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—¡Hermano, déjame explicarte!Ámbar dio un paso hacia Greg, pero él retrocedió.No estaba enojado exactamente.Estaba herido.Durante años habían sido una familia unida. Habían compartido problemas, celebraciones, discusiones y momentos difíciles.Por eso, descubrir que su hermana se había casado y que él ni siquiera sabía quién era su esposo le dolía más de lo que quería admitir.—¿Explicarme qué? —preguntó Greg—. ¿Que no nos tomaste en cuenta como familia?Ámbar bajó la mirada.—No fue así.—Entonces dime cómo fue.Ella respiró profundamente.Tenía los ojos llenos de lágrimas.—Mi esposo no es un hombre rico como tú, Greg.Su hermano frunció el ceño.—Eso nunca me habría importado.—A él sí.Greg se quedó callado.Ámbar continuó:—Él ha luchado mucho para conseguir lo que tiene. Desde que nos casamos ha trabajado sin descanso. Nunca me ha pedido nada. Ni siquiera sabe cuánto dinero tengo realmente.—¿Qué quieres decir?Ámbar se secó una lágrima.—Si supiera que tengo dinero... si su
Cuando Lola despertó, lo primero que notó fue el aroma de comida recién preparada.Parpadeó varias veces.La cama estaba vacía.Se incorporó lentamente y miró alrededor de la habitación.Entonces escuchó algunos ruidos provenientes de la cocina.Una sonrisa apareció en sus labios.Se levantó, se puso una bata y caminó descalza hasta encontrar a Greg frente a la estufa.Él estaba completamente concentrado.Llevaba una camiseta sencilla y tenía las mangas ligeramente levantadas mientras terminaba de preparar el desayuno.Lola se quedó unos segundos observándolo.Después se acercó en silencio y lo abrazó por detrás.—¡Qué hombre tan educado! —murmuró contra su espalda—. Cocinando para su mujer.Greg sonrió.—Alguien tiene que alimentarte.—Ah, ¿sí?Lola deslizó lentamente las manos por su cintura.—Creo que mereces un premio.Greg soltó una pequeña risa.—¿Un premio?—Uno bastante bueno.Ella dejó una caricia juguetona sobre su hombría.Greg giró ligeramente la cabeza.—Lola...—¿Qué?—S
Al día siguiente.Lola despertó lentamente.Durante unos segundos no supo dónde estaba.La habitación permanecía en silencio y los primeros rayos del sol entraban por la ventana, iluminando suavemente las sábanas.Entonces sintió el brazo de Greg alrededor de su cintura.Giró la cabeza.Él todavía dormía.Lola se quedó observándolo.Parecía tan tranquilo que por un instante le costó relacionarlo con el hombre que había estado a punto de perder.Con cuidado, levantó una mano y acarició su rostro.Sus dedos recorrieron lentamente su mejilla.Lola sonrió.«Pensar que pude perderte...»El pensamiento hizo que su corazón se encogiera.Había pasado tanto tiempo luchando contra sus propios sentimientos, intentando convencerse de que podía vivir sin él, que ahora comprendía algo que antes se negaba a aceptar.No quería perderlo.Nunca.Se acercó un poco más y apoyó la cabeza sobre su pecho.—No quiero volver a separarme de ti —susurró.Greg se movió.Lola pensó que continuaría dormido, pero,
Debieron pasar unos diez largos minutos en los que Greg forcejeó inútilmente contra los barrotes, con la mandíbula apretada y la respiración agitada.De pronto, un leve ruido en la puerta interrumpió el silencio. Se abrió lentamente y la carita de Lola se asomó con timidez juguetona por la rendija.—¿Greg? ¿Aún me deseas?Él la fijó con una mirada echa fuego, con los ojos empequeñecidos por la rabia y el deseo acumulado.—Lola… ¡libérame ahora mismo! —ordenó con voz de mando.Ella entró despacio a la habitación, caminando con gracia deliberada.Llevaba puesto únicamente un camisón de seda translúcido que apenas cubría las curvas de su cuerpo desnudo, dejando muy poco a la imaginación.—¿Por qué estás tan frustrado? A ver, ¿verdad que ya no me vas a ocultar nada nunca más?—Lo juro, mi amor, lo juro por mi vida —prometió él, intentando suavizar su tono.—¿Y cómo puedo confiar en ti? —preguntó ella titubeando, sintiendo en el fondo una pizca de temor real ante la inevitable venganza de
Greg comenzó a quitarse la ropa sin prisa, provocador.Primero desnudó su torso, dejando al descubierto una musculatura firme y definida, para luego deslizar sus pantalones con parsimonia hasta la alfombra.Lola lo miraba fijamente, completamente inmóvil sobre el colchón, hipnotizada por la perfección y masculina de su figura.Era una escultura esculpida para el deseo, una visión que encendía cada rincón de su anatomía.—¿Le gusto tanto, mi señora? —exclamó Greg con voz grave y una chispa de malicia en la mirada al descubrir el escrutinio del que estaba siendo víctima.Ella esbozó una sonrisa divertida y desafiante, sosteniéndole la mirada con descaro.—Pues… un poco —respondió, dejando que sus ojos recorrieran lentamenteGreg dejó escapar una risa baja, mientras terminaba de quitarse la última prenda hasta quedar completamente desnudo.—¿Y qué parte te gusta más? —inquirió él, dando un paso al frente.—Ah, ¿es que acaso puedo elegir? —provocó ella, alzando una ceja con coquetería.Sin
Greg volvió a tomarla entre sus brazos y la llevó hasta el automóvil.Lola soltó un suspiro.—Greg, puedo caminar sola.—Lo sé.—Entonces bájame.—No quiero.Lola lo miró con incredulidad, pero terminó dejando escapar una pequeña sonrisa.—Eres imposible.—Y tú sigues aquí.Greg la acomodó con cuidado en el asiento del copiloto y cerró la puerta.Después rodeó el automóvil y se puso detrás del volante.Lola se abrochó el cinturón y lo observó de reojo.—¿A dónde vamos?Greg encendió el motor.—Ya lo verás.—Greg...—Confía en mí.Lola cruzó los brazos.—Eso es precisamente lo que estoy intentando hacer.Greg la miró durante un instante.—Entonces dame una oportunidad.El automóvil comenzó a avanzar.Durante el trayecto, Lola permaneció en silencio. Miraba por la ventana mientras las luces de la ciudad iban desapareciendo poco a poco.No sabía qué pretendía Greg.Después de todo lo que había sucedido aquel día, no podía evitar sentirse confundida.Por un lado, estaba furiosa.Por otro,







