INICIAR SESIÓNELENA
Lycan entró al dormitorio mientras se arrancaba su ropa en cuestión de segundos. Cuando se quedó desnudo, yo lo observé de arriba abajo. ¡Ay madre del amor hermoso! Valeeee... Nunca había visto una, pero no me lo había imaginado tan, tan grande. ¿Eso era legal tenerlo así? Me iba a dar un síncope, ya no me parecía buena idea perder mi virginidad, y el miedo empezó a recorrerme el cuerpo. Pero tonta de mi, ahí seguía yo, con la mirada clavada en sus partes íntimas, en esa anaconda, no sé qué coño me pasaba pero no podía dejar de mirar. Hasta que Lycan dijo: —No te cortes, puedes mirar, tocar y saborear. Amor, es toda tuya, puedes hacer lo que quieras con ella. Tragué saliva con dificultad. Dudaba mucho que eso entrara en mi boca, nada más con la punta me iba a ahogar. Caminó hacia mi, agarró mi mano y la llevó hasta su erección mientras se me escapaba un leve gritito de mis labios por la sorpresa. —Tócala amor. Y sin darme cuenta, la estaba manoseando. Si yo, la que parecía que no había roto un plato, estaba con un pene en la mano. Estaba tan dura y caliente, que me sorprendió y yo seguía mirándola, es que no podía quitar los ojos de su pene, parecía que me había hipnotizado, porque no era normal mi comportamiento. La mano de Lycan se posó sobre la mía, y comenzó a moverla, enseñándome como le gustaba. Me sentí un poco patética que tuviera que enseñarme. Sin poder evitarlo, suspiré, pero creo que se dio cuenta que me sentí frustrada por no saber. —Tranquila amor, todos vamos aprendiendo con la práctica, y tú vas a aprender demasiado esta noche. Levantó una mano y comenzó a acariciar mi cuerpo lentamente, posó una mano sobre mi espalda, después siguió por mis pechos que se pusieron duros al sentir sus caricias. Bajó por mi vientre hasta llegar a mi zona más íntima. Me sobresalté. Jamás nadie me había tocado, pero con él, por extraño que fuera quería que siguiera. No sé qué clase de brujería me estaba haciendo que tuve que agarrarme a sus brazos para no caerme. ¡Dios cómo me miraba! Estaba acalorada y excitada. Mi cabeza iba a mil. Un escalofrío me recorrió la espalda como una descarga eléctrica. Seguía acariciándome, despacio, muy despacio y lo que yo estaba sintiendo no lo podía explicar, un gemido se escapó de mis labios, y Lycan sonrió con morbo. Después, dejó de tocarme y se llevó los dedos a su boca y los saboreó. —Jodidamente deliciosa. Pero antes de que pudiera reaccionar, Lycan me sujetó con firmeza por el cuello. Sus dedos se cerraron con precisión, como si supiera exactamente dónde agarrarme para detenerme sin hacerme daño. —Eres una delicia. La cercanía era abrumadora. Lycan inclinó el rostro y hundió su cabeza en el hueco de mi cuello y yo contuve la respiración. El calor de su aliento me rozaba la clavícula, y cada inhalación parecía despertar mi cuerpo. Cerré los ojos por la intensidad del momento. —Eres distinta —murmuró, más para él que para mí. Tragué saliva, aún inmóvil. Sentía el pulso retumbándome en las sienes. Lycan ladeó la cabeza, observándome, se inclinó y sus labios se posaron sobre los míos con delicadeza. Fue un beso lento, pero apasionado. "Wooo, me encanta como besa." —pensé. Pero yo quería más, ese beso había sido demasiado corto, necesitaba sentir sus labios otra vez y no lo pensé, me lancé a sus labios, pero está vez fue un beso feroz, los dos estábamos hambrientos por el deseo. Ya no podíamos frenar aquello, más bien yo no podía, mi cuerpo me lo pedía a gritos, quería saber que se sentiría cuando el me penetrara. Tras cogerme entre sus fuertes brazos me depositó en la cama. Me abrió las piernas, y me puse tensa, había llegado el momento, esos ojos grises brillaron como nunca. Se arrodilló en la cama y agarró su miembro mientras lo dirigía hacia mí. Hipnotizada, miré sus labios. Me moría por morderlos y lamerlo. De repente, noté una pequeña presión en mi vagina, respiré hondo preparándome para recibirlo, volvió a empujar y un leve dolor me recorrió todo el cuerpo, volvió a empujar y está vez vi las estrellas, no por sentir placer, el dolor que sentí me partió en dos. Volvió a introducirla un poco más, y el dolor se intensificó, tanto que sin darme cuenta lo aparté de un empujón y le di una bofetada en la cara. Me levanté rápidamente de la cama y me fui a una esquina de la habitación. Valeeeee... Me estaba comportando como una cría, pero dolía y mucho. —Si esto va a dolor así no te acerques a mí. ¿Esto es placer? Esto es una tortura, tu cosa es demasiado grande para mí —solté malhumorada. Lycan soltó una carcajada. —Tranquila amor, al principio duele, pero después... —Después... nada, no voy a estar sufriendo. Prefiero quedarme virgen. Soltó otra carcajada. —Dirás medio virgen, ya entró la mitad de mi polla. —Imbécil —me giré y le di la espalda avergonzada. De pronto sus manos me rodearon y comenzaron las caricias, lo peor de todo que mi cuerpo se calentaba otra vez. Pasamos de cero a cien en cuestión de segundos. Me llevó otra vez a la cama. Asentí, tapándome la cara con las manos, por miedo, por vergüenza, por el dolor que estaba por venir, pero asentí dándole permiso para que continuara. Esta vez fue más cuidadoso, lo hizo despacito, muy despacio. Me observó unos minutos en silencio antes de comentar: —Ya ha entrado entera. Necesité un momento para recuperarme después de esto. Poco a poco comenzó a moverse, el dolor se desvanecía lentamente, mientras el placer comenzaba a florecer en su lugar. Una vez que el dolor, el miedo y la vergüenza habían desaparecido, comencé a disfrutar. Total, nunca más lo volvería a ver, así que estaba dispuesta a vivir ese momento. Comenzó a embestirme cada vez más fuerte mientras hacía magia con su mano en mi clítoris, y cuando llegué al orgasmo, gemí de placer contra su boca, fue una explosión tan brutal que me llevó hasta el cielo y después regresé al lado de Lycan. Poco después, Lycan soltó un gruñido y se desplomó encima de mí. Pasaron los minutos y él seguía sin moverse. No quería molestarlo, pero me estaba dejando sin aliento. Su cuerpo era tan grande que me aplastaba. —Lycan, no puedo respirar —susurré. Gruñó y se deslizó a un lado, tumbándose con pesadez. Aproveché para levantarme y asearme un poco en el baño. Me dolía ligeramente, pero no me arrepentía de nada. Al salir, fui directa a recoger mi ropa, pero él me detuvo. —¿A dónde crees que vas? —me tomó en brazos y me llevó de nuevo a la cama—. Pequeña, tú no te vas —se tumbó boca arriba y me obligó a apoyar la cabeza en su pecho mientras me acariciaba la espalda. —Tenemos que hablar de lo que pasó esta noche. ¿Sabes que me diste una bofetada? Por menos he matado. Sentí mis mejillas arder. No sabía cómo había podido hacer eso. Tenía que disculparme. Solo deseaba que no me quitara la vida… Al menos le di placer, o eso quería creer. Para mí fue una experiencia intensa, incluso hermosa, pero quizás para él no. Tal vez le parecí sosa y aburrida. Seguro que tenía a millones de mujeres detrás de él. Mujeres que sabían lo que hacían. Que no se contradicen. Que no le golpean en medio del deseo. —Lo siento por la bofetada. No sé cómo pasó. No quiero justificarme. Solo quiero que sepas que me arrepiento. —Amor, una bofetada tuya para mí es una caricia… además, no te voy a mentir, le dio más morbo a la situación. Solté una carcajada. Me acurruqué contra su pecho, sintiendo el calor de su piel y el ritmo de su corazón, era como si estuviera escuchando una música relajante. Y así, fue como perdí la virginidad con un hombre desconocido, aunque tenía que admitir, que ese hombre llamó mi atención desde el minuto uno. Poco a poco, con una sonrisa tonta en los labios, fui cerrado los ojos. Me pareció escuchar su voz, cerca de mi oído. —No te preocupes, amor… yo te ayudaré. Pero no sé si lo dijo de verdad o si ya estaba soñando. Estaba exhausta. Descansaría diez minutos, lo justo para recuperar el aliento. Después saldría por esa puerta y no volvería a verlo jamás.LYCAN Estoy tirado en la hamaca, con el sol dándome en la cara y el culo medio dormido de estar tanto rato aquí, pero no me pienso mover. Porque lo que tengo delante es jodidamente perfecto. Elena está sentada en el césped, con nuestro hijo de tres años jugando con sus rizos, riéndose como si el mundo fuera suyo. Y lo es. Porque si alguien merece toda la felicidad del puto universo, es ella. Y él. Y esa barriga que crece cada día más. Dos meses. Solo dos malditos meses para ver la carita de nuestra niña. Y sé, lo sé con cada fibra de mi cuerpo, que va a ser igual de fuerte, igual de valiente, igual de increíble que su madre. Me duele el pecho. Como si el corazón se me estuviera estirando de tanto amor. Y no me lo creo. No me creo que esto sea mío. Que ella sea mía. Que este pequeño terremoto que corre por el jardín sea mi hijo. Que esa niña que aún no ha nacido ya me tenga completamente rendido. Porque yo no me merezco tanto. No después de todo lo que hice, de todo lo que oculté, de
ELENA Lycan caminó hacia mí. Hasta que estuvo tan cerca que pude sentir su respiración. Levantó la mano despacio, como si temiera que fuera a apartarme. Pero no lo hice. Sus dedos rozaron mi mejilla. Y en cuanto me tocó… todo cambió.Vi un destello y de pronto, imágenes. Como si alguien hubiera abierto una puerta en mi cabeza.Me agarré a sus brazos, porque sentí que me iba a caer. Él me sostuvo. Y entonces lo vi todo.Lo vi solo, en su habitación, con la mirada perdida y llorando en silencio mientras sostenía una de mis camisetas. Lo vi hablar con Liora, con miedo, con culpa, con desesperación, le suplicaba que no me hiciera daño. Lo vi protegerme, incluso cuando yo creía que me estaba traicionando. Y sentí su amor, su miedo, su dolor y la verdad.No había mentiras en lo que vi, solo heridas y amor. Un amor tan profundo, tan salvaje, tan real… que me atravesó el pecho. Mis piernas flaquearon. Pero él me sostuvo más fuerte.—Elena —susurró, con la voz rota—. ¿Lo ves?Asentí, con lág
ELENA A lo lejos escuché rugidos de motores. Me giré de golpe y vi que venían más coches. Se acercaban por el camino de tierra, levantando una nube de polvo tras ellos.Mi cuerpo se tensó. El corazón me dio un vuelco. Sabía perfectamente lo que significaba. La manada de Lycan estaba aquí.Los coches se detuvieron en fila, como si estuvieran preparados para entrar en combate. Las puertas se abrieron. Y uno a uno, empezaron a bajar.—¿Por qué están aquí? —le solté a Lycan, sin bajar la mano—. ¿Qué se supone que vas a hacer?Lycan se acercó un paso, solo uno. Y lo miré como si la visita de la manada fuera una traición.—No están aquí para hacerte daño —dijo, con la voz baja—. Están aquí porque yo les pedí que vinieran. Para protegerte.—¿Protegerme? —me reí—. ¿De qué? ¿De ti?—¡Elena! —exclamó, con los ojos brillando—. Yo te amo. Jamás he pensado en quitarte a nuestro bebé. Jamás.—¿Ah, no? —le solté, cruzándome de brazos—. ¿Y entonces por qué hablabas con Liora? ¿Por qué te fuiste
ELENA Solo podía pensar en Lycan. En su dolor. En su maldita soledad. Parecía que una maldición lo envolvía, como si la Diosa Luna se divirtiera con él. Le mostraba a su compañera de vida… y luego se la arrancaba de las manos, una y otra vez. Como si le dijera: “No mereces amor.”Y él… se lo creía. Creía que algo malo había en él. Que era su culpa. Que su amor traía muerte.Pero no. Y Lycan no era el culpable de las muertes. Era Liora, una asesina.Y eso me rompía. Porque pensé que tal vez jugó conmigo, porque su deseo era tener un cachorro y ya cansado de tantas muertes... Pensó en quitarme a mí bebé.Jamás había pensado en castigar a alguien. Nunca. No estaba hecha para eso. Pero en ese momento… La idea se me cruzó por la cabeza. Y no se fue.Liora me estaba haciendo la vida imposible. A mí, a Lycan, a mis hermanas e incluso a mí hijo.Y sí, se merecía un castigo. Uno que le doliera. Uno que no pudiera borrar con una sonrisa falsa ni con sus trucos.Pero entonces apareció
ELENA No sé cómo, pero lo sentí. Liora estaba cerca. Aquí, en la entrada de Moonveil.No me lo pensé. No me puse a analizar si era seguro, si debía esperar, si alguien más debía ir primero. Me levanté, salí del dormitorio y empecé a caminar directa hacia la entrada. Con el corazón latiendo fuerte, pero sin miedo.Sabía que Lycan también estaba en camino. Lo sentía en el aire, en la forma en que el viento se movía, en cómo el medallón vibraba contra mi pecho. Pero me daba igual todo.No pensaba huir. Ya había huido demasiado. Había corrido, me había escondido, me había callado y ya estaba cansada de esconderme como si fuera débil. Si ellos pensaban que se iban a encontrar a la misma mujer que conocieron… Estaban muy equivocados.Ya no era Elena la miedosa. Era Briselle, la bruja. Y si alguien iba a por mi hijo, a por mí, a por lo que amo… Iban a tener que enfrentarse a todo lo que era.Vi a Seraphine a lo lejos pero no me detuvo. Solo me miró y asintió. Porque ella también sab
ELENA Después de la cena, en el salón fue quedando en silencio. Las conversaciones se apagaban poco a poco, y todos se retiraban a sus casas.Pero Natalia y yo no queríamos dormir aún. Necesitábamos aire.Así que salimos y comenzamos a caminar por las calles de Moonveil. El pueblo estaba tranquilo. Solo caminábamos. Pero entonces… el medallón sobre mi pecho comenzó a brillar. Pero esta vez, la luz era más intensa. Me detuve. El mundo a mi alrededor se desapareció. Ya no estaba en Moonveil. Mi mente había viajado. Y la visión me golpeó con brutalidad.Lycan estaba de pie en medio de su habitación destrozada. Sus ojos estaban rojos, llenos de lágrimas. Su pecho subía y bajaba y su voz… sonaba desgarradora.—¡Elena! —gritaba—. ¡Elena!Su cuerpo temblaba. Golpeaba las paredes. Se arrodillaba. Lloraba como si el mundo se le hubiera roto. Como si no pudiera respirar sin mí.Y yo… lo sentía. Sentía su sufrimiento como si fuera mío. Lo amaba tanto que me dolía. Poco después, la visión se de







