LOGINSe desató un murmullo general.Todos hablaban al mismo tiempo, tratando de entender qué significaban mis palabras.—¿Cómo que…? ¿Todo lo que decía Olivia era porque podía leerle la mente a Estela?—¡Con razón! Ella se la pasaba diciendo que era "Susurradora de Cadáveres", pero desde que Estela pasó a administración, Olivia ya no volvió a tocar una autopsia.Respiré hondo.Con la cámara enfocándome y tantas miradas clavadas en mí, hablé despacio para que no quedara ninguna duda.—Desde hace tiempo se me hacía rara esa "habilidad". Siempre se adelantaba a mis conclusiones, y lo que decía coincidía, palabra por palabra, con lo que yo estaba pensando.Hice una pausa y continué, mirándola de frente.—Hasta que un día descubrí que me lo había pegado un talismán. Por eso podía escuchar mis pensamientos.A Olivia se le fue el color de la cara. Intentó negarlo, desesperada.—¡Mentira! ¡Te lo estás inventando! ¡Yo no hice nada!Solté una risa seca.Saqué del bolsillo un frasquito con agua ritual
Olivia se quedó con una expresión de desconcierto, totalmente perdida, como si todavía no entendiera qué estaba pasando.Miró los comentarios de la transmisión en vivo con el pulso temblándole. Cuando habló, se le notaba el pánico:"¡Lo que dije es verdad! ¡Por favor, créanme! Yo nací con la capacidad de escuchar a los muertos; puedo saber qué fue lo último que vio o sintió la víctima."Pero la gente del chat no le tuvo ninguna compasión."¿Alguien más oyó eso? ¿Dijo que fue un accidente?""Esto huele a que quiere encubrir al asesino, ¿cómo se inventa algo tan absurdo?""¿Qué "Susurradora de Cadáveres" ni qué nada? ¡Puro cuento!""¿Ahora para ser forense ya no piden ni requisitos? ¿Con decir cualquier cosa ya te dan el puesto?"Olivia se quedó tiesa, clavada en el lugar, con los ojos muy abiertos.Unos segundos después, como si por fin lo entendiera, giró y me miró con odio, como si quisiera atravesarme con la mirada.—Estela, ¿me tendiste una trampa?Yo puse cara de inocente.—¿De qué
Mi primer día de vuelta en Medicina Forense, Olivia estaba demasiado contenta.Traía una sonrisa brillante pegada en la cara y, apenas me vio, se me acercó con un entusiasmo casi exagerado. Me tomó del brazo y empezó con su show de preocupación.—Estela, por fin volviste, te extrañábamos muchísimo. Lo de antes fue un malentendido, no te lo tomes a pecho. Para mí, tú siempre vas a ser la mejor forense de la ciudad.No le respondí, ni una palabra.Solo le pregunté por el caso.Olivia, sin perder un segundo, como si lo hubiera ensayado, soltó:—La víctima es un famoso. Dicen que era un idol, tenía bastantes fans. La agencia está encima, presionando todo el tiempo, quieren que resolvamos rápido.La miré con calma. Por dentro, me reí.Ella quería seguir siendo la "Susurradora de Cadáveres" adorada por todos, y por eso tenía que traerme de vuelta, sí o sí.Asentí.—Ya entendí. Ya es tarde. Mañana temprano arrancamos con la autopsia.Esa noche, al volver a casa, mi papá se me acercó con cara
Durante un tiempo, mi vida en el área administrativa fue sorprendentemente tranquila.Entraba y salía a mi hora, sin volver a ver el amanecer por turnos eternos, sin enfrentarme a casos enredados ni a esa presión que me aplastaba el pecho.Y cuando por fin dejé de cargar con ese peso, hasta mi cara cambió: el color volvió, la piel se me veía más viva.Mi mamá, al verme con tiempo libre todos los días, se emocionó. Me empezó a presentar a un montón de chicos guapos y con dinero, según ella para que por fin viera lo que valía la pena.Yo, poco a poco, empecé a disfrutar, a sentir que volvía a ser yo.Un día, estaba cenando en un restaurante con uno de esos chicos nuevos. Estábamos riéndonos, la conversación iba bien, cuando vi a Jaime acercándose.Tenía mala cara, el gesto torcido. Y apenas abrió la boca, escupió veneno:—Sí que eres una cualquiera. No han pasado ni unos días y ya estás con otro, ¿eh?Puse los ojos en blanco y le contesté sin filtro:—¿Y a ti qué? Ya terminamos.Mi frial
Apenas los familiares que estaban ahí escucharon que me iba a trasladar, como si por fin hubieran encontrado un lugar donde desahogarse, empezaron a tirar veneno.—¿Ahora sí se te ocurre pedir traslado? ¿Y antes qué?—Tanto que estuviste "trabajando", y lo único que hiciste fue que la víctima no pudiera descansar en paz. No sé qué pretendías.—Bueno, al menos tuviste un poquito de vergüenza. ¡Lárgate ya y no te quiero volver a ver en el área forense!—¡De ahora en adelante todo quedará en manos de Olivia! Yo sí creo que ella va a darles voz a más víctimas.Mis compañeros también se sumaron, con la misma mueca de desprecio.—Ya era hora. Con Olivia, ¿para qué te necesitamos?—Cuando no te da, no te aferres. Así, por lo menos, no haces quedar mal a la comisaría.Las palabras crueles me atravesaban como flechas, pero ya ni ganas me quedaban de responder.Jaime vio que todos felicitaban a Olivia mientras a mí me miraban con asco. Le noté la incomodidad: como si tenerme de novia le manchara
Los familiares de la víctima me arrebataron el informe de autopsia de las manos y lo compararon, palabra por palabra, con lo que Olivia acababa de decir.Unos segundos después, estallaron de furia y me gritaron en la cara:—¡Maldita seas! ¿De qué te sirve estar todos los días metida entre cadáveres? ¡La doctora Montoya ni siquiera tiene que mirar y ya sabe el resultado!—¡Llegaron a la misma conclusión, pero tú dejaste a mi hija hecha pedazos, sin poder entregárnosla entera! ¿No te da miedo que te castiguen?—¡Lárgate de la comisaría! ¡No queremos ni verte!Dicho esto, se lanzaron sobre mí como bestias fuera de control. Me agarraron del pelo y me estrellaron contra la pared.Por suerte, los compañeros de la oficina de al lado reaccionaron a tiempo y los detuvieron.Entre los presentes, alguien no se contuvo y trató de calmar los ánimos:—Tranquilos, Estela también está intentando esclarecer la verdad…Pero no alcanzó a terminar. La familia, desbordada de rabia, lo interrumpió:—¿Calmar







