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Lejos de allí.Lorenzo Ferrano vivía en un lugar que jamás habría imaginado llamar hogar.Una pequeña casa escondida entre caminos de tierra, rodeada de árboles y lejos de cualquier señal de la vida que alguna vez había considerado suya.No había sirvientes.No había automóviles de lujo esperando frente a la puerta.No había guardaespaldas caminando por los alrededores ni hombres inclinándose ante él para recibir órdenes.Solo silencio.Un silencio que cada día parecía recordarle lo que había perdido.La mansión Ferrano estaba lejos.Su poder también.Y, para Lorenzo, aquello era insoportable.Se encontraba sentado frente a una pequeña mesa, con una copa de licor entre los dedos, mientras observaba a Roseen desde el otro lado de la habitación.Desde la muerte de su hermanp, Roseen había cambiado.Al principio, Lorenzo pensó que solamente estaba atravesando el duelo.Después comprendió que había algo mucho más oscuro creciendo dentro de ella.Venganza.Roseen hablaba de Fiorella consta
Stefano la miró fijamente a los ojos, sintiendo cómo el peso de la atmósfera se volvía casi insoportable.Una tensión cargada de electricidad y deseo reprimido flotaba entre ambos.Él dio un paso cauteloso hacia adelante, acorralándola levemente pero manteniendo aún una pizca de la prudencia que le dictaba su deber.—Estás a punto de cruzar una línea sin retorno, Fiorella —murmuró él con la voz enronquecida por la cautela y la tentación—. ¿Estás completamente segura de que esto es lo que quieres?Fiorella sonrió. Fue una sonrisa despacio, demasiado segura, intensa y cargada de una sensualidad calculadora que hizo que a Stefano se le acelerara el pulso de inmediato.—¿Tienes miedo de mí, Stefano? —provocó ella, manteniendo la barbilla en alto y sosteniéndole la mirada con descaro.Él negó lentamente con la cabeza. No le temía al peligro, ni al dolor, ni a nada que viniera del exterior, y mucho menos a la mujer que tenía enfrente.—Yo tampoco —sentenció ella en un susurro grave—. Entonc
Finalmente, Fiorella y Stefano tuvieron que emprender el regreso hacia la mansión, pero el destino y las inclemencias del tiempo tenían otros planes.El aguacero caía con una furia implacable sobre el parabrisas, transformando el paisaje nocturno en una masa difusa de sombras y luces distorsionadas. La tormenta se volvió tan densa que los caminos de tierra se convirtieron en riachuelos de lodo, obligando al convoy de vehículos blindados a aminorar la marcha.Ante el riesgo inminente de un accidente o una emboscada en medio de la visibilidad nula, no tuvieron más remedio que detenerse en un hostal ubicado a medio camino.El rugido del motor se apagó y el sonido ensordecedor de la lluvia golpeando el techo.Stefano descendió primero, ajustando su saco sobre la cabeza para cubrirse levemente antes de abrir la puerta de Fiorella.La escoltó con paso firme hacia la entrada del establecimiento, rodeados por un perímetro táctico de guardias que vigilaban los alrededores en la penumbra.Al cr
Dos meses después.Fiorella había aprendido que, dentro de una familia como aquella, el poder no siempre pertenecía al hombre que ocupaba el lugar más grande.A veces pertenecía a quien sabía esperar.Durante los últimos dos meses, Fiorella había estado moviendo las piezas con una paciencia que incluso a ella misma la sorprendía.La enorme mansión había comenzado a funcionar bajo sus órdenes.Los sirvientes acudían a ella para recibir instrucciones, los hombres de seguridad informaban primero a ella antes de acercarse al Don y hasta los asuntos familiares comenzaban a pasar por sus manos.Nadie se atrevía a cuestionarla.Después de todo, decían que llevaba en su vientre al heredero.Y aquella criatura se había convertido en la única esperanza que mantenía con vida al viejo Don.El anciano había cambiado mucho desde la muerte de la antigua Donna.Su carácter seguía siendo duro, pero su cuerpo ya no respondía como antes.La enfermedad había avanzado rápidamente.Pasaba buena parte del dí
Cuando Fiorella abrió los ojos, lo primero que sintió fue el olor penetrante del hospital.Durante unos segundos permaneció inmóvil, mirando el techo blanco sobre su cabeza. No recordaba cómo había llegado hasta allí.Sentía el cuerpo pesado, la garganta seca y un dolor profundo en el vientre que parecía extenderse hasta la espalda.Intentó moverse.Entonces escuchó una voz.—Tranquila.Fiorella giró lentamente la cabeza.Stefano estaba sentado junto a la cama.Su rostro mostraba una preocupación que no parecía fingida. Tenía una mano apoyada sobre la baranda de la cama y la otra descansaba sobre su pierna. Al verla despertar, inmediatamente se inclinó hacia ella.Fiorella lo observó durante unos segundos.—¿Qué me pasó?Stefano guardó silencio.Aquella pausa fue suficiente para que el corazón de Fiorella comenzara a acelerarse.—Stefano... —insistió—. ¿Qué pasó?Él tomó su mano.Sus dedos estaban fríos.—Lo siento.Fiorella frunció el ceño.—¿Por qué me dices eso?Stefano bajó la mira
Su padre lo miró con miedo, tenía ojos estaban enrojecidos y, por primera vez, parecía haber perdido toda la seguridad que siempre lo había caracterizado.Durante años había sido un hombre al que todos obedecían.Nadie se atrevía a contradecirlo.Nadie levantaba la voz frente a él.Pero en ese momento, estaba dispuesto a ceder. Por su nieto, porque supo que Lorenzo era un caso perdido.—¡Está bien! —exclamó finalmente—. ¡Tú ganas!Lorenzo permaneció inmóvil.El Don respiró con dificultad.—Solo déjala ir.Su mirada se dirigió hacia Fiorella.—¡Está embarazada de mi nieto!Aquellas palabras hicieron que todos guardaran silencio.—Déjala ir y podrás llevarte a esa mujer —continuó el viejo Don—. Te doy mi palabra. Puedes irte con Roseen, pero no vuelvas a poner en riesgo la vida de mi nieto.Lorenzo apretó los dientes.Había esperado escuchar aquellas palabras.Pero ahora que las había escuchado, sentía que su corazón estaba siendo destrozado.Miró a Fiorella.Ella permanecía de pie frent







