LOGINNarrador: Como todos los años, desde hace ya once años, la fiesta de víspera de navidad de los Miller es la más famosa de esta época, todo el mundo quiere asistir, aunque este año hay dos grandes ausencias, las de Gavin Conway, el famoso actor y productor, que se encuentra desde hace dos meses disfrutando del verano de Nueva Zelanda, mientras se concentra en su última gran producción, y la ya universitaria Mia Müller. El caso de Mia es algo más doloroso para la familia Miller, en especial para Hanna, ya que a pesar de que la pequeña adora a todos los miembros de la familia, sobre todo a sus dos sobrinos Aron y Elizabeth, de diez años, y sobre todo a su cuñado Roy, la ya no tan pequeña futura traumatóloga, a sus veintidós años, ha decidido, estudiar su carrera en Alemania, en el instituto de traumatología, que le ayudó en aquellos años, para que volviera a caminar. Para Mia, los Miller fueron su salvación, lo mejor que le pasó a su hermana, que fue su gran apoyo, casi como una madre
Daisy: -” Vale ya está hecho, esto suele pasar cuando se disfruta de un hombre como tu hombre, y no recuerdas que el sexo tiene otra función, aparte de hacértelo pasar genial.” - me dije para calmarme, ante la enorme sorpresa que me lleven el mismo día que tras insistir mil veces, por mis nauseas entrañas, Rosi me trajo a la cita, que me obligó a tomar con su ginecóloga. Claro que ella ya sospechaba que, lo que yo pensaba que era una gastroenteritis, tenía otra causa más impactante, una causa que vería la luz dentro de menos de siete meses, porque increíblemente estaba de dos. Claro que en mis cálculos no estaba que Marcus aparcería de repente, y menos que, después de arrancarme de las manos los que evidentemente era una ecografía, hiciera, como siempre, preguntas tontas, que siempre sacan lo peor de mí, y al escucharle decir esto: -” ¿Y.…esto? ¿Qué...es? ¿Es broma? o ¿no?”- no puede evitar responder. -” La broma es la que tiene montada tu familia para repoblar, y dominar la Ti
Marcus: -” ¿Enserio que debo asistir? ¿No se supone que esto lo debe hacer el padre?”- me quejé inútilmente por enésima vez a mi madre, y a mi madrina, por le manos libres del coche, mientras llevaba a Betty Boo a su revisión del octavo mes de embarazo, pero esta vez ni me respondió simplemente la diosa Miller, tras dar su orden de nuevo, colgó el teléfono. Se suponía que estas cosas debía hacerlas el desertor de Rowdy Cooper, total él era el responsable principal de que la futura princesa consentida, que la pelirroja iba a traer a este mundo, la futura mimada y consentida Briana Cooper, única nieta de la familia Blake, después del nacimiento de los dos varones que había tenido mi hermana Amelia. Era él que debía de estar aquí. Este era trabajo era para el padre, para el que la dejó embarazada, en teoría, pero por desgracia para mí, el ejecutivo genio, había tenido que viajar de urgencias a Estados Unidos, para terminar un trabajo, antes de que su adorada, y caprichosa esposa, se p
Daisy: -” ¿Por qué estamos aquí, Marcus?”- le pregunté con algo de nerviosismo, cuando llegamos al hotel, y a la suite donde tuvimos nuestra primera vez, cuando él no sabía quién era yo, y yo vine a descubrir a quien le había entregado mi virginidad, a la mañana siguiente, para huir de allí, antes de que él se despertara. -” ¿Tengo que decirlo? ¿O tu ya lo has averiguado, Abogada Allard?”- me dijo con esa sonrisa pícara que tantas veces me había metido en problemas con ese hombre. Decidí ignorarlo no debía dejarme influenciar por el deseo que ese hombre me hace sentir, de sobra sé lo que me provoca, una pérdida total de la realidad, y ahora lo más importante era dejar todo claro de una vez. Pero la pregunta que él me dirigió, a continuación, lejos de calmarme, activó una especie de espíritu combativo unido a una gran emoción, descontrolada por el amor que me hace sentir, una reacción que, cuando se trataba de Marcus, no es muy difícil que pase, revelando más de lo que una mujer, q
Daisy: -” Podrías morirme de vergüenza ahora mismo, como me hace esto delante de tanta gente, aún pero delante de sus padres, maldito sea Rata Miller.”- ese era mi pensamiento mientras de esa forma tan troglodita, era llevada sobre el hombro del hombre que amo, sin ninguna piedad por su parte. Es verdad que me siento culpable, por haber huido del hotel, donde estaba bajo su protección, sin notificárselo, más aún después de lo que pasó anoche, pero en ese momento, como comprobé más tarde, no sabía que había sido engañada por mi propia clienta, no podía sospechar que Maryorie prefiriera el dinero, para luego intentar fugarse, a cambio de vender a sus abogadas. No quise a hablar, ni protestar en ese momento, mientras oía avergonzada, los vítores de los asistentes, al ver como ese hombre me llevaba con paso decidido a saber dónde, Simplemente cubrí mi cara con las manos, por eso de ojos que no ven, corazón que no siente, mientras trataba de enterrarme en su espalda, para aislarme de t
Marcus: Se puede decir que llegar hasta esa maldita mujer, aunque en tiempo fue rápido, gracias a que mi cuñado Finlay envió dos de sus helicópteros, desde Edimburgo, para mí no fue lo suficientemente, sólo de saber que mi madre, y la mujer que amo, habían estado en peligro, durante unas peligrosas horas, sin que yo pudiera evitarlo, ni protegerlas me daban ganas de golpearme. De nada me servía saber que ahora se encontraban bien, que segun me había dicho nuestra gente, que mi madre nunca había estado en peligro, más bien había intervenido en ayudar a la desesperante Marilyn. Ni tampoco me servía que, esta última, se habían liberado de sus secuestradores por si sola, simplemente no podía admitirlo porque yo no estaba a su lado, y eso me hacía estar furioso, con ella, con los secuestradores, con el mundo, pero, sobre todo, conmigo mismo. -” ¿Qué ocurre, hijo? ¿Te encuentras bien?”- la voz de mi padre, me hizo salir de mi estado de auto reproche para mirarlo, mientras el helicóptero







