LOGINDevon se acercó un poco más, protegiéndola ligeramente de las miradas indiscretas de los demás miembros de la junta.—Vas a trabajar hasta llevarte a una tumba prematura, Salma, si no aprendes a disfrutar de verdad de noches como esta.—Estoy disfrutando —respondió Salma con suavidad, aunque su tono estaba completamente a la defensiva.Joyce miró su tableta y arqueó una ceja.—Eso ha sonado completamente ensayado, señora.—Probablemente lo estaba —se rio Devon.—He notado algo en ella durante estos últimos dos meses.Tanto Joyce como Salma giraron la cabeza para mirarlo.—Salma en realidad no sabe cómo relajarse —dijo Devon, con sus ojos color avellana brillando de diversión.—De hecho, creo que disfruta del caos —añadió en tono conspirador mientras se reía.Salma abrió la boca, fingiendo estar ofendida, y se llevó una mano al pecho.—Yo no, Devon.—Claro que sí —insistió él, bajando la voz de manera dramática para imitar a una asistente—. Si pudiera, se enviaría a sí misma una invita
El vestidor de la suite del ático estaba completamente en silencio, salvo por el suave tic tac del reloj en la pared. Salma permanecía completamente inmóvil frente al espejo de cuerpo entero, observando cómo su estilista personal sujetaba meticulosamente los últimos mechones rebeldes de su cabello en un elegante moño bajo.Sentía el pecho oprimido. Eran exactamente las 7:30 p. m. del viernes por la noche. Su maquillaje era casi impecable en su sencillez: sombras de ojos en tonos bronce cálido, pestañas ligeras y bien definidas, pómulos suavemente esculpidos y una capa de brillo labial nude que disimulaba la tensión de su mandíbula. Su cabello estaba perfectamente en su sitio, salvo por dos rizos suaves y delicados que había dejado caer intencionadamente para enmarcar su rostro cincelado.De sus orejas colgaban unos pendientes de diamantes de Harry Winston que rozaban ligeramente su cuello cada vez que movía la cabeza, captando la tenue luz de la habitación. Una pulsera tennis a juego
Salma se había despertado una semana atrás con la sensación de que su vida ya no le pertenecía. Llevaba dos meses casada y, de alguna manera, había conseguido establecer una rutina para mantener tranquilos a todos los hombres con los que de repente tenía que lidiar en su vida. Pero la cruda verdad era que estaba perdiendo a diario la mejor parte de su vida. Aria se estaba alejando poco a poco de ella. El amor de su vida se estaba quedando cada vez más en silencio, y Salma había estado tan absorta en el Testamento y en los deseos de su padre que había perdido completamente de vista lo que de verdad importaba y lo que la hacía feliz, verdaderamente feliz.Había pasado toda la semana evitando a todos los hombres y concentrándose estrictamente en el trabajo. A pesar de todos sus esfuerzos, seguía sin poder hablar con Aria apropiadamente sin inventar alguna excusa poco convincente para terminar la llamada antes de que la culpa la delatara. Para sobrellevarlo, había aceptado todas y cada un
Shane intentó hacerle una señal discreta con un firme movimiento de cabeza, rogándole que no se acercara.Aunque al principio Cherry se había mostrado reacia a que Shane aceptara el trato, le había hecho prometer que lo mantendría estrictamente profesional y que no habría ningún trato especial, y Shane había aceptado sin problema. Sabía que llevar a Salma allí, al restaurante al que Cherry lo había llevado para celebrar su aniversario, era una mala idea, pero estaba tan absorto en sus pensamientos, intentando hacer todo lo posible por complacer a Salma. Antes de que Cherry pudiera acercarse tambaleándose, Shane se volvió hacia Salma.—¿Quieres salir de aquí?Salma pareció emocionada por el repentino cambio de planes y asintió con entusiasmo. Sin embargo, no estaba completamente ajena a lo que ocurría; había notado su repentino pánico, y sus ojos siguieron brevemente la dirección de su mirada hasta la influencer de estilo de vida que se acercaba tambaleándose y el grupo de amigos que l
Para el resto del mundo, Shane era un coqueto despiadado y calculador, de físico encantador, pero su rutina de los martes y jueves era la que había tomado a Salma completamente por sorpresa. Mientras Adam llevaba sus límites al extremo con sus noches desenfrenadas de discotecas, fiestas y sexo, y Devon la desafiaba con su sumisión, Shane la estaba cortejando de verdad, de una manera deliberada y romántica.Después de que su padre falleciera, había jurado afrontar aquella condena matrimonial de doce meses con una madurez estricta y profesional. Apenas llevaba siete semanas dentro de aquel acuerdo, intentando hacer todo lo posible por mantener una actitud abierta hacia todos los hombres de su vida, pero el enfoque particular de Shane la irritaba. No solo lo había ignorado durante sus primeras presentaciones porque estaba demasiado ocupada mirando a Devon, el más femenino de los tres, sino que Shane realmente creía que podía conseguir que dejara de ser gay simplemente siendo dulce y adop
El beso profundo y prolongado bajo el cielo ámbar que se desvanecía los dejó a ambos sin aliento. Cuando Devon se apartó lentamente, sus cálidos ojos marrones estaban oscurecidos y un suave rubor le calentaba el rostro. Incluso con su esbelta estatura de un metro ochenta y tres, su cuerpo atlético y entrenado transmitía una fuerza silenciosa adquirida durante años de artes marciales y entrenamiento de combate, pero en aquel porche se despojaba voluntariamente de toda aquella guardia. Salma levantó la mirada hacia él, con sus ojos felinos brillando con una chispa juguetona y dominante que tomó por completo el control del espacio entre ambos al instante.—Vamos dentro, Devon —murmuró, con una voz suave e inquebrantable.Devon asintió, con una suave sonrisa sumisa jugando en sus labios mientras dejaba que ella tomara su mano. Atravesaron las puertas de cristal y entraron en la penumbra de la suite principal, con las pesadas cortinas ya corridas para bloquear el resto del mundo. Para Salm







