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Capítulo 2

Author: Self-love
last update publish date: 2026-08-07 00:11:35

Al acercarse a la salida de su habitación, Ashley se detuvo de golpe y volvió la vista hacia Isabella tras oír su inesperada declaración.

—Mi querida y patética hermana, ¿por qué me miras así? Sí, escuchaste bien. James y yo nos vamos a comprometer, Ash —declaró Isabella con una sonrisa burlona y autosuficiente. Ver a Ashley sin palabras le producía una inmensa alegría.

Por el contrario, Ashley se sentía profundamente traicionada y herida. Si no fuera porque Isabella y James habían tenido relaciones el día de su cumpleaños, ella no habría terminado en la habitación de un desconocido entregándose a él.

Toda su desgracia provenía de Isabella y de la relación de cinco años que había mantenido con James. El dolor era desgarrador. Sin embargo, Ashley no le daría a Isabella el placer de verla sufrir. Soltó una risa sarcástica, para gran sorpresa de su hermanastra.

—Bueno, entonces felicidades a la pareja más repugnante que existe. Mi hermanastra y mi novio de cinco años acostándose el día de mi cumpleaños. Absolutamente asqueroso. Sabes qué, Isa... —Ashley se acercó a Isabella y le susurró al oído—: Eres la única persona que valoraría un pedazo de papel higiénico usado.

Ashley dejó a una Isabella furiosa detrás de ella en la habitación.

Isabella estaba impactada y desconcertada. No le importaba si Ashley los había visto a ella y a James en la cama; lo que realmente le perturbaba era por qué Ashley se había guardado el secreto todo este tiempo.

Siguió a Ashley escaleras abajo, sabiendo que James no tardaría en llegar a visitarla. Isabella no quería que James y Ashley hablaran a sus espaldas.

Al llegar al final de la escalera, Ashley vio a su padre sentado en un sillón del pasillo, totalmente impasible. La Sra. Green estaba sentada a su lado. Ashley sintió una punzada en el corazón al ver cómo su propio padre la trataba como a una desconocida.

—Ash, querida, ¿tienes dinero? Si necesitas ayuda financiera, estoy dispuesta a dártela —preguntó la Sra. Green con malicia.

La hipocresía de la Sra. Green le producía náuseas a Ashley. Estaba segura de que tanto la Sra. Green como Isabella se ganarían un Óscar si fueran actrices.

—Ni se te ocurra darle ni un solo centavo. Que le pida apoyo al padre del hijo que lleva en el vientre —espetó el Sr. Miller a su esposa.

A Ashley no le sorprendieron en absoluto las palabras de su padre. Sabía que era capaz de decir cosas aún peores, y le dolía. Le carcomía el alma que su propio padre biológico la tratara como a una basura.

Pese a todo, no les daría la satisfacción de verla derrumbarse.

—Sra. Green, en caso de que esté sufriendo de amnesia selectiva, permítame recordarle algo —hizo una pausa, con una determinación de acero reflejada en la mirada.

Con una sonrisa socarrona dibujada en el rostro, Ashley exclamó:

—¡Todas estas cosas lujosas, la casa que le pertenece a la Compañía Miller y el dinero del que disfrutan vienen de MI MADRE!

Decidida a hacer valer su independencia y a poner a todos en su lugar, Ashley había tomado la decisión de abandonar la casa que su madre había construido para ella y para el hombre que afirmaba ser su padre.

El Sr. Miller, sintiendo el impulso de abofetear a Ashley una vez más, se frenó en seco al escuchar sus palabras.

—Adelante, abofetéame, es lo único que sabes hacer. ¿Por qué te detienes? ¿Acaso no te da placer complacer a tu amante y a tu hija ilegítima dándome bofetadas? —gritó Ashley desafiante a su padre, habiendo alcanzado finalmente su límite.

—¿Cómo puedes hablarle así a tu padre, Ashley? —intervino la Sra. Green, intentando calmar la situación.

Con una risa sarcástica, Ashley le respondió a la Sra. Green:

—Parece que perdió el piso, Sra. Green. ¿Ya se le olvidó que este hombre que tengo enfrente me repudió hace un momento? Ya no soy su hija, ¿se acuerda? Y dígame, ¿dije algo que no fuera cierto? ¿Acaso no es verdad que él se casó con mi mamá cuando no tenía absolutamente nada y estaba en la miseria?

Una sola lágrima rodó por las mejillas de Ashley al terminar de hablar.

Incapaz de contener su ira por más tiempo, el Sr. Miller volvió a abofetear a Ashley. Su frustración provenía del doloroso recordatorio de su pasado. Ashley empezó a considerar seriamente ir a revisarse los oídos, habiendo recibido tantas bofetadas en un solo día.

Sin embargo, Ashley se negó a dar un paso atrás.

—Vaya, Sr. Miller, la verdad duele, ¿cierto? —Ashley desató su rabia contenida sobre su padre—. ¿Le avergüenza su pasado? ¿Le avergüenza haber traicionado a la mujer que lo ayudó cuando usted no era nadie? ¿Acaso sabe que tiene una hija ilegítima en alguna parte, concebida a sus espaldas?

—¡LÁRGATE DE AQUÍ AHORA MISMO! —gritó el Sr. Miller.

—Ya me voy. Espero que el fantasma de mi madre los persiga a todos hasta la tumba —escupió Ashley antes de darse la vuelta para salir.

Cuando sonó el timbre de la entrada, Ashley no le prestó atención a quien fuera que estuviera de visita. Sin embargo, Isabella, sabiendo que era James quien estaba en la puerta, corrió rápidamente a abrir.

Isabella maldijo entre dientes, esperando desesperadamente que Ashley y James no se cruzaran. Desafortunadamente, la suerte no estaba de su lado.

Al levantar la mirada, Ashley vio inesperadamente a su exnovio de cinco años y a la hermana de este, quien solía ser su mejor amiga. Aunque impresionada, logró ocultar sus emociones y pasó de largo junto a ellos sin registrar su presencia. Ya había soportado suficiente humillación por parte de su familia como para perder más el tiempo con ellos.

Al verla con las maletas, James le preguntó a Ashley si se marchaba de la casa. Ante esto, Ashley se vio invadida por la rabia. ¿Cómo se atrevía?

—Para tu información, te diriges a mí como Ashley. Y además, no te importa en lo absoluto si me voy o no de esta casa —respondió Ashley tajantemente.

Si James y su hermanastra no la hubieran traicionado, ninguno de estos desafortunados eventos habría ocurrido. No se habría acostado con un desconocido y no habría quedado embarazada a la corta edad de dieciocho años.

—Ashley, por favor, no seas grosera. James solo preguntó porque de verdad se preocupa por tu bienestar —defendió Isa a James, con la voz impostada por el dolor.

—Ni te molestes, Isa. El comportamiento de Ashley simplemente se debe a la vergüenza que le dan sus acciones, por eso ni siquiera puede sostenerle la mirada a mi hermano —se burló Cassandra, la hermana de James y la amiga más cercana de Ashley.

Ashley no podía creer lo que oía; se quedó helada en su sitio. Sin duda era cierto que uno descubre a sus verdaderos enemigos en los momentos de mayor dificultad.

Giró el cuerpo para encarar a todos los responsables de hacer de su vida un infierno, memorizando cada uno de sus rostros. Se juró a sí misma que algún día se vengaría de ellos, pagándoles con la misma moneda multiplicada por diez.

—Cassandra, me importa un carajo tu opinión sobre mí. Al menos yo tengo el decro de no cometer actos tan descarados como los de tu imbécil hermano y mi estúpida hermana, que se entregaron a sus deseos en el hotel el día de mi cumpleaños —dijo Ashley con desprecio.

Ashley sonrió con socarronería al escuchar las ahogadas exclamaciones de asombro de su padre y de la Sra. Green. Un grito de conmoción se le escapó a Cassandra, como si Ashley le hubiera dado un golpe físico en el rostro.

—¿A qué se refiere con eso, Isabella? —exigió saber el Sr. Miller lleno de ira. Sin embargo, eso era lo que menos le importaba a Ashley.

Como si las propias fuerzas de la naturaleza estuvieran en su contra, comenzó a llover a cántaros en cuanto salió de la casa.

Ashley se sentía miserable y sola, contemplando su difícil situación: una joven de dieciocho años con una criatura en el vientre, sin dinero y sin un techo sobre su cabeza.

Se hincó en el suelo fuera de la reja principal de la casa, sucumbiendo al llanto.

Sus sollozos no tardaron en convertirse en desgarradores lamentos. Había sido repudiada por su padre, la persona que debía amarla incondicionalmente.

El corazón le dolía de una forma insoportable. Aunque mantuvo una fachada de fortaleza frente a su familia, solo ella conocía la verdadera profundidad de su tormento interior.

Justo al lado de donde lloraba, había un auto de lujo estacionado. Dentro, un hombre observaba en silencio a la desdichada chica llorar bajo la lluvia, sin que ella lo supiera.

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