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Capítulo 2

Author: Olivia
last update publish date: 2026-08-24 14:38:41

POV de Emilia

La mañana siguiente fue un caos total. Richard ya se había marchado cuando desperté y yo estaba a punto de llegar tarde al trabajo.

Tomé las llaves de mi coche que estaban sobre la mesa, cerré la puerta de la habitación de un portazo y bajé corriendo por la escalera de caracol. No desayuné porque no podía permitirme perder ni un minuto más.

Vi mi coche estacionado entre los demás. Era un Chevrolet negro que combinaba con el color de mi camisa y mis pantalones. Subí, encendí el motor y salí de inmediato.

Cuando llegué al hospital, vi a varios pacientes siendo trasladados en camillas. ¡Lo sabía! Había tenido un mal presentimiento desde que vi las noticias aquella mañana.

Había ocurrido un accidente aéreo cerca de allí y habían llevado a la mayoría de los heridos a nuestro hospital.

—Doctora Emilia —me llamó Janet en cuanto me vio.

—La UCI está llena. Necesitamos apoyo —dijo con voz entrecortada.

—¡Entendido!

Me apresuré hacia la UCI.

¡Maldita sea! Había muchísimos heridos. Algunos sangraban profusamente, mientras que otros ya habían perdido el conocimiento.

Fui hasta el lavabo, me lavé las manos, me puse los guantes y después la mascarilla.

Lo primero que captó mi atención fue una niña pequeña que lloraba junto a su madre. Su madre ya había perdido el conocimiento y la niña tenía una herida grave en la mano y un moretón en la frente.

Tenía la expresión más apagada que había visto jamás en una niña de cinco años.

Me arrodillé a su lado.

—Vamos, pequeña. Deja que la doctora te atienda.

—Mi mamá… —señaló a su madre con los ojos llenos de lágrimas.

—No te preocupes, cariño. Tu mamá estará bien —le aseguré.

Tomé su mano y la llevé hasta un rincón de la habitación. Se sentó en una cama hospitalaria mientras yo comenzaba a tratarla.

—¿Mi mamá estará bien? —preguntó de nuevo.

—Estará bien, querida —la tranquilicé.

Después de vendarle la herida, le administré un sedante para que se quedara dormida. Estaba demasiado preocupada por su madre.

Me prometí mentalmente volver para comprobar cómo estaba.

—¡Doctora Emilia! La necesitan en el quirófano cuatro —gritó una enfermera desde lejos.

—¡Ya voy!

Me sujeté con fuerza la bata y corrí hacia el quirófano.

Había una operación en curso. Había unos siete médicos y cinco enfermeras en la sala.

—Tenía un tumor cerebral y el impacto del accidente lo agravó. Tenemos que realizar una craneotomía para salvarle la vida —explicó el médico que estaba a mi lado.

Asentí.

Los médicos ya habían abierto el cráneo y habían retirado el colgajo óseo.

Un médico mayor me vio de reojo. Dejó el aspirador ultrasónico sobre una bandeja y me hizo espacio.

Su turno probablemente había terminado, así que me tocaba tomar el mando.

Me acerqué al paciente y examiné la resonancia magnética. El escáner mostraba un tumor enorme, pero al observar el cráneo abierto bajo la luz del microscopio, no lograba encontrar la causa de sus déficits neurológicos.

Los demás médicos también parecían agotados. Algunos concluyeron que el tumor se encontraba en una zona interna del cerebro y que no podía ser extirpado.

Tomé las tijeras quirúrgicas más pequeñas de la bandeja de la enfermera e intenté localizar el tumor.

Todos nuestros esfuerzos fueron inútiles y el pulso del hombre seguía descendiendo.

Necesitábamos ayuda. El hombre moriría si no encontrábamos el tumor a tiempo.

—Las autoridades han llamado a Adrienne Coal, un cirujano de renombre internacional. Estará aquí en unos minutos —anunció una enfermera.

Eso fue un alivio.

Pero no abandonamos al paciente. Seguimos haciendo todo lo posible mientras esperábamos la llegada del cirujano internacional.

La puerta se abrió de golpe poco después.

—El doctor ya está aquí —anunció una voz.

Me giré para ver al médico, pero en su lugar recibí el peor impacto de mi vida. Y no era una exageración.

El cirujano internacional resultó ser el hombre de la noche anterior.

Me quedé paralizada.

Pensé que mi mente me estaba jugando una mala pasada.

¿Él era Adrienne Coal? ¿El mejor cirujano del mundo?

Las enfermeras se apartaron para dejarlo pasar y él se apresuró hacia el paciente. Bajé la cabeza, intentando evitar el contacto visual.

Examinó rápidamente al hombre y después revisó la resonancia.

—¡Maldita sea! El tumor estaba en la zona media izquierda del cráneo. Se ha extendido muchísimo —dijo.

Su tono no tenía nada de profesional.

Los ojos de los demás médicos se abrieron de par en par.

M****a.

El tumor había estado todo este tiempo en la zona media izquierda. La resonancia nos había jugado una mala pasada.

—También tenemos que abrir la parte media de su cabeza —dijo Adrienne.

—¿No es peligroso? ¿Abrirlo dos veces? —preguntó la doctora Ember.

—Una incisión vertical. Es la única forma de salvarle la vida —respondió Adrienne.

Asentimos y comenzamos la operación de nuevo.

Adrienne hizo la mayor parte del trabajo. Su experiencia estaba a otro nivel.

Pero, en conjunto, la cirugía fue un éxito.

Hice todo lo posible por evitarlo cuando terminó la operación. No me quité la mascarilla. Solo me quité los guantes y me lavé las manos.

Cuando me disponía a salir, escuché una voz aguda llamándome:

—¿Doctora Emilia?

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