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Capítulo 2

Penulis: Victoria Guerra
Cuando Robert comprendió lo que estaba ocurriendo, habló de inmediato.

—Victor, cálmate. Nosotros te fallamos. Llamaré a Melissa para que venga enseguida. Solo no le hagas daño a Lucas. Acaba de salir de una cirugía y está débil.

El cuchillo de Victor vaciló. Parecía creerle a Robert, al menos por el momento.

Con las manos temblorosas, Robert sacó el teléfono y marcó el número de Melissa.

La llamada estaba llena de interferencias y, entre el ruido, alcancé a distinguir la voz quebrada y desesperada de un hombre.

Robert preguntó con urgencia:

—¿Qué te está pasando? ¡Lucas tiene más de diez puñaladas! ¡Se está muriendo! ¿Por qué todavía no has llegado?

Pensó que Melissa le creería. En cambio, ella soltó una risa fría.

—¿Papá, tú también formas parte de esto? Ya averigüé dónde está Victor. Sigue en su ciudad natal. Dile a Lucas que deje de fingir. Si de verdad está en peligro, que llame a una ambulancia. Ah, por cierto, ya compré una parcela en el cementerio. Podemos programar su entierro cuando quieran.

El desprecio se desbordaba en cada una de sus palabras.

Entonces, una voz cansada sonó al otro lado de la llamada.

—¿Lucas está armando otro escándalo? Mel, no te enojes con él. Siempre se pone celoso y hace un drama por todo. Tal vez deberías acompañarlo... Yo de verdad quiero morir. Dicen en internet que morir incinerado es la peor forma de hacerlo...

Sabía que esa voz pertenecía a Ethan.

El rostro de Robert se ensombreció.

—Si no me crees, te enviaré fotos.

Melissa guardó silencio un par de segundos. Seguro estaba viendo las imágenes. Sin embargo, cuando volvió a hablar, sonó completamente indiferente.

—Vaya, papá. Lucas sí que gastó dinero en esta actuación. ¿De dónde sacó a un extra que se parece tanto a Victor? Y esa sangre parece demasiado real. ¡Aw, mírenle esa carita de víctima! Debería dedicarse a actuar antes de desperdiciar semejante talento.

Robert abrió la boca, pero no encontró palabras. Por un instante, una amarga lucidez me atravesó el pecho.

¿Cómo es que nunca vio quién era Melissa en realidad?

Los vecinos comenzaron a reunirse en la azotea. Algunos incluso intentaron explicarle lo que estaba ocurriendo.

Aun así, Melissa seguía sin creer una sola palabra.

—¿Y ahora qué? ¿También contrató extras? ¿O todos ustedes de verdad se tragaron su actuación? Diviértanse allá arriba. Yo voy a tranquilizar a Ethan.

Tras finalizar la conversación, el techo quedó en silencio por unos segundos. No supe cuál de sus palabras terminó de provocar a Victor. De repente, me empujó al suelo y se descontroló. Subía y bajaba el cuchillo una y otra vez.

La hoja atravesó mi piel, un dolor agudo y traumático se extendió desde mi pecho hasta cada rincón de mi cuerpo. Intenté defenderme, pero ni siquiera fui capaz de levantar un brazo.

Justo cuando la oscuridad empezó a cerrar mi visión, dos policías irrumpieron por la puerta de la azotea.

Al parecer, uno de los vecinos llamó al 911.

A los agentes les tomó un minuto reducir a Victor, arrebatarle el cuchillo y esposarlo.

Mientras tanto, mi sangre seguía brotando sin detenerse y mis párpados pesaban como si fueran de hierro.

Instantes antes de perder el conocimiento, escuché de nuevo la voz de Melissa desde el teléfono de Robert. Se le pasó colgar.

—Ethan, llevo mucho tiempo queriendo divorciarme de Lucas, pero él cuida muy bien de mi papá. Para mí, el único hombre al que considero mi esposo eres tú. Lucas no es más que una máquina de hacer dinero. No le des importancia. Piénsalo. ¿Cómo podría amar a un hombre que miente con tanto descaro? Solo te amo a ti, porque eres honesto y digno de confianza.

Cada una de sus palabras se clavó en mi pecho como otra cuchillada.

Sin embargo, lo que nació dentro de mí no fue tristeza.

Fue odio.

...

Cuando abrí los ojos, el olor a antiséptico invadió mis sentidos.

Robert se acercó apresuradamente a la cama y exhaló un largo suspiro.

—Lucas, te fallamos. Lamento mucho que hayas tenido que pasar por todo esto.

Miré los gruesos vendajes que me cubrían el pecho y mi expresión se volvió dura.

—Quiero estar solo un rato.

Al notar mi actitud distante, volvió a suspirar antes de salir de la habitación.

Saqué el teléfono para distraerme y, sin querer, reproduje un videoclip de la transmisión en vivo en la que Melissa intentaba convencer a Ethan de que desistiera.

Había gasolina derramada por todo el piso de la sala. Melissa permanecía allí de pie, sin mostrar el menor miedo. Vestía un vestido de novia blanco, sostenía un anillo de diamantes y levantaba la vista hacia Ethan con los ojos llenos de un profundo amor.

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