ログインAl dia siguiente, Carla abrió la puerta y se quedó inmóvil al encontrar a Rafael del otro lado. No habían acordado ninguna visita.—¿Qué haces aquí?Él reparó en su expresión antes de responder.—Vine a ver cómo van tus cosas.—Todo marcha bien. ¿Por qué?Rafael bajó los ojos hacia la mano con la que ella seguía sujetando la puerta.—¿No me vas a dejar pasar?Carla vaciló antes de apartarse. Lo acompañó hasta la sala.Rafael sacó un sobre y se lo entregó.—Toma. Aquí está la otra parte de lo que acordamos.Ella lo recibió sin abrirlo.Él miró hacia el pasillo.—¿Dónde está la muchacha?—En el colegio.Rafael miró hacia el pasillo antes de tomar asiento.—Juliana sigue sin responder mi solicitud. Supongo que está esperando que me canse.Carla permaneció de pie.—¿Y si no acepta?—Aceptará. No va a dejar a Amanda aquí para siempre.Lo dijo con tanta seguridad que Carla sintió una punzada de inquietud. Rafael ya estaba contando con una fortuna que todavía no tenía y ella seguía sin saber
Juliana terminó de vestirse mientras Sebastián preparaba el desayuno. Cuando salió de la habitación, encontró junto a su plato el teléfono con la confirmación de la transferencia a Jimena.El reintegro de los dos millones de dólares estaba hecho.Leyó el agradecimiento que ella acababa de enviarle y guardó el comprobante. Al menos aquel asunto ya no seguiría pendiente.Sebastián le acercó una taza.—¿Vas al instituto?—Sí. Y después voy por Amanda. Le prometí llevarla a comer.Después de desayunar llamó a Elena. Le confirmó que estaba dispuesta a desprenderse de la villa si eso servía para recuperar a su hermana, pero quería saber qué estaba ofreciendo realmente Rafael.—Que deje de pagar abogados no significa que Amanda vuelva conmigo —dijo—. No voy a entregarle una casa a cambio de una promesa.La abogada coincidió. Acordaron responder a través de los representantes y continuar con la impugnación. Elena también dejaría constancia de que Isabela y Rafael estaban utilizando la custodi
Sebastián abrió la puerta y Juliana entró directamente en sus brazos. Él cerró sin soltarla y permaneció abrazándola hasta que ella dejó de intentar contener el llanto.—No puedo —consiguió decir—. Ella y yo nunca nos hemos separado.Sebastián le besó el cabello.—Ven. Siéntate conmigo.La acompañó al sofá y le quitó el bolso del hombro. Juliana se acomodó a su lado, con las piernas recogidas y la mejilla apoyada en su pecho. Durante unos minutos solo se escuchó su respiración entrecortada.Él le acarició el brazo hasta que ella levantó el rostro.—Tiene una cama nueva, cambió los muebles de la sala… Pintó la casa. Para recibir a quienes fueron a revisarla hizo todo lo que nunca quiso hacer mientras vivimos allí.Sebastián apretó la mandíbula.—Rafael sabe cómo aparentar.Se secó los ojos con los dedos.—Discutí con mi tía. Le dejé claro que si le hacía daño a Amanda, la iba a pasar muy mal.Sebastián le acercó un pañuelo. Juliana lo tomó y permaneció callada mientras él le acariciaba
Juliana abrió la puerta del apartamento y se quedó inmóvil, con las llaves en la mano. Carmen cerró detrás de ella y dejó el bolso sobre una silla.La mochila de Amanda seguía junto a la mesa, pues su hermana la preparó aquella mañana por si, al terminar la audiencia, todavía tenía tiempo de asistir a clases. Sobre el respaldo del sofá quedó la chaqueta que utilizó la noche anterior, cuando salieron a comer sus hamburguesas favoritas.Juliana se acercó y la recogió.—Ni siquiera se comió todo su desayuno —dijo al mirar el plato tapado sobre la mesa.Carmen le puso una mano en la espalda, para infundirle valor.Juliana buscó el teléfono. Vio que tenía un mensaje de Amanda.«Ya llegamos. Después te llamo».Le respondió que la quería y que llevaría sus cosas aquella misma tarde. Permaneció mirando la pantalla hasta que apareció la confirmación de lectura.Después entró en su habitación.La cama estaba revuelta. En el escritorio había un cuaderno abierto y una hoja con dibujos en los márg
Amanda se levantó cuando vio salir a Juliana. Dio dos pasos hacia ella y se detuvo al verle los ojos hinchados.—¿Qué pasó?Juliana abrió la boca, pero apenas consiguió pronunciar su nombre.Su hermana miró a Elena y después volvió a ella.—Juli, dime. ¿Qué pasó?La abogada las acompañó hasta un extremo del pasillo. Carmen recogió su bolso y se acercó, pendiente de la expresión de Juliana.—Amanda, el juez dispuso que regreses provisionalmente con tu tía.La muchacha se quedó inmóvil.Miró a Elena durante unos segundos, sin pestañear. Después bajó los ojos hacia la carpeta que llevaba entre las manos, como si todavía estuviera esperando que terminara de explicarse.Juliana intentó tomarle la mano.—Amanda…Ella levantó la cara.—¿Debo ir a vivir con... Carla?La voz le salió tan baja que Juliana tuvo que acercarse para escucharla.—Vamos a pedir que esa decisión sea impugnada —explicó Elena—. Esto no significa que…—No.Amanda retrocedió un paso.Miró a Juliana y negó otra vez, más de
Amanda se levantó cuando vio salir a Juliana. Dio dos pasos hacia ella y se detuvo al verle los ojos hinchados.—¿Qué pasó?Juliana abrió la boca, pero apenas consiguió pronunciar su nombre.Su hermana miró a Elena y después volvió a ella.—Juli, dime. ¿Qué pasó?La abogada las acompañó hasta un extremo del pasillo. Carmen recogió su bolso y se acercó, pendiente de la expresión de Juliana.—Amanda, el juez dispuso que regreses provisionalmente con tu tía.La muchacha se quedó inmóvil.Miró a Elena durante unos segundos, sin pestañear. Después bajó los ojos hacia la carpeta que llevaba entre las manos, como si todavía estuviera esperando que terminara de explicarse.Juliana intentó tomarle la mano.—Amanda…Ella levantó la cara.—¿Debo ir a vivir con... Carla?La voz le salió tan baja que Juliana tuvo que acercarse para escucharla.—Vamos a pedir que esa decisión sea impugnada —explicó Elena—. Esto no significa que…—No.Amanda retrocedió un paso.Miró a Juliana y negó otra vez, más dep







