تسجيل الدخولLa marca empezó con una pregunta.No con dientes.No con dolor.No con el lobo de Nick empujándolo hasta hacer algo inevitable.Una pregunta.—¿Estás segura?Yo estaba sentada sobre sus piernas.Su camisa había desaparecido hacía varios minutos.La mía todavía no.Apenas.Los dedos de Nick descansaban en mi cintura.No subían.No bajaban.Esperaban.—Sí.Su mirada recorrió mi cara.—¿Segura de qué?Fruncí el ceño.—¿Ahora haces exámenes?—Es importante.—Nick.—Dímelo.El calor me subió hasta las mejillas.—Quiero completar el vínculo.El silencio cambió.Su lobo golpeó dentro de él.Lo sentí.Mi loba respondió con tanta fuerza que tuve que cerrar los ojos.Nick apoyó una mano en mi nuca.Su pulgar rozó el lugar de la futura marca.Mi cuerpo entero se erizó.—Y la marca.Abrí los ojos.—También.Nick respiró.—No tienes que querer ambas cosas esta noche.—Las quiero.—Serafine...—He pensado en ello.Lo miré.—Mucho más de lo que me gustaría admitir.Eso hizo aparecer una sonrisa.—In
Fui a la habitación de Nick después de cenar.No antes.No porque estuviera intentando retrasarlo.Porque quería llegar cuando supiera por qué estaba allí.La puerta estaba abierta.Él estaba sentado junto a la ventana con un libro en las manos.No leía.Lo supe porque llevaba varios segundos mirando la misma página.—Hola.Levantó la cabeza.Su expresión cambió.No demasiado.Pero lo sentí en el vínculo.—Hola.Me quedé junto a la puerta.—¿Puedo entrar?Nick cerró el libro.—Siempre.Después se corrigió.—Bueno. Siempre que quieras.Sonreí.Eso era más él ahora.Entré.La puerta se cerró detrás de mí.No la cerró él.Lo hice yo.Nick lo vio.No dijo nada.Me acerqué hasta la cama.Me senté.Él permaneció junto a la ventana.Demasiado lejos.—¿Por qué estás ahí?—Porque no sé qué necesitas.La respuesta me tocó.—Acércate.Nick obedeció.Se sentó a mi lado.No me tocó.Otra vez esperando.Yo miré nuestras manos.—He estado pensando en aquella noche.Su cuerpo se tensó.—Serafine...—
Ariadne tardó cuatro días en preguntarme por Nick.Eso debía de haberle costado físicamente.Estábamos en los jardines.Yo revisaba unas plantas.Ella fingía leer.Lo hacía fatal.—Puedes preguntar.Ariadne levantó la cabeza.—¿Qué?—Llevas veinte minutos mirando la misma página.Miró el libro.—Es muy interesante.—Está al revés.Silencio.Después lo cerró.—Bien.Me reí.—Pregunta.Ariadne respiró.—¿Cómo estás con Nick?Directo.La prefería así.—Mejor.—¿Eso significa...?Se detuvo.La miré.—¿Qué?—Nada.—Ariadne.—No quiero empujarte.Eso me sorprendió.—Normalmente no tienes ese problema.—Normalmente no acabas de pasar por una manipulación diseñada para hacerte dudar de tu compañero y de tu propia sexualidad.El tono era serio.Me senté junto a ella.—No sé qué viene ahora.—No necesitas saberlo.—Todo el mundo dice eso.—Porque es verdad.Miré las flores.Desde que había regresado estaban creciendo más.No quería pensar ahora en poderes.—Dormimos separados.—Lo sé.Sentí cal
Dormimos separados.Tres noches.No porque estuviéramos enfadados.Porque lo necesitábamos.La primera noche fue horrible.Mi loba no entendía.Caminaba inquieta dentro de mí.Nick estaba al otro lado de la pared.Podía sentirlo.Despierto.También inquieto.La puerta comunicante estaba cerrada.No con llave.Eso importaba.Podía abrirla.Él también.Ninguno lo hizo.A la mañana siguiente desayunamos juntos.Normal.O intentando.Nick leyó documentos.Yo practiqué escritura.Nuestras manos se rozaron cuando ambos cogimos la miel.Mi cuerpo se tensó un poco.Nick retiró la suya.Sin hacer cara.Sin convertirlo en momento.Lo agradecí.—¿Consejo? —pregunté.—Dentro de una hora.—¿Cassandra?—Declarará esta tarde.Asentí.Silencio.—¿Y tú?Nick levantó la mirada.—¿Qué?—¿Cómo estás?La pregunta pareció sorprenderlo.—Bien.Levanté una ceja.—Mientes mal.Su boca se movió.—Eso es mío.—No.Señalé con la pluma.—No me robes las frases.Nick sonrió.Después dejó los papeles.—Estoy enfada
Dormimos separados.Tres noches.No porque estuviéramos enfadados.Porque lo necesitábamos.La primera noche fue horrible.Mi loba no entendía.Caminaba inquieta dentro de mí.Nick estaba al otro lado de la pared.Podía sentirlo.Despierto.También inquieto.La puerta comunicante estaba cerrada.No con llave.Eso importaba.Podía abrirla.Él también.Ninguno lo hizo.A la mañana siguiente desayunamos juntos.Normal.O intentando.Nick leyó documentos.Yo practiqué escritura.Nuestras manos se rozaron cuando ambos cogimos la miel.Mi cuerpo se tensó un poco.Nick retiró la suya.Sin hacer cara.Sin convertirlo en momento.Lo agradecí.—¿Consejo? —pregunté.—Dentro de una hora.—¿Cassandra?—Declarará esta tarde.Asentí.Silencio.—¿Y tú?Nick levantó la mirada.—¿Qué?—¿Cómo estás?La pregunta pareció sorprenderlo.—Bien.Levanté una ceja.—Mientes mal.Su boca se movió.—Eso es mío.—No.Señalé con la pluma.—No me robes las frases.Nick sonrió.Después dejó los papeles.—Estoy enfada
Nick tenía pruebas.Todas.El vino.La sustancia.La declaración de Cassandra.La información de los hombres del norte.La localización de la bruja.Incluso una carta que Cassandra había enviado semanas atrás a uno de los intermediarios de Espina Negra.Todo encajaba.Y aun así, cuando Nick intentó besarme, mi cuerpo se tensó.Fue automático.No porque no quisiera.Eso era lo que más dolía.Estábamos en mis habitaciones.Él había venido después de la reunión con el Consejo.Me contó todo.Después se acercó.Despacio.Levantó una mano.—¿Puedo?Asentí.Sus dedos tocaron mi mejilla.Bien.Calor.Conocido.Seguro.Nick se inclinó.Su boca quedó cerca.Y de pronto vi a Cassandra.No realmente.En mi cabeza.Su cuerpo junto al suyo.La mano.El perfume.Me aparté.Nick se detuvo inmediatamente.—Está bien.La vergüenza llegó.—No.—Serafine.—Quería.—Lo sé.Me llevé una mano a la frente.—Esto es absurdo.—No.—Sé que no hiciste nada.—Lo sé.—Sé que te drogaron.—Sí.—Sé que Cassandra mi







