. La mirada de él se volvió más intensa. Más atenta. Más... maliciosa. Había hecho un esfuerzo colosal por mantener la compostura, por evitar que sus ojos delataran pensamientos que no encajaban con la imagen controlada que acostumbraba proyectar. Pero, a esas alturas, su autocontrol comenzaba a flaquear. El escote en V del vestido de Maitê parecía destacar más que antes. Tal vez fuera la iluminación. Tal vez el alcohol. O quizá simplemente la forma en que ella se movía con naturalidad, ajena al efecto que provocaba. Pero esta vez, él no apartó la mirada. Dejó que sus ojos recorrieran lentamente la piel expuesta, imaginando cómo se sentiría bajo sus dedos. Su piel parecía extraordinariamente suave... y peligrosamente tentadora. Maitê percibió el cambio en él. Arqueó una ceja, sin mostrar el menor pudor. Probablemente, el alcohol la había vuelto más desinhibida. —¿Todo bien? —preguntó, mirándolo con interés. Él sostuvo su mirada. Apoyó el codo sobre la barra y se inclinó un poco más, reduciendo la distancia entre ambos hasta un límite peligrosamente íntimo. —Sabes —dijo en voz baja— que ese tipo de mirada suele interpretarse como una invitación, ¿verdad? Ella sintió que el corazón se le aceleraba, pero continuó con la provocación. —¿Y tú acostumbras aceptar invitaciones de desconocidas?Capítulo 10Eran las 14 h cuando salieron del ascensor en la planta del ático.—¿Compraste un ático? —preguntó ella, sorprendida.—Yo no compro inmuebles —respondió Rafael con naturalidad—. Yo invierto.Una mujer elegante, de tacón fino y blazer impecable, los esperaba con una carpeta en las manos.—Señor Valença.Era Camila. Sonrió profesionalmente… hasta que sus ojos encontraron a Maitê. La sonrisa cambió.La mujer era hermosa. Camila lo entendió perfectamente. Él nunca siquiera flirteó con ella. Nunca abrió brechas. Nunca la miró con interés. Porque tenía a esa mujer a su lado. Hasta a ella le gustaría una mujer así si tuviera la oportunidad.—La documentación está lista —dijo, entregando la carpeta.Rafael tomó las llaves y entraron. Maitê caminó despacio mientras admiraba.—Esto es… surrealista.Él cerró la puerta; estaban solos.—Aquí es donde vas a vivir —dijo él, acercándose.—¿Sola?—No exactamente.Se detuvo frente a ella; los dedos tocaron la curva del rostro joven.—No ere
Capítulo 9El lunes, Maitê se detuvo frente al edificio espejado que reflejaba el cielo de la ciudad. La sede del Grupo Valença era aún más imponente en persona que en los reportajes económicos que a veces aparecían en la televisión del hospital.Respiró hondo antes de entrar.No llevaba marcas de diseñador. No llevaba tacones de marca famosa. Pero estaba bien vestida. Vestido social discreto, el pelo recogido con cuidado y maquillaje ligero.El mármol del vestíbulo brillaba de tan limpio. Hombres de traje pasaban apresurados.La recepcionista levantó la vista despacio. Su mirada fue rápida, evaluadora y juzgadora.—¿Qué desea?El tono era frío.—Tengo una reunión con el señor Valença a las 11.La mujer frunció el ceño. La miró de arriba abajo, deteniéndose en los zapatos sencillos, en el bolso sin logotipo famoso.—¿Su nombre?—Maitê Fernandes.La recepcionista parpadeó una vez, sorprendida. Comprobó en el sistema. El nombre realmente estaba allí.Aun así, parecía no creerlo.—Espere
Capítulo 8Rafael conducía con una mano en el volante y la otra apoyada en la ventanilla abierta. La dirección que había marcado con la agente inmobiliaria estaba guardada en el GPS: un edificio nuevo, una única torre de cristal y acero bautizada «Residencial Horizonte». Ático dúplex, 180 m², vistas de 360 grados, piscina privada en la terraza.Perfecto.Estacionó en la plaza reservada del aparcamiento subterráneo; la agente ya había liberado el acceso. Subió por el ascensor privado directamente al último piso. En cuanto salió del ascensor, ella ya estaba allí, esperándolo en el hall de entrada del apartamento.Camila, 32 años, rubia alta, cuerpo esculpido por el gimnasio, vestido ceñido y tacones altos rojo sangre que no dejaban duda sobre sus intenciones. La sonrisa era profesional, pero los ojos decían otra cosa.—Señor Valença —dijo ella, extendiendo la mano con uñas rojas perfectas—. Qué puntualidad. Me encantan los hombres que cumplen el horario.Rafael le estrechó la mano sin d
Capítulo 7Ella suspiró profundamente al entrar en el edificio antiguo; el olor a humedad se mezclaba con el de condimento de frijoles mientras subía por las escaleras estrechas.El ascensor llevaba semanas roto, otra vez, así que subió los peldaños despacio, con los músculos de las piernas todavía blandos por lo que había pasado en el hospital.—Casi llegamos.En el cuarto piso, como si tuviera un radar, la puerta del apartamento 402 se abrió antes siquiera de que ella llegara al rellano.El vecino, que siempre parecía olfatearla como un perro en celo, salió y se apoyó en el marco. Estaba solo en calzoncillos bóxer grises gastados, con la barriga ligeramente saliente, y cruzó los brazos exhibiendo músculos de gimnasio barato.—Hola, gatita. ¿Quieres follar hoy? —dijo con una sonrisa que él creía irresistible.Maitê se detuvo un segundo, lo miró de arriba abajo con una expresión de asco puro. El cuerpo estaba en forma, sí: depilado, bronceado de manera artificial, tatuajes mal hechos
Capítulo 6Rafael volvió a observarla. No tenía prisa por separarse de ella. Le gustaba la sensación de tenerla así, completamente a su merced.—Dime que lo deseas —susurró seductoramente, rozando sus labios con los de ella.—Es que... —Se interrumpió. Estaba claramente indecisa.—Ya lo sé. Te incomoda mi edad. Tengo cuarenta y cinco años, pero creo que eso no será un problema. Debes tener más o menos la edad de mi hijo, que tiene veinticinco.Maitê levantó el rostro, sorprendida.—Tengo veinticuatro años y vivo sola en un pequeño estudio. Pero no es eso...Él se apartó lentamente, separándose de ella con cuidado. Se acomodó los pantalones y permaneció cerca, escuchándola hablar.Maitê le contó un poco sobre su vida: el diminuto estudio en un barrio de las afueras, el sueldo de enfermera que apenas alcanzaba para pagar las cuentas, las agotadoras guardias y su madre, que vivía en el interior y necesitaba ayuda de vez en cuando.Hablaba con humildad, sin compadecerse de sí misma, pero
Capítulo 5Rafael atravesó la sala apresuradamente. En cuanto alcanzó a Maitê, le rodeó la cintura con los brazos y la levantó del suelo sin esfuerzo, abrazándola con una intensidad que la sorprendió.Necesitaba sentir que realmente estaba allí, frente a él, después de haber pensado tanto en aquella mujer que había desaparecido sin dar ninguna explicación.Durante unos instantes, se limitó a contemplar sus ojos castaños. Entonces, incapaz de contener cuánto la había echado de menos y la atracción que sentía, la besó apasionadamente.Maitê le correspondió de inmediato, rodeándole el cuello con los brazos y entrelazando los dedos en su cabello oscuro.—No te imaginas cuánto te he buscado —murmuró Rafael entre un beso y otro.—Rafael...—Pensé que nunca volvería a encontrarte.Ella le acarició el rostro, emocionada por la intensidad de aquellas palabras.—Pero estoy aquí.Él volvió a besarla, estrechándola cariñosamente contra su pecho. El recuerdo de la noche que habían compartido parec







