Sr. MÜLLER SU ESPOSA ES UNA IMPOSTORA

Sr. MÜLLER SU ESPOSA ES UNA IMPOSTORA

last updateÚltima actualización : 2026-08-28
Por:  Bea MedinaActualizado ahora
Idioma: Spanish
goodnovel16goodnovel
No hay suficientes calificaciones
27Capítulos
697vistas
Leer
Agregar a biblioteca

Compartir:  

Reportar
Resumen
Catálogo
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP

En la implacable élite de Marbella del Sur, donde cuatro familias controlan el poder, la fortuna y el destino de todos, los matrimonios nunca nacen del amor. Son contratos. Alianzas. Armas. Casarse no significa encontrar un esposo… significa sobrevivir. Elena Voss, de veinticuatro años, jamás imaginó que terminaría ocupando el lugar de su hermana el día de su boda. Obligada por su propia familia y atrapada en un juego de intereses del que no puede escapar, acepta convertirse en la esposa de Damián Müller, el heredero de una de las cuatro familias más poderosas del país. Para el mundo, ella es la señora Müller. Pero la verdad es mucho más peligrosa. ¡ES UNA IMPOSTORA! Mientras intenta mantener oculta la verdad sobre su identidad, Elena descubre que la mayor amenaza no siempre proviene del hombre con quien comparte el matrimonio, sino de las personas que harían cualquier cosa por destruir a las cuatro grandes familias. Porque en ese mundo las mentiras tienen un precio. Y cuando la verdad salga a la luz, solo una pregunta importará... ¿Qué ocurrirá cuando el señor Müller descubra que la mujer de la que comienza a enamorarse... nunca fue su verdadera esposa?

Ver más

Capítulo 1

La mujer equivocada

—¿Dónde está mi hija? ¡Alguien la ha visto!

Faltaban veintiocho minutos para que comenzara la boda cuando Carmen Voss comprendió que su hija había desaparecido.

El vestíbulo de la mansión familiar, en las colinas de Marbella, llevaba toda la mañana lleno de floristas, camareros, estilistas e invitados que preguntaban dónde debían sentarse. Sin embargo, en cuestión de minutos, el movimiento organizado se había convertido en un caos que nadie conseguía disimular. Los tacones resonaban sobre el mármol blanco, las bandejas de champán cambiaban de dirección cada vez que alguien cruzaba corriendo y las mujeres encargadas de preparar a la novia subían y bajaban las escaleras con la misma respuesta: Isabella no estaba en su habitación, tampoco en los baños ni en ninguno de los salones privados.

—¡Isabella! —La voz de Carmen atravesó el vestíbulo por tercera vez—. ¡Que alguien revise el jardín trasero! ¡Y llamen al conductor!

Una de las empleadas se acercó con el rostro pálido y una hoja doblada entre las manos. —Señora Voss… encontramos esto sobre la cama.

Carmen le arrebató la nota. Leyó apenas las primeras líneas antes de apretar el papel con tanta fuerza que terminó arrugándolo. No lloró. Ni siquiera pareció sorprendida. Durante un instante se limitó a permanecer inmóvil, como si estuviera haciendo cuentas y ninguna de ellas le diera un resultado favorable.

Después levantó la vista. —Nadie comenta una sola palabra de esto —ordenó—. Si algún invitado pregunta, Isabella está terminando de prepararse. ¿Entendido?

Las empleadas asintieron antes de dispersarse por el vestíbulo. Carmen respiró hondo, se llevó una mano al pecho y trató de recuperar la compostura. El maquillaje seguía intacto, pero la expresión de su rostro ya no podía ocultar el miedo. A pocos metros de allí, Elena Voss observaba la escena sin comprender del todo qué estaba pasando.

Había llegado a la mansión hacía menos de diez minutos, todavía con el cansancio del vuelo desde París y la maleta guardada en el coche que la había recogido en el aeropuerto. Su única preocupación durante el trayecto había sido que Isabella se enfadara porque no alcanzaría a acompañarla durante toda la preparación. Había imaginado que subiría a saludarla, se cambiaría de ropa y ocuparía su lugar como dama de honor sin llamar demasiado la atención.

No había imaginado encontrar a su madre dando órdenes como si intentara detener una catástrofe. Elena salió de detrás de la columna donde se había detenido y avanzó unos pasos.

—Mamá.

Carmen se giró al escucharla. La tensión de su rostro cambió de inmediato y, durante un segundo, Elena creyó que se alegraba de verla. Luego notó la forma en que su madre la observaba: el cabello, la altura, el rostro y, finalmente, sus ojos. No era alivio por tener a su hija de regreso. Era otra cosa.

—Elena… —murmuró.

Cruzó la distancia entre ambas, la sujetó por los brazos y la apartó hacia uno de los pasillos laterales, lejos de los invitados y del personal que todavía recorría la casa.

—¿Qué ocurre? —preguntó Elena—. ¿Dónde está Isabella?

Carmen miró a ambos lados antes de responder. —Se ha ido.

Elena frunció el ceño. —¿Cómo que se ha ido?

—Ha escapado. Dejó una nota diciendo que no podía casarse con él, que no soportaba la idea de vivir de esa manera y que necesitaba empezar de nuevo lejos de Marbella.

Elena tardó unos segundos en procesarlo. —¿Ha escapado hoy?

—Sí.

—¿El mismo día de su boda?

—No necesito que repitas lo evidente.

—Mamá, faltan menos de treinta minutos para la ceremonia.

—Lo sé perfectamente.

La respuesta de Carmen salió más brusca de lo que pretendía. Cerró los ojos un instante y, cuando volvió a hablar, bajó la voz. —Tu padre está en el jardín intentando mantener entretenidos a los Müller. Les dijo que tu hermana tuvo un problema con el vestido, pero esa excusa no durará demasiado. Damián ya ha preguntado dos veces por qué se retrasa.

Elena miró hacia las puertas abiertas del salón principal. Desde allí alcanzaba a ver una parte del jardín preparado para la ceremonia. Las sillas blancas estaban alineadas frente a un arco cubierto de rosas y ramas de naranjo. Los invitados conversaban entre ellos, todavía ajenos al desastre, mientras un cuarteto de cuerda esperaba la señal para comenzar a tocar.

Al fondo, junto al altar, estaba Damián Müller.

No necesitó que nadie se lo señalara. Lo había visto en suficientes fotografías para reconocerlo. Alto, vestido con un traje negro impecable y con el cabello oscuro peinado hacia atrás, permanecía junto a su padre sin participar demasiado en la conversación. De vez en cuando consultaba su reloj. No parecía un hombre nervioso antes de su boda; parecía un empresario esperando que la otra parte llegara a firmar.

Elena apartó la mirada. —Tienen que decirle la verdad.

Carmen la miró como si acabara de sugerir algo imposible. —No podemos.

—Isabella no está. ¿Qué otra cosa piensas hacer?

—Si esta boda se cancela, los Müller retirarán su inversión y romperán todos los acuerdos con nosotros. Las otras familias sabrán que no pudimos cumplir con nuestra parte y aprovecharán la situación antes de que termine el día.

—Eso no puede ser más importante que decirle a un hombre que su novia ha huido.

—No se trata únicamente de la boda, Elena. Tu padre comprometió varias propiedades para sostener las operaciones de la empresa mientras se cerraba esta alianza. Si los Müller se retiran, no perderemos solo nuestra reputación. Podríamos perder la casa, los hoteles y una parte importante de todo lo que construimos.

Elena sintió que el malestar comenzaba a instalarse en su estómago. —¿Por qué nadie me contó nada de eso?

—Porque estabas estudiando en París y no queríamos preocuparte.

—Pero sí me llamaron cada vez que Isabella necesitaba que la convenciera de seguir adelante con el compromiso.

Carmen no respondió. No hacía falta. Durante los últimos meses, Elena había recibido llamadas a cualquier hora. Su madre le pedía que hablara con Isabella, que le recordara lo importante que era la boda y que dejara de comportarse como una niña. Isabella lloraba, prometía que lo intentaría y, pocos días después, volvía a decir que no quería casarse con Damián. Elena había creído que eran nervios. Ahora entendía que su hermana llevaba tiempo pensando en escapar.

—¿Sabes dónde está? —preguntó.

—No. Tiene el teléfono apagado y se llevó algunas cosas. El conductor afirma que salió antes del amanecer en un coche que no pertenece a la familia.

—Entonces hay que buscarla.

—No llegará a tiempo.

Carmen volvió a mirarla de aquella manera incómoda. Con atención. Calculando algo. Y Elena retrocedió un paso. —¿Por qué me miras así?

Su madre tardó demasiado en contestar. —Porque todavía podemos solucionar esto.

—¿Cómo?

Carmen sostuvo su mirada. —Tú puedes ocupar su lugar.

Elena pensó que había escuchado mal. —¿Qué has dicho?

—Solo durante la ceremonia. Te pondrás el vestido, la mantilla cubrirá parte de tu rostro y nadie notará la diferencia. Sois gemelas idénticas.

—No somos idénticas.

—Físicamente sí.

—No hablo como ella. No me comporto como ella y Damián la conoce.

—Apenas han hablado en privado. Este matrimonio fue negociado por las familias. Se han visto en cenas y eventos, pero nunca han tenido una relación verdadera. Si mantienes la calma y no hablas demasiado, no lo descubrirá.

Elena soltó una risa breve, sin humor. —¿Me estás pidiendo que me case con un desconocido fingiendo ser mi hermana?

—Te estoy pidiendo que nos ayudes a ganar tiempo.

—Una boda no sirve para ganar tiempo.

—Después encontraremos una solución. Podemos hablar con Isabella, anular el matrimonio o explicar que hubo una confusión cuando la situación esté bajo control.

—¿Una confusión? —Elena bajó todavía más la voz para que nadie las escuchara—. Mamá, cambiar a una novia por su gemela no es una confusión.

Carmen apretó los labios. Por primera vez, la seguridad que intentaba mantener se quebró y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—No sé qué más hacer —Elena permaneció en silencio—. Tu padre no soportaría perderlo todo —continuó Carmen—. Ha dedicado su vida a esta familia. Yo tampoco puedo salir al jardín y anunciar delante de las personas más poderosas de Marbella que nuestra hija huyó porque no quiso cumplir con su compromiso. Los Voss se convertirían en el tema de conversación de todo el país.

—Eso le importa más que lo que me estás pidiendo.

—Me importan las dos cosas.

—No lo parece.

Carmen le tomó las manos. —Solo tienes que ayudarnos hoy. Tu padre y yo nos encargaremos del resto. No permitiremos que te quedes atrapada en ese matrimonio.

Elena miró los dedos de su madre alrededor de los suyos. La promesa sonaba tranquilizadora, pero Carmen evitaba sostenerle la mirada. Eso le dijo más que cualquiera de sus palabras. —¿Y si Damián lo descubre en el altar?

—No lo hará.

—¿Y si lo descubre después?

—Entonces asumiremos las consecuencias.

Elena levantó los ojos hacia ella. —Las consecuencias las asumiré yo. Seré yo quien esté casada con él.

Carmen guardó silencio. Desde el jardín comenzó a escucharse el murmullo de los invitados. Alguien se acercó a las puertas y preguntó si la novia estaba preparada. Una empleada respondió que solo faltaban unos minutos.

Carmen apretó las manos de Elena. —Por favor. Si alguna vez esta familia ha significado algo para ti, no nos abandones ahora.

La frase encontró exactamente el lugar donde debía doler. Elena pensó en su padre, en la casa, en los hoteles y en los empleados que podían perder su trabajo si todo se derrumbaba. Pensó también en Isabella, lejos de allí, dejando que los demás arreglaran una vez más las consecuencias de sus decisiones. Era injusto. Completamente injusto. Pero también sabía que, si se negaba y la familia perdía todo, terminaría preguntándose durante años si pudo evitarlo.

Cerró los ojos y respiró hondo. —Solo la ceremonia —dijo al fin—. Después me contarán toda la verdad y buscaremos una manera de terminar con esto.

El alivio de Carmen fue inmediato. —Sí. Te lo prometo.

Elena no estaba segura de creerle. Aun así, asintió. —Está bien. Lo haré.

Carmen la abrazó con fuerza y empezó a repetir que todo saldría bien. Elena permaneció quieta entre sus brazos, sintiendo que acababa de tomar una decisión que no tendría una salida tan sencilla como su madre aseguraba.

Subieron juntas hasta la habitación de Isabella. El vestido de novia colgaba frente al espejo, rodeado de cajas de zapatos, joyas abiertas y ramos de flores. Era una pieza elegante de encaje francés, con mangas largas y una cola que parecía ocupar media habitación. Sobre la cama descansaba la mantilla negra que las mujeres Voss habían utilizado durante generaciones.

Carmen llamó a las estilistas y les dijo que Isabella había sufrido una crisis nerviosa, que no quería hablar con nadie y que debían terminar de prepararla sin hacer preguntas. Elena se mantuvo de espaldas mientras le quitaban la ropa y comenzaban a cerrar el vestido alrededor de su cuerpo. Ninguna de las mujeres pareció notar la diferencia. O, si lo hicieron, tuvieron suficiente sentido común para guardar silencio.

Cuando terminaron, Elena se observó en el espejo. El vestido le quedaba perfectamente. Por supuesto que le quedaba perfectamente. Tenía el mismo cuerpo, la misma estatura y el mismo rostro que su hermana. El cabello castaño oscuro caía en ondas sobre sus hombros y la mantilla cubría parcialmente sus facciones. Desde lejos, cualquier persona habría jurado que Isabella Voss estaba lista para casarse. Pero Elena conocía la verdad. Detrás del velo no estaba la mujer que Damián había aceptado como esposa. Estaba ella.

Un golpe suave sonó en la puerta. —Faltan seis minutos —informó una empleada.

Carmen le acomodó la mantilla con manos temblorosas. —No hables más de lo necesario. Mantén la cabeza alta y deja que todo ocurra. Cuando termine, encontraremos una solución.

Elena no respondió. Solo salió de la habitación y caminó hasta la escalera. Desde arriba podía ver el vestíbulo, ahora lleno de invitados que esperaban el inicio de la ceremonia. En cuanto apareció, las conversaciones comenzaron a apagarse. Abajo, las puertas que conducían al jardín estaban abiertas. Al otro lado, Damián Müller volvió la cabeza hacia la casa. Sus ojos se encontraron incluso desde la distancia. Elena sujetó el ramo con ambas manos y dio el primer paso. Nadie vio a Elena Voss bajar aquellas escaleras. Todos vieron a Isabella. Incluido el hombre que estaba a punto de convertirse en su esposo.

Expandir
Siguiente capítulo
Descargar

Último capítulo

Más capítulos

A los lectores

Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.


Sin comentarios
27 Capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status