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Ambar lo miró con el corazón encogido.Justin acababa de entrar en el jardín, y aunque todavía caminaba lentamente, como si cada paso le exigiera un esfuerzo enorme, sus ojos estaban clavados en ella.Había desesperación en su mirada, una súplica tan dolorosa que Ambar sintió que las fuerzas comenzaban a abandonarla.Él no había dejado de amarla.Y ella, por mucho que intentara convencerse de lo contrario, tampoco había conseguido arrancarlo de su corazón.—No, Ambar, por favor, no —suplicó Justin, deteniéndose a unos pasos de ellaAmbar abrió los labios, pero no consiguió pronunciar una sola palabra.Sentía un nudo en la garganta y las lágrimas amenazaban con desbordarse.Luis, en cambio, no tardó en perder la paciencia.Se levantó de su asiento con el rostro endurecido.—Bueno, tengo un anuncio para todos, justo antes de que comience la cena.Su voz, firme y perfectamente controlada, consiguió que los murmullos disminuyeran.Luis se acomodó la chaqueta y miró a Ambar. Esperaba encon
Quince días despuésPor fin, después de dos semanas de incertidumbre, Justin y Luis recibieron el alta médica.Para Ambar, aquellos quince días habían sido una auténtica tortura.Aunque Justin había logrado estabilizarse.Sin embargo, la presencia de Luis complicaba cada vez más las cosas.El día en que ambos abandonaron el hospital, Luis expresó su deseo de que Ambar fuera quien lo llevara a casa.Apenas escuchó aquella petición, la madre de Justin se puso furiosa.—¡Esto es el colmo! —exclamó, incapaz de contener su indignación—. ¿por que debes acompañarlo? Mi hijo es el padre de tu bebé, Ambar.Luis mantuvo una expresión serena, como si las palabras de aquella mujer no le afectaran.—Solo le estoy pidiendo que me lleve a casa. No creo que sea necesario convertir algo tan sencillo en un problema.—¡Tú sabes perfectamente lo que estás haciendo!Ámbar bajó la mirada. No quería que aquella discusión se prolongara, mucho menos frente a Justin, quien todavía necesitaba tranquilidad para
Ambar llevaba horas esperando noticias de Justin.Sentada en una de las sillas del pasillo del hospital, mantenía las manos entrelazadas sobre su regazo, aunque sus dedos no dejaban de temblar.Se llevó una mano al vientre y cerró los ojos.Su hijo necesitaba a su padre.Y ella, aunque se negara a admitirlo en voz alta, también necesitaba a Justin.—Por favor, que esté bien —susurró, sintiendo que las lágrimas amenazaban con desbordarse—. No me lo quites ahora.En ese instante, la puerta de la sala de atención se abrió.Ambar se puso de pie inmediatamente.El médico apareció con una carpeta entre las manos y ella se acercó, incapaz de contener la ansiedad.—¡Doctor! ¿Cómo está Justin? ¿Le ha sucedido algo grave?El hombre la observó con serenidad, consciente de la preocupación que reflejaba su rostro.—Tranquila, señora. El paciente está bien. Su presión arterial se desplomó, lo que provocó que perdiera el conocimiento, pero hemos conseguido estabilizarlo. Por ahora, necesita descansa
Ámbar entró en la habitación sin imaginar que encontraría a Luis junto a la cama de Justin. Sin embargo, lo que llamó su atención no fue la presencia de aquel hombre, sino el rostro de Justin.Estaba terriblemente pálido. Sus labios habían perdido el poco color que les quedaba y sus ojos, habitualmente llenos de determinación, la miraban con una mezcla de incredulidad y dolor que le provocó un escalofrío.Algo no estaba bien.Ámbar se detuvo en seco, sintiendo que el corazón comenzaba a golpearle con fuerza contra las costillas. Miró a Justin, después a Luis, intentando comprender qué había ocurrido durante los pocos minutos que había estado fuera.Entonces, la voz de Justin rompió el silencio.—¿Vas a... casarte?Las palabras salieron de su boca con dificultad, como si cada sílaba le desgarrara la garganta. No parecía capaz de formular otra pregunta. Se limitaba a observarla, esperando que ella negara lo que acababa de escuchar, que se acercara y le dijera que todo era una mentira.Á
Ambar lo miró con miedo. Quería negarse, decirle que jamás podría amarlo y que su corazón pertenecía a Justin, pero sabía que cualquier enfrentamiento podía complicar las cosas.Al final, bajó la mirada y asintió.—Está bien.Luis sonrió, satisfecho.***Una semana después, Justin finalmente despertó por completo y comenzó a mostrar señales alentadoras de recuperación.Cuando abrió los ojos y reconoció a su madre junto a la cama, intentó incorporarse, pero una molestia en el cuerpo lo obligó a detenerse.—Tranquilo, hijo —dijo ella, sujetándole la mano—. No te esfuerces. Acabas de pasar por una operación importante.Justin respiró profundamente y miró a su alrededor.—¿Ambar?—Estoy aquí —respondió ella, acercándose de inmediato.Al verla, Justin extendió una mano hacia ella. Ambar se apresuró a tomarla y se sentó junto a la cama, incapaz de contener la emoción.Él le acarició los dedos con debilidad.—Ambar, lo único que me importa es que tú y mi bebé estén bien.Ella sintió que se le
Finalmente, la operación comenzó.Ambar permaneció en la sala de espera con las manos entrelazadas y los ojos fijos en las puertas del quirófano.Aunque el médico le había explicado que existían buenas posibilidades de éxito, no podía evitar que el miedo se apoderara de ella.minuto que transcurría parecía interminable, y su imaginación no dejaba de mostrarle los escenarios más terribles.No quería perder a Justin. No después de todo lo que habían vivido, de las heridas que habían sufrido y de los sueños que todavía tenían pendientes.Se llevó una mano al vientre, acariciándolo suavemente.—Por favor, pequeño, sé fuerte —susurró, con lágrimas en los ojos—. Tu papá está luchando por regresar a nosotros. Necesitamos que esté aquí contigo.Su corazón se encogía cada vez que alguien cruzaba el pasillo. Intentó distraerse mirando su teléfono, pero era incapaz de concentrarse en la pantalla. Ni siquiera podía responder los mensajes de Lola, quien le preguntaba constantemente si había alguna







