FAZER LOGINAmanda se levantó cuando vio salir a Juliana. Dio dos pasos hacia ella y se detuvo al verle los ojos hinchados.—¿Qué pasó?Juliana abrió la boca, pero apenas consiguió pronunciar su nombre.Su hermana miró a Elena y después volvió a ella.—Juli, dime. ¿Qué pasó?La abogada las acompañó hasta un extremo del pasillo. Carmen recogió su bolso y se acercó, pendiente de la expresión de Juliana.—Amanda, el juez dispuso que regreses provisionalmente con tu tía.La muchacha se quedó inmóvil.Miró a Elena durante unos segundos, sin pestañear. Después bajó los ojos hacia la carpeta que llevaba entre las manos, como si todavía estuviera esperando que terminara de explicarse.Juliana intentó tomarle la mano.—Amanda…Ella levantó la cara.—¿Debo ir a vivir con... Carla?La voz le salió tan baja que Juliana tuvo que acercarse para escucharla.—Vamos a pedir que esa decisión sea impugnada —explicó Elena—. Esto no significa que…—No.Amanda retrocedió un paso.Miró a Juliana y negó otra vez, más de
Las siguientes tres semanas exigieron mucho más que presentarse ante el juez y responder preguntas.Revisaron las condiciones de ambos hogares y la historia de cuidado de Amanda. Juliana organizó sus horarios para asistir a las entrevistas, mantuvo sus clases y continuó con los controles del embarazo. Carmen la ayudó en casa y el conductor se convirtió en parte de una rutina que antes ella insistía en resolver sola.Mientras tanto, Camila continuaba detenida. La fiscalía presentó una acusación por tentativa de homicidio contra Juliana y pidió que permaneciera bajo custodia por el riesgo que representaba para ella. Su abogado solicitó la libertad provisional, pero el juez la denegó después de revisar las pruebas y los argumentos de ambas partes.Isabela tuvo que regresar a casa sin su hija. Los abogados costaban dinero, las solicitudes no daban el resultado que esperaba y Camila seguía preguntándole en cada visita cuándo iba a sacarla de allí. Por primera vez, su madre no tenía una res
Carla insistió en que Amanda regresara a su casa antes de que terminara la semana.Juliana escuchó a su abogado desarrollar la petición que recibió seis días antes en el despacho de Sebastián. Ahora estaba sentada junto a Elena, con las manos unidas sobre las piernas, mientras su tía asentía al otro lado de la sala.Habían transcurrido diez días desde la llamada de Isabela. Durante ese tiempo, Juliana reunió pruebas, respondió preguntas y trató de mantener la rutina de Amanda. Aquella mañana, sin embargo, dejó de fingir que era un día cualquiera. Su hermana desayunó en silencio y Carmen, a quien contrató de forma permanente, tuvo que recordarle que llevara la chaqueta antes de salir hacia el tribunal.Ahora esperaba fuera, acompañada por ella.Rafael ocupaba un asiento detrás de Carla. Juliana lo vio al entrar, impecablemente vestido, y reconoció la satisfacción con la que siguió sus pasos hasta la mesa.El abogado de su tía continuó hablando. Presentó la salida de Amanda del antiguo
Cuatro días después, Camila se encerró en su habitación cuando Isabela le recordó que el abogado las esperaba para ir a la estación de policía.—No voy a ir.Su madre sostuvo la puerta antes de que pudiera cerrársela en la cara.—Ya quedamos con él.—¡Te dije que no voy!Camila seguía en pijama. Tenía el cabello recogido de cualquier manera y el teléfono en la mano, lleno de llamadas que no quería contestar.—No pueden obligarme a presentarme solo porque mi auto aparece en una grabación.—Si que pueden hacerlo, por eso contratamos a un abogado.—Pues que vaya él. Para eso le pagas.Isabela entró y cerró la puerta.—Escúchame bien. No vas a seguir escondiéndote aquí esperando que se olviden de ti.—¿Y tú qué quieres? ¿Que vaya y me entregue? ¿Que les haga el trabajo más fácil?—Quiero que dejes de comportarte como una estúpida.Camila arrojó el teléfono sobre la cama.—Todo esto es por culpa de esa maldita mujer.—No. Esto es porque tú no pudiste mantener el control.La respuesta la de
Juliana miró el nombre en la pantalla y contestó sin pensarlo.—¿Qué quiere?—Necesito hablar contigo sobre lo de ayer.Juliana apoyó la espalda contra el respaldo.—¿Sobre lo que hizo su hija?Isabela tardó apenas un segundo en responder.—Camila está muy afectada.—¡Ay! Pobrecita, debe sentirse muy mal por casi haberme matado —la frase salió de su boca sin poder evitarlo.Juliana apretó el teléfono. Había esperado sentirse aliviada al confirmar su sospecha, pero escuchar a Isabela hablar de su hija con ese descaro, como si la única que importara fuese ella, le produjo una rabia tan intensa que tuvo que se vio obligada contener, antes de comenzar a decir improperios.—Aunque no lo crea, de verdad, ella se siente muy mal. Fue un arrebato. —¿Un arrebato? Tú estas tomándome el pelo, ¿verdad?—No, Juliana, mi llamdada es muy seria.—Su hija casi me mata, a mí y a un amigo mío, porque, ¿según quién... usted o ella, tuvo un arrebato?—Entiendo tu molestia —dijo Isabela.—No, señora Echeve
Juliana dejó el teléfono sobre sus piernas. Sebastián permanecía junto al sofá, pendiente de ella.—Matthew va a denunciar —dijo.—Lo escuché.Ella se frotó la frente. Le molestaba cómo terminó la conversación, aunque comprendía que su amigo también estaba alterado. Recordó el golpe que se dio en la rodilla al apartarla y lo cerca que ambos estuvieron del automóvil.—Tiene razón. No puedo pedirle que se quede callado por mí.Sebastián se sentó a su lado.—¿Le dijiste que sospechas de Camila?—Le dije que creo saber quién fue, pero no mencioné su nombre.Juliana tomó nuevamente el teléfono y le escribió. Le explicó que recordaba un Porsche blanco muy parecido al de Camila, aunque no alcanzó a distinguir a quien conducía. Era una sospecha y así quería dejarlo claro.La respuesta llegó unos minutos después.«Ya hice la denuncia. Cuando presente mi declaración les diré lo que recuerdas. La grabación puede aclararlo».Juliana dejó el teléfono sobre la mesa y se acomodó junto a Sebastián cu







