เข้าสู่ระบบHace dos meses (Flashback)
A primera hora de la mañana, Isabella sacudió a Ashley, que aún dormía plácidamente, instándola a despertarse.
—¡Hermana, hoy es tu día especial! ¡Despierta y celebremos! —exclamó Isabella, fingiendo entusiasmo.
Ashley refunfuñó mientras se sentaba en la cama, irritada por la interrupción.
—¿Qué quieres, Isabella? ¿No tienes nada mejor que hacer que arruinar mi sueño? ¿Estás decidida a arruinarlo todo, hasta mi descanso?
Isabella pareció sentirse herida por las palabras de Ashley, poniendo un gesto compungido mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.
—Ash, ¿tan difícil te resulta ver que estoy intentando mejorar nuestra relación? ¿Por qué siempre me ves de la peor manera?
Ashley se quedó desconcertada. Isabella era una maestra de la actuación, siempre haciéndose la víctima.
—Solo dime a qué viniste a mi habitación, Isabella —suspiró Ashley, intrigada.
Isabella sonrió y reveló su propósito.
—Hoy es tu cumpleaños, Ash. ¿Y adivina qué? Te voy a organizar una fiesta esta noche en el Hotel Plaza, a las 7:00 pm en punto —anunció con alegría.
—Isabella, ¿a qué juego estás jugando esta vez? Estoy cansada de tus trucos. Por favor, déjame tener un solo día en paz —implicó Ashley, frustrada.
Se pasó los dedos por el largo cabello negro y rizado, motivo de envidia para Isabella.
—Vamos, Ash. Te prometo que no estoy jugando a nada. Sé que no hemos tenido la mejor relación y entiendo que no confíes en mí. Pero quiero que seamos verdaderas hermanas. Por eso organizo esta fiesta, como una disculpa y un nuevo comienzo para nosotras —dijo Isabella con aparente sinceridad.
Ashley miró fijamente a Isabella, desconfiada de su repentina amabilidad. Isabella nunca había mostrado semejante generosidad sin intenciones ocultas.
Sin embargo, como no había celebrado su cumpleaños en los últimos dos años, consideró aceptar la propuesta.
Se levantó de la cama y abrazó a Isabella, intentando hacerse a la idea de un vínculo fraternal sincero.
Sin que Ashley lo supiera, Isabella mantenía una sonrisa maliciosa en el rostro. Todo salía según lo planeado.
—Gracias, Isa —dijo Ash, aunque aún albergaba dudas sobre la fiesta. Pero como era la cumpleañera, se sintió obligada a asistir.
—De nada, hermana. Ahora prepárate para brillar esta noche, porque también invité a tu querido James —dijo Isa, pareciendo sinceramente feliz por ella.
—Ah, casi lo olvido, Ash. Papá, mamá y yo te compramos un vestido de cumpleaños de regalo —añadió Isabella, mostrándole la prenda dentro de la gran caja que llevaba.
A Ashley se le iluminaron los ojos al ver el vestido y sonrió.
—Es absolutamente hermoso —murmuró.
Sin que ella lo notara, Isabella conservaba su sonrisa burlona.
—Aún falta mucho para la fiesta. ¿Por qué no disfrutas un poco? Porque tu vida va a cambiar después de esta noche —dijo Isa, fingiendo alegría.
A Ashley no le gustó esa última afirmación.
—¿A qué te refieres, Isa? —preguntó Ashley, frunciendo el ceño.
—Vamos, Ash, lo que quise decir es que nuestras vidas serán inseparables a partir de esta noche —explicó Isa, soltando otra mentira.
Ashley simplemente se limitó a asentir.
—Bueno, Ash, me voy para empezar a alistarme, ¿sí? —dijo Isabella, dándole un último abrazo antes de salir.
Cuando Isabella tomó el picaporte, la puerta se abrió de golpe. El Sr. Miller entró acompañado de la Sra. Green.
—Feliz cumpleaños, princesa. Escuché que vas a celebrar a lo grande este año. Ojalá pudiera estar contigo para festejar tu día especial —le dijo el Sr. Miller a Ashley con un tono lleno de afecto que le provocó lágrimas en los ojos.
Ashley abrazó a su padre con fuerza.
—Gracias, papá —respondió con la voz entrecortada por la emoción.
La Sra. Green e Isabella echaban chispas de rabia al presenciar la escena.
—Feliz cumpleaños, Ash —interrumpió la Sra. Green, cortando el abrazo a propósito. Sentía como una bofetada el darse cuenta de que su esposo nunca la querría a ella tanto como a su propia hija.
Isabella fue la primera en salir de la habitación. Tan pronto como cerró la puerta, no pudo evitar soltar una risita entre dientes.
—Ay, mi pobre hermana Ashley, esta noche comienza tu pesadilla —sonrió con malicia, dirigiéndose a su cuarto para prepararse rápidamente.
HOTEL PLAZA
A las 8:29 pm, la fiesta en el Hotel Plaza estaba en su máximo apogeo. Ashley recorrió el salón con la mirada, pero no había rastro de su novio ni de Isabella.
Decidió salir de la pista de baile para buscarlos, pero tropezó en el camino. Además, no lograba entender qué le pasaba, aunque era lo suficientemente astuta como para notar que algo andaba mal.
Muy probablemente le habían echado alguna droga en la bebida.
Sacudió la cabeza para intentar despejar su visión borrosa.
Se acercó a las puertas de las habitaciones privadas, intentando abrirlas una por una sin éxito al no tener una tarjeta de acceso.
Tras varios intentos, volvió a probar una manija y escuchó el sonido de gemidos y cuerpos impactando.
Su mundo se derrumbó por completo al empujar la puerta, que sorprendentemente no estaba bien cerrada.
Esos gemidos provenían de su novio y su hermanastra, quienes mantenían relaciones apasionadas ante la mirada atónita de Ashley.
Con el corazón destrozado y cubierta de lágrimas, Ashley se retiró en silencio, negándose a permitir que la descubrieran.
LA FAMILIA WESTWOOD
Al otro lado del mismo hotel, la familia Westwood se encontraba reunida.
Esta familia, reconocida como la más adinerada del país, era dueña de multitud de empresas y propiedades alrededor del mundo.
Las reuniones en el Hotel Plaza se habían convertido en un evento mensual habitual para los Westwood.
Decidido a reclamar el puesto de director ejecutivo en DWC, Steve Westwood no lograba comprender por qué sus abuelos le habían entregado la empresa de forma inexplicable a David Westwood, su odiado primo.
David poseía talentos extraordinarios y lograba constantemente lo que la mayoría consideraba imposible, gracias a su agudo intelecto y brillante capacidad.
Incansable, David enfocaba todo su tiempo y energía en el negocio familiar.
Cuando asumió el control de la compañía cinco años atrás, esta se encontraba en un estado crítico debido a la pésima gestión de Steve y al desvío indebido de fondos. En aquel entonces, Steve se desempeñaba como director interino.
Ante semejante inmadurez, sus abuelos optaron por otorgarle la dirección a su primo David.
David demostró ser infinitamente más competente que Steve.
Hizo todo lo que estuvo a su alcance para salvar a la empresa, la cual se hallaba al borde del colapso por culpa de las acciones de Steve.
Sin embargo, Steve jamás le concedió la paz que merecía; conspiraba constantemente en su contra en un intento por recuperar el puesto de director ejecutivo.
Una vez más, los padres de Steve habían convocado una reunión familiar ese día con el único propósito de convencer a David de cederle la compañía a Steve, aunque todos sus esfuerzos resultaban siempre en vano.
David no tenía ningún interés en asistir a la reunión, ya que la consideraba una pérdida de tiempo.
Sin embargo, sus abuelos le rogaron que los acompañara, prometiéndole que sería la última vez que lo someterían a un encuentro tan innecesario. Incapaz de negarse ante sus abuelos, David aceptó a regañadientes.
En la entrada del hotel, David y sus abuelos coincidieron con Steve y sus padres.
David mantuvo un aire de absoluta indiferencia, lo cual solo sirvió para enfurecer aún más a Steve.
Acercándose a David, Steve le apoyó la mano derecha sobre el hombro.
—Ni se te ocurra tocarme —le advirtió David con frialdad.
—Vaya, vaya, querido primo, no seas tan rencoroso. Recuerda que somos familia. Vaya, no veo a tus padres por aquí. ¿Aún no regresan de sus viajes? ¿Cómo pudieron traerte al mundo para luego olvidarse de ti? Qué pena, qué pena.
Steve lo provocaba esperando una reacción. Para su desgracia, a David no le inmutaron en lo más mínimo sus burlas, lo que enfureció todavía más a Steve.
Entre dientes, Steve le gruñó a David, recalcándole su antigüedad en la familia y reclamando su derecho sobre DWC.
Con un tono helado e inalterable, David lo desafió a que intentara recuperar lo que según él le pertenecía.
Sin embargo, la respuesta de Steve fue puramente siniestra; sonrió con malicia y le aseguró a David que no solo perdería DWC, sino que quedaría completamente en el olvido al finalizar la reunión. Con una amenaza susurrada, Steve dejó a David de pie en la entrada, desconcertado e incierto sobre lo que su primo planeaba.
Mientras David cavilaba sobre la inminente reunión familiar, una sensación de mal presagio lo invadió por completo. Aunque no podía precisar la causa exacta, en lo más profundo de su ser sabía que algo inquietante estaba por suceder.
Eric yacía en la cama de Jade, sintiéndose solo. No veía la hora de vivir finalmente con Jade como su esposo al día siguiente. Sin embargo, la fría noche lo castigaba mientras anhelaba la compañía de Jade. Poco antes de que el sueño lo venciera, Eric escuchó que alguien tocaba la ventana. Se levantó de la cama y caminó hacia ella, sintiendo algo de miedo. ¿Quién se atrevería a trepar hasta la ventana de la casa de los Westwood? No obstante, su duda quedó resuelta al ver a Jade sobre una escalera, sonriéndole torpemente. —¡JADE! —exclamó Eric sorprendido. —Shhh… bebé, no grites, por favor. Mamá y papá me matarán si me ven aquí… ¿Y podrías… por favor… dejarme entrar? —Por su forma de hablar, Eric notó que estaba ebrio. —Claro… pero ¿no crees que esto es una locura? Se supone que deberías estar en la fiesta, ¿qué haces aquí? Sabes que se supone que no debemos vernos hasta mañana —dijo Eric mientras le abría la ventana. —No puedo, bebé… No puedo estar lejos de ti hasta mañana. Me
Al día siguiente, Eric se despertó en la cama completamente solo, sin Jade a su lado como de costumbre. Fue al baño a buscarlo, pero no estaba allí. —¿Dónde diablos se metió? —se preguntó Eric mientras bajaba las escaleras para buscarlo. Ya eran las 8:37 a. m. y el desayuno estaba servido. —Buenos días tía, y tío Dave —saludó Eric mientras tomaba su asiento. Sus ojos recorrieron la casa con la esperanza de ubicar a Jade. —Buenos días, hijo. ¿Por qué estás solo? ¿Dónde está tu prometido? —preguntó Ashley, al notar también la ausencia de Jade. —No tengo idea, tía. Ya no estaba en la cama cuando me desperté —respondió Eric apenado. Estaba acostumbrado a despertar con Jade y recibir sus besos matutinos, pero hoy Jade lo había dejado para ir a saber dónde. —Buenos días, mamá, papá —saludó Jake mientras ayudaba a Annabelle con su silla antes de sentarse. —Buenos días, hijo, Anne, ¿cómo estuvo su noche? —respondió David. —Bastante bien, tío… —contestó Annabelle mientras le ser
—¡Vete al diablo, Lucas… ¡¡AIDEN ES MI HIJO!! —tronó Jade furioso mientras se adelantaba para tomar a Aiden del regazo de Lucas, pero Derrick lo detuvo. —Por favor Jade, solo dale unos minutos, por favor… —le pidió Derrick con ojos suplicantes. —¿Qu-qué quie-quieres de-decir con eso? —preguntó Marcus con la voz temblorosa, sin siquiera darse cuenta de que había bajado la guardia. Lucas le dirigió una sonrisa triste mientras las lágrimas no dejaban de brotar de sus ojos. —¿Puedes liberar a Rihanna primero, hermano? A Marcus no tuvieron que decírselo dos veces; cortó apresuradamente la cuerda que ataba a Rihanna y le quitó el pañuelo de la boca para volcar de nuevo toda su atención en Lucas. Rihanna corrió de inmediato hacia Lucas, tomó a Aiden de su regazo y apretó a su hijo dormido contra su pecho mientras sollozaba. —Así es, hermano, me escuchaste bien. Aiden no es hijo de Jade, ¡¡ES TU HIJO BIOLÓGICO!! —declaró Lucas con total firmeza. Marcus, sintiendo que perdía la cordura,
Jade sintió que la persona que tenía enfrente ya no era un ser humano. —¿Entonces por qué no te preguntas a ti mismo por qué te dejó? ¿Por qué no te preguntas también por qué tu hermano nunca se puso en contacto contigo durante todo este tiempo? No es como si se lo hubiéramos prohibido. A pesar de todo lo que pasó entre nosotros, a pesar de todo el maldito daño que nos hiciste a mí y a mi familia, aun así cuidamos de tu hermano. ¿Sabes por qué? Porque él era mi amigo antes de que toda esta m****a comenzara. Y también se convirtió en parte de la familia cuando nos fuimos del país con él. ¿No deberías estar feliz de que tu hermano menor haya conseguido una familia que lo ama y está ahí para protegerlo? Sé que tú nunca experimentaste lo que es el amor de familia, pero para nosotros, que fuimos lo suficientemente afortunados de tenerlo, nos aseguramos de compartirlo. Lucas ya no es solo un amigo para mí, es mi familia. Una familia por la que moriría protegiendo. Y como bien me conoces, pr
Jade condujo su vehículo de inmediato hacia la ubicación que le había dado Marcus. Sin embargo, antes de eso, se aseguró de que todos los demás estuvieran a salvo y fuera de peligro. Jade no sabía cuál sería el desenlace de su desafortunado encuentro con Marcus, por lo que llamó a Derrick para informarle sobre la situación. Le preguntó si Lucas estaba seguro en la casa con él, lo cual Derrick confirmó para tranquilidad del sobresaltado corazón de Jade. —¿Qué pasa, amor? ¿Por qué te ves tan tenso? ¿Para qué te llamó Jade? ¿Por qué te buscó? —preguntó Lucas a Derrick al notar el rostro alterado de su novio. Aunque Marcus le había hecho prometer a Jade que no le diría nada a Lucas, Derrick sabía que tenía que hacerlo; debía contarle la verdad. Tal vez solo Lucas podía detener la locura de su hermano. —Mi amor, tenemos un gran problema… Tu hermano secuestró a Rihanna a cambio de ti, pero Jade se negó y le advirtió que se mantuviera alejado de ti. Le pidió a Jade que se reunieran para
Le agradeció con una sonrisa antes de percatarse de los rostros estupefactos de los mayores. —Papá, Tío, ¿cómo están? ¿Cómo estuvo su noche? —les pregunto a sus padres, quienes sacudieron la cabeza para recobrar el sentido. —No-nosotros… eh… estamos bien, quiero decir, estamos bien, princesa —tartamudeó Brian. Annabelle quiso preguntarle cuál era el problema, pero se detuvo al escuchar a Eric insultando a Jade. —Bájame, Jade. Dije que puedo caminar. Vete al diablo, bájame de una maldita vez —Eric continuaba soltando palabrotas contra Jade mientras los demás en la mesa los observaban con caras divertidas. —Bebé, no seas tímido. Carajo, no es la primera vez que te cargo y no será la última. Y ni siquiera estoy seguro de que puedas mantenerte en pie por ti mismo. No voy a tomar ese riesgo, así que por favor, solo déjate llevar, ¿sí? —le habló Jade con dulzura. Eric solo suspiró y apoyó la cabeza en el pecho de Jade. Parecía que Jade siempre sería el esposo entre los dos, mientras qu







