เข้าสู่ระบบLos ojos de los retratos se abrieron al mismo tiempo.
Isabella retrocedió. —No… Las antiguas reinas la observaban desde las paredes. Algunas parecían jóvenes. Otras tenían rostros envejecidos. Pero todas tenían la misma expresión. Dolor. Como si hubieran esperado siglos para que alguien las escuchara. Adrian levantó su espada. —Quédate detrás de mí. —No. Él la miró. —¿No? —Estoy cansada de esconderme detrás de otras personas. Isabella tomó el diario de su madre con fuerza. Una de las pinturas comenzó a agrietarse. Después otra. Y otra. Hasta que el retrato de la Reina Victoria se desprendió lentamente de la pared. Una figura apareció frente a ellos. No era un fantasma transparente. Parecía una mujer real. Vestía un largo vestido blanco cubierto de manchas oscuras. Sus pies no tocaban el suelo. Isabella sintió un frío recorrerle el cuerpo. —¿Quién eres? La mujer levantó la cabeza. —La primera. Adrian palideció. —Victoria. La reina muerta lo miró. —Tú también regresaste. Isabella se volvió hacia él. —¿La conoces? Adrian negó con la cabeza. —Nunca la vi en mi primera vida. Victoria sonrió tristemente. —Pero él sí me vio. Isabella frunció el ceño. —¿Cuándo? Victoria respondió: —Después de tu muerte. Isabella sintió que su corazón se aceleraba. —¿Qué hiciste aquí? Victoria miró a Adrian. —Él vino buscando respuestas. Adrian permaneció en silencio. —¿Y qué encontraste? —preguntó Isabella. La reina muerta volvió sus ojos hacia ella. —La verdad. —Entonces dímela. Victoria se acercó. —Tu familia no fue elegida para gobernar este reino. Isabella quedó inmóvil. —¿Qué? —Fue elegida para alimentar la corona. Adrian bajó lentamente la espada. —No… Victoria continuó: —Cada cien años, la corona exige una reina. —¿Para qué? La mujer levantó una mano. La enorme corona de piedra tallada en la pared comenzó a brillar. —Para mantener encerrado aquello que duerme debajo del reino. Un estruendo sacudió la cripta. Isabella perdió el equilibrio. Adrian la sostuvo antes de que cayera. —¿Qué hay debajo? —preguntó. Victoria miró hacia el suelo. —Un rey. Isabella frunció el ceño. —¿Un rey? —El primer rey de este reino. Las paredes comenzaron a temblar. Victoria miró a Isabella con tristeza. —Y está despertando. ⸻ Un sonido profundo recorrió las profundidades del castillo. BUM. Después otro. BUM. Isabella sintió que el suelo vibraba bajo sus pies. —¿Qué está pasando? Victoria la miró. —Tu regreso despertó la prisión. Adrian apretó la mandíbula. —Eso tampoco ocurrió en nuestra primera vida. —Porque en la primera vida —respondió Victoria— Isabella murió antes de que la prisión pudiera reconocerla. Isabella sintió un escalofrío. —¿Reconocerme? Victoria señaló su pecho. —Tu sangre. Isabella bajó la mirada. La piedra roja del anillo de su madre brillaba intensamente. —¿Qué tiene mi sangre? Victoria se acercó. —Eres descendiente directa de la primera reina. Isabella quedó sin palabras. Adrian la miró. —Eso significa que… —Sí —dijo Victoria—. La reina muerta miró a Isabella. —La corona te pertenece. Silencio. Entonces las puertas de la cripta comenzaron a abrirse. Alguien había conseguido entrar. Pasos resonaron en el corredor. Adrian tomó nuevamente su espada. —¿Quién viene? Una voz masculina respondió desde fuera. —La guardia real. Isabella respiró aliviada. Pero Victoria negó lentamente con la cabeza. —No son ellos. Los pasos se acercaron. Adrian se puso delante de Isabella. —¿Cómo lo sabes? Victoria señaló el suelo. —Porque los guardias llevan armadura. Los pasos se detuvieron. No había sonido metálico. Solo silencio. Después… Una voz femenina habló. —Isabella. Ella reconoció aquella voz inmediatamente. Su hermana. Elena. —Abre la puerta. Isabella miró a Adrian. —¿Qué hacemos? Adrian se acercó a la puerta. —No abras. Elena volvió a hablar. —Sé que estás ahí. Isabella sintió que la respiración se le cortaba. —¿Cómo sabe que estamos aquí? Victoria la miró. —Porque ella también sabe de la cripta. Isabella abrió los ojos. —¿Elena? La reina muerta asintió. —En tu primera vida, ella vino aquí antes que tú. Isabella sintió una oleada de rabia. —¿Qué encontró? Victoria no respondió. Fue Adrian quien habló. —Encontró la corona. Isabella lo miró. —¿Y qué hizo con ella? Adrian bajó la voz. —La despertó. Un silencio absoluto llenó la cripta. Entonces la puerta comenzó a abrirse. Elena apareció al otro lado. Pero ya no llevaba el vestido elegante de la fiesta. Vestía completamente de negro. Y en su mano sostenía una daga. Miró a Isabella. Luego a Adrian. Finalmente miró a Victoria. Y sonrió. —Así que finalmente la encontraste. Isabella dio un paso atrás. —¿Qué quieres? Elena levantó la daga. —Lo mismo que quería hace diez años. —¿Mi corona? —No. Elena miró el anillo de Isabella. —Tu sangre.Isabella permaneció inmóvil después de escuchar las últimas palabras de Azrael.Está dentro de ti.No podía dejar de pensar en ellas.La reina que todos habían traicionado.Evelyne.No era simplemente un recuerdo.No era una historia antigua.Estaba dentro de ella.—Quiero que todos salgan —dijo Isabella.Los guerreros se miraron entre sí.—Majestad…—Ahora.Uno por uno abandonaron el salón.Adrian permaneció junto a ella.Victoria fue la última en moverse.—Tú también.Victoria la miró.—Isabella…—Necesito estar sola.Victoria bajó la cabeza y salió.Cuando las puertas se cerraron, Isabella respiró profundamente.—Evelyne.Nada ocurrió.—Si realmente estás dentro de mí… quiero hablar contigo.Silencio.Isabella cerró los ojos.—No voy a luchar contra ti.Una lágrima cayó por su mejilla.—Pero tampoco permitiré que vuelvas a controlar mi vida.Entonces escuchó una respiración.No provenía de la habitación.Provenía de ella.—No quiero controlarte.Isabella abrió los ojos.Su reflejo
Las puertas del castillo comenzaron a temblar.Isabella permanecía frente a ellas sin retroceder.Adrian se colocó a su lado.—No sabemos cuántos son.—No importa.Victoria la observó con preocupación.—Isabella, ellos no vienen a negociar.—Lo sé.—Entonces debes dejar que nos encarguemos de esto.Isabella negó lentamente.—Toda mi vida otros han peleado por mí.Miró sus propias manos.—Esta vez no.Un estruendo sacudió el castillo.Las puertas se abrieron de golpe.Decenas de guerreros vestidos de negro entraron en el salón.Pero ninguno atacó.Todos se detuvieron.Uno de ellos levantó la mirada hacia Isabella.Sus ojos se abrieron con incredulidad.—No puede ser…El hombre cayó de rodillas.Después otro.Y otro.En cuestión de segundos, todos estaban arrodillados.Adrian miró a Isabella.—¿Qué está pasando?Ella tampoco lo sabía.El guerrero que parecía ser el líder inclinó la cabeza.—Majestad.Isabella sintió un escalofrío.—No me llames así.El hombre levantó lentamente la mirad
Isabella no podía respirar.El nombre que había escuchado seguía resonando dentro de su cabeza.Evelyne.No sabía por qué ese nombre le provocaba tanto miedo.O quizá sí.Porque cuando Victoria lo pronunció, algo dentro de ella había despertado.Algo antiguo.Algo que no pertenecía a Isabella.—¿Quién soy realmente? —preguntó con la voz temblorosa.Victoria no respondió de inmediato.La mujer que siempre parecía tener una respuesta para todo ahora evitaba mirarla a los ojos.Eso fue suficiente para que Isabella comprendiera que la verdad era mucho peor de lo que imaginaba.—Victoria.—No estás preparada.—¡Estoy cansada de que todos decidan cuándo estoy preparada!Su voz retumbó por la habitación.Las velas se apagaron al mismo tiempo.Adrian dio un paso hacia ella.—Isabella…—No. —Ella levantó una mano—. Tú también lo sabías.Adrian se quedó inmóvil.Isabella sintió que algo se rompía dentro de su pecho.—Sabías quién era Evelyne.—Sabía algunas cosas.—¿Y nunca me dijiste nada?—Qu
Capítulo 13El Nombre que el Mundo Temía—Evelyne…El nombre volvió a escucharse.Una vez.Después otra.Y otra.Miles de voces.Isabella permaneció inmóvil frente a las puertas de la cripta.No podía entender lo que estaba sucediendo.—¿Por qué me llaman así? —preguntó.Nadie respondió.Adrian seguía de rodillas.Tenía la mirada perdida, como si estuviera atrapado entre dos vidas.—Adrian.Él levantó lentamente la cabeza.—Yo recuerdo…Isabella se acercó.—¿Qué recuerdas?Adrian respiró profundamente.—Tu nacimiento.El corazón de Isabella se detuvo.—¿Estabas allí?—Sí.—¿Cómo?Adrian cerró los ojos.—Porque yo fui quien te sacó del palacio.Isabella retrocedió.—¿Qué?La Reina de la Oscuridad bajó la mirada.Adrian continuó:—La noche en que tu reino cayó, todos creían que la reina había muerto.Miró a Isabella.—Pero tú eras apenas una niña.Isabella sintió que sus manos comenzaban a temblar.—¿Quién destruyó el reino?Adrian miró a Azrael.—Él.Azrael no negó la acusación.—Tenía
Capítulo 12La Reina de la OscuridadLa última palabra todavía parecía flotar en el aire.Mi reina.Isabella no podía moverse.Adrian permanecía a su lado, con la espada levantada y los ojos clavados en las grietas que comenzaban a extenderse por el suelo.Victoria y Elena retrocedieron.Incluso el aire parecía haberse detenido.Azrael no dijo nada.Y eso fue lo que más asustó a Isabella.Porque aquel hombre nunca había tenido miedo.Hasta ahora.—¿Quién eres? —preguntó Isabella.La respuesta llegó desde debajo de la cripta.—La pregunta correcta es…Una vibración recorrió las paredes.—¿Quién eras tú?Isabella sintió que su corazón golpeaba con fuerza.—No recuerdo.—Lo harás.Una grieta se abrió frente a ella.De su interior comenzó a salir una niebla negra.Adrian tomó la mano de Isabella.—Nos vamos.Ella negó con la cabeza.—No.—Isabella…—Toda mi vida he estado huyendo de cosas que no comprendo.Miró la oscuridad.—Esta vez quiero respuestas.Azrael dio un paso hacia atrás.—No
Capítulo 11Mi HerederaEl recuerdo terminó.Isabella abrió los ojos de golpe.Respiraba con dificultad.La cripta seguía allí, pero algo había cambiado.No en las paredes.No en el aire.Sino dentro de ella.Adrian estaba frente a Isabella, sosteniéndola por los hombros.—Isabella… mírame.Ella levantó lentamente la cabeza.Sus ojos ya no eran completamente los mismos.Había un brillo oscuro en ellos.—Yo la vi —susurró.Adrian frunció el ceño.—¿A quién?Isabella tragó saliva.—A mí.El silencio cayó sobre la cripta.Victoria dio un paso atrás.Elena permaneció inmóvil.Azrael, en cambio, sonrió.No era una sonrisa de felicidad.Era la sonrisa de alguien que acababa de confirmar una sospecha.—Por fin —murmuró.Isabella lo miró.—¿Quién era esa mujer?Azrael se acercó lentamente.Adrian inmediatamente se colocó delante de Isabella.—No te acerques.Azrael ni siquiera lo miró.—Todavía sigues protegiéndola.Adrian apretó la espada.—Siempre lo haré.Por primera vez, la expresión de A







