LOGINCamila no apartó la mirada de Leonardo.El mensaje seguía abierto en su teléfono. Las palabras eran claras: alguien aseguraba que él había visto algo en el hospital la noche en que ella nació.—Quiero una respuesta —dijo Camila—. ¿Qué viste aquella noche?Leonardo respiró profundamente antes de contestar.—Yo tenía diecisiete años. Mi padre me llevó al hospital para visitar a un socio que estaba ingresado. No sabía que tú habías nacido allí ese mismo día.—Entonces, ¿por qué alguien dice que viste algo relacionado con mi nacimiento?—Porque ocurrió algo que nunca entendí del todo.Camila sintió que la paciencia se le agotaba.—No vuelvas a empezar con medias verdades. Si recuerdas algo, dímelo ahora.Leonardo bajó la mirada.—Aquella noche escuché discutir a mi padre con una mujer en un pasillo apartado. No pude verle bien el rostro a ella, pero reconocí la voz de mi padre. Estaba furioso. Le dijo que el acuerdo debía cumplirse y que nadie podía cambiarlo sin su autorización.—¿De qué
Camila no consiguió dormir aquella noche.La grabación que Leonardo había recibido seguía resonando en su cabeza. Si la voz pertenecía realmente a su padre, alguien había conservado aquel mensaje durante años. Si era una falsificación, significaba que la persona detrás de todo conocía demasiado bien los secretos de la familia Salvatierra.En cualquiera de los dos casos, el expediente 614 había despertado algo que debía permanecer oculto.A primera hora de la mañana, Camila llamó a Leonardo.—Necesito escuchar esa grabación completa.—Mauricio está intentando recuperar el número desde el que llamaron.—No te he preguntado eso. Quiero escucharla.Hubo una pausa.—De acuerdo. Nos reuniremos en mi oficina.Cuando llegó a Salvatierra Holdings, Leonardo la esperaba con el teléfono conectado a su computadora. Mauricio también estaba allí. Había conseguido guardar el archivo de audio antes de que desapareciera la llamada, aunque todavía no sabía quién lo había enviado.Leonardo reprodujo la g
Camila miró a Mauricio, convencida de que había escuchado mal.—¿El padre de Leonardo?El investigador asintió.—Según los registros oficiales, el señor Salvatierra murió hace años. Sin embargo, el dinero terminó en una cuenta vinculada a su identidad después de su muerte. Si la información de Samuel es correcta, alguien utilizó sus datos para autorizar operaciones relacionadas con tu nacimiento.Leonardo permaneció inmóvil. La noticia no parecía sorprenderlo tanto como debería, y Camila lo notó.—¿Qué estás pensando? —le preguntó.Él tardó unos segundos en responder.—Mi padre no confiaba en nadie. Tenía cuentas que ni siquiera aparecían en los informes de la empresa. Cuando murió, Victoria aseguró que todos sus asuntos patrimoniales habían quedado resueltos.—¿Y tú le creíste?—No tuve razones para dudarlo en ese momento.Camila bajó la mirada hacia los documentos que llevaba en las manos. Durante semanas había encontrado firmas falsas, registros modificados y nombres que desaparecí
La dirección que Camila había recibido pertenecía a un edificio antiguo situado en una calle discreta del centro. La fachada conservaba el nombre de un bufete jurídico que había cerrado años atrás, pero las letras desgastadas todavía permitían leerlo: **Beltrán y Asociados**.Camila llegó acompañada de Leonardo y Mauricio Peña. Durante el trayecto apenas había hablado. La fotografía del documento hospitalario seguía abierta en su teléfono, y la frase escrita en el mensaje no dejaba de darle vueltas en la cabeza.*Tu padre no murió por accidente.*Hasta ese momento, las sospechas habían sido suficientes para mantenerla en movimiento. Ahora necesitaba pruebas.—Antes de entrar, quiero dejar algo claro —dijo Mauricio—. No sabemos quién envió el mensaje ni si pretende ayudarnos. Podría ser una trampa.—Lo sé —respondió Camila—. Pero si alguien quiere que encontremos este lugar, quizá sea porque cree que no nos atreveremos a hacerlo.Leonardo observó las ventanas del segundo piso.—Mi padr
Camila permaneció frente a Leonardo con el teléfono entre los dedos. El mensaje que acababa de recibir no dejaba espacio para las dudas: alguien quería que desconfiara de él, pero la firma que aparecía en el documento de Samuel Ortega era demasiado importante para ignorarla.—Necesito que me respondas algo —dijo ella, dejando el teléfono sobre el escritorio—. ¿Por qué tu firma aparece en el pago que modificó mi identidad?Leonardo miró la pantalla. Por primera vez desde que Camila lo conocía, no intentó responder de inmediato.—¿De dónde sacaste eso?—De Samuel Ortega. Me enseñó los movimientos financieros de la fundación patrimonial de tu familia. El pago se hizo el diecinueve de junio y lleva tu firma.Leonardo tomó el teléfono y examinó la imagen. Su expresión cambió al reconocer el documento.—Esa autorización no salió de mis manos.—¿Esperas que te crea solo porque lo dices?—No. Espero que me permitas demostrarlo.Camila apartó el teléfono cuando él intentó devolvérselo.—Llevo
Camila leyó una vez más el mensaje de Mauricio antes de guardar el teléfono. Samuel Ortega, el antiguo contador de los Salvatierra, afirmaba tener una prueba sobre su nacimiento, pero exigía reunirse con ella a solas.La condición le parecía sospechosa. Después de todo lo ocurrido, cualquier persona que pidiera confianza sin ofrecer explicaciones podía estar intentando conducirla hacia una trampa.—No me gusta que vayas sola —dijo Leonardo mientras conducía de regreso al centro de la ciudad.—A mí tampoco me gusta que alguien conozca mi historia mejor que yo y decida qué puedo saber.—Podemos pedirle a Mauricio que esté cerca, sin que Samuel lo vea.Camila lo miró.—Eso es distinto. No quiero que me acompañes a la reunión, Leonardo. Necesito escuchar lo que tenga que decir sin que tu apellido condicione sus respuestas.Él apretó ligeramente el volante, pero no discutió.—Lo entiendo.—¿De verdad?—No voy a pedirte que confíes en mí antes de darte razones para hacerlo.Camila volvió la







