LOGIN―Lo entiendo ―la detuve, porque lo comprendí, más o menos.Fuera porque acababa de pasar por algo similar, con menos piernas y manos involucradas, pero al final, quedé enredada bajo el escrutinio de ciertos ojos celestes que me robaron el aliento y, si él hubiera querido, me hubiera hincado y alabado su cuerpo, lo hubiera recorrido y dejado hacer lo que quisiera, mientras lo hiciera solo conmigo.Llevaba varios años sin ser tocada realmente por un hombre. En ese punto, no conté a Dan, no porque nuestros sexos no se rozasen hasta el clímax, sino porque no lo sentí de esa manera al final de nuestro encuentro. Víctor y Alberto eran mis experiencias previas reales, hombres que tocaron mis curvas con el fin de satisfacer sus libidos, hombres que no me calentaron, que no procuraron mi placer, y, caer en unos dedos expertos, calientes y arrebatadores, podían hacer que una chica perdiera el norte, que cayese al infierno con una sonrisa.―Yo… ―sopesó cómo seguir.Se removió en el sofá y luego
―¡Por favor, dadme más duro, mis amos! ―jadeó Lorena, desvergonzada.Los aplausos de sus cuerpos en colisión ensordecieron mis oídos. Parpadeé al salir de mi estupor y retrocedí sobre mis pasos hasta salir del departamento y cerrar la puerta frente a mí, acallando con ello los estallidos acuosos de sus cuerpos unidos.«¿Cómo…?»Giré y me descubrí sola en el pasillo, sola y desubicada. Los pechos me punzaron, no por lo que vi, sino porque entendí que no podía entrar a buscar mi propio placer, ese que quise perdurar junto a Logan.La confusión de lo que vi se sobrepuso a mi propio calor que descendió en picada.¡Ojalá no los hubiera visto!Y no supe qué era mejor para Lorena. Hacía unos días, tuve la sospecha de que podía regresar junto a Hakim, quien creí que era su debilidad en ese momento. Pero no fue así, en su lugar, estaba en medio de un matrimonio, nunca mejor dicho.«¿Cómo es que…?»Sacudí la cabeza y me deslicé contra la pared hasta quedar sentada en el suelo, sin poder irme a
Aspiró hondo y se alejó otro paso.―¿Tienes tiempo mañana?Sí, definitivamente era él… mi usuario favorito, el hombre por el que sentía tanto, el que hizo palpitar mi cuerpo, corrompió mi mente y me arruinó para otros, porque tras sentir sus caricias, ya no quería pensar en nadie más. Sin poder creer la rapidez de mi cerebro para adaptarse, ya no lo pude ver solo como mi profesor.Sus manos soltaron mis curvas y se arregló la corbata, se peinó el cabello y alisó los pantalones. Bajé los ojos por su cuerpo. No quedaba rastro de nuestro encuentro, la tela no reflejaba la humedad de mi sexo, y la camisa oscura no se empapó con mi leche, solo algunas gotas por el pecho y el cuello que no tardarían en secarse.Me bajé del escritorio y me recompuse la ropa. Pasé las manos a la espalda y abroché el sujetador en el que metí mis pechos como pude.Rugió y observó cómo me arreglaba.―S-sí, tengo tiempo ―respondí al fin, algo retraída a causa de su inspección.Su mano se alzó y acomodó un mechón
Me tapé la boca para no gritar de la emoción, del intenso placer que me produjo su cálida y húmeda boca varonil que absorbió mi leche con placer, uno diferente, uno que adormeció mi mente y disparó la estática en mi piel para erizarla por completo.Sus labios chuparon con regocijo, sus manos apresándome desde la espalda y cadera para que no me moviera. Sus ojos entrecerrados, perdidos en la rojez de mi cuello, en mis labios entreabiertos de donde salieron suspiros, jadeos y lamentos.Me apreté contra su dureza, pero él no se movió y, al contrario, me inmovilizó, como si quisiera que solo su boca me enloqueciera. Y lo estaba haciendo, me estaba quemando con sus labios, con sus largas succiones en las que se bebió directo de mis mamas, como tanto soñé.Me desconecté de la realidad, lo tomé de la cabeza, me arqueé para él y sonreí como una boba, anhelando sus succiones, cada lágrima blanca que prorrumpió contra su paladar que fue devorada hasta llenar su estómago.¡Se estaba alimentando
Mancilló mi pecho y un gemido salió de mi boca, un gemido prolongado. Mis piernas casi sin fuerza, con una mano sobre el escritorio, con los dedos sirviendo de palanca para no caer al frente, mientras mi otra mano se aferraba a su cuerpo caliente y macizo.―Me bastó un segundo para reconocerte, para saber que la bonita novilla con la que me masturbaba al frotarme sus braguitas húmedas a la polla estaba en mi clase, para colmo, hablabas con otro hombre.Presionó mi pecho e hizo resbalar la copa del sujetador bajo mis senos, como si fuera a desnudarme.Lloriqueé y abrí los ojos con apuro, sintiendo una gota de leche salir de mi pezón.Me soltó y caí con las manos al escritorio, con los ojos bien abiertos y las palmas ardiendo. Antes de que pudiera procesar su repentina acción, me hizo girar para que me enfrentase a sus oscuros ojos recelosos.―¿Es cierto lo que dijiste? ―inquirió, sus manos rodeándome, pero no sobre mi cuerpo, sino en el escritorio.Retrocedí por inercia al tenerlo enci
Me paralicé, todo mi cuerpo se quedó suspendido en el tiempo, hasta que parpadeé y rezagué las lágrimas, mi cerebro volviendo a la realidad, como si un valde de agua fría cayera sobre mí y me despertase del letargo.Me levanté sin que pudiera procesarlo, mi bolso cayó al piso en un ruido sordo y me adelanté un paso para mirarlo bien, sin poder creerlo, sin que me sirviera el cuerpo. Todo mi sistema encapsulado en una sola frase, una simple oración.Aspiré su aroma un segundo.―Cómo es que… ―pero no pude terminar lo que quería preguntar, aun si no sabía qué decir.Una sonrisa pequeña y maliciosa se extendió en sus labios, sus ojos brillaron en un celeste intenso que detuvo por completo mis lentos latidos, y, sin que pudiera hacer nada, se irguió y me alcanzó con una sola zancada, tomando mi cintura para rodearme sin hacer el intento.Su boca se fue directo a mi oreja, mis manos sobre sus pectorales sin realmente tocarlo.―¿Querías más?, ¿querías convertirte en mi novilla? ―susurró cont







