MasukCarlos le mostró el pasador de diamantes.—Se te cayó.Rocío se tocó el cabello y lo recibió de inmediato.—Gracias.Permanecieron sentados en silencio un momento.Ella por fin comenzó:—Hace rato...—Podemos intentarlo.Rocío dejó la frase a medias y lo miró, sin poder creerlo.Cuando comprendió lo que acababa de decir, una enorme felicidad la invadió y la dejó sin palabras.***La celebración de la boda duró tres días. Por deseo de Julieta, no se hizo pública. Quería compartir aquel momento tranquilamente con sus familiares y amigos.Tres días después, los invitados comenzaron a marcharse. Héctor regresó al país con Julieta y los niños. Jairo, Mariana y otros también viajaron con ellos en su avión privado.Ese mismo día, Héctor, Julieta y los niños fueron primero a Casa Gómez.Doña Ibarra y don Elías estaban ahí. Doña Gómez cargó a Tadeo, encantada.—Qué bonito eres. Tadeo, soy tu bisabuela.Tadeo no lloró ni se inquietó. Al contrario, movía las manitas con alegría y hacía reír
La ceremonia terminó a las once y media de la mañana.Llegó el momento de lanzar el ramo, pero Julieta se lo entregó directamente a Mariana. Ella lo recibió y enseguida se lo pasó a Jairo.Bajo la mirada de todos, él aceptó las flores.Mariana se puso de puntitas y le dio un beso en la mejilla. Alrededor estallaron las risas y los aplausos.Después de las fotos de grupo, Héctor acompañó a Julieta a cambiarse para el banquete.Rocío estaba ayudando a recibir a los invitados cuando alguien chocó con ella por accidente. Se tambaleó hacia atrás, pero una mano firme la sostuvo del hombro.Volteó, sorprendida, y vio a Carlos.Él le habló con suavidad:—Cuidado.Rocío recuperó el equilibrio y alzó la mirada.—Gracias.Mariana se acercó justo en ese momento.—Yo me encargo de esto. Ve a pasear un rato con Carlos.Mientras hablaba, le puso otro ramo de novia entre las manos.Julieta había preparado dos: uno compuesto principalmente de lirios del valle y otro de lirios de pétalos dobles y ros
Héctor sonrió ligeramente.—¿Cuándo no soy guapo?Renzo se rio.—Está bien. Todos los días. Nadie te gana.Jairo los apuró:—Vamos. Ya están llegando los invitados.La ceremonia estaba programada para las diez y media de la mañana.Alrededor de las diez, los invitados comenzaron a llegar. Las risas llenaban el lugar mientras el grupo contratado para la ocasión interpretaba música suave.Héctor hablaba con Efraín cuando vio que Jairo se acercaba acompañado de Carlos.Carlos acababa de llegar. Héctor se había encargado personalmente de que le enviaran una invitación.Carlos se detuvo frente a él.—Felicidades.Héctor asintió.Carlos le entregó la bolsa de regalo que llevaba.—Es un regalo de bodas para Julieta.—Te lo agradezco de su parte. Se lo voy a dar.Carlos asintió.No hablaron más. Se apartó con Jairo para conversar.Efraín miró a Héctor.—¿Todavía te molesta tanto, incluso hoy?Héctor le entregó el regalo al mayordomo.—Solo espero que de ahora en adelante sepa respetar los lím
Jairo y los demás llegaron tres días antes de la boda.Él le entregó a Julieta un regalo envuelto con mucho cuidado. Ella pensó que era de su parte y estaba a punto de darle las gracias cuando lo escuchó decir:—Esto te lo manda mamá.Julieta se quedó inmóvil. Sabía que se refería a Guadalupe. Bajó la mirada, sin saber cómo reaccionar.Jairo añadió en voz baja:—No espera que la perdones. Solo quiere que seas feliz.Julieta siguió callada. Él no insistió y la dejó sola.Julieta permaneció mirando la caja entre sus manos. Después de un largo rato, la abrió. Dentro había un juego completo de joyas de jade que, a simple vista, parecía muy valioso.Julieta lo contempló en silencio. Cuando volvió a levantar la cabeza, tenía los ojos húmedos.Era hora de dejar atrás todo aquello.***La noche anterior a la boda no pudo dormir. Se acomodó las cobijas y se dio la vuelta.Héctor la abrazó por detrás.—¿Todavía estás despierta?Ella se recargó en su pecho.—Tú tampoco estás dormido.—No p
En cuanto estuvo en brazos de Julieta, Tadeo dejó de llorar. Ella tomó el biberón y por fin consiguió que bebiera tranquilo.Héctor le rozó la mejilla a Tadeo.—Sofía era tan tranquila de bebé. Nada que ver con él.Julieta respondió, molesta:—¿Todavía le echas la culpa? ¿Qué clase de papá le quita la comida a su hijo?Héctor la abrazó de lado.—Te tuvo toda para él durante una semana. ¿No puedo disfrutarte un poco?—No puedo creer que digas eso.—Anoche no tuve cuidado. Me voy a controlar.Después le dio un beso en los labios.Ese día, Sergio se despidió y regresó al país.***En la propiedad comenzaron los preparativos para la boda. Una vez fijada la fecha, enviaron las invitaciones. Cuanto más se acercaba el día, más nerviosa se sentía Julieta. A ratos, todavía le costaba creerlo. Sin embargo, el lugar de la ceremonia, visible desde la ventana, le recordaba que Héctor y ella estaban a punto de celebrar su boda.Escuchó pasos detrás de ella y volteó. Héctor se acercó, la abrazó
Julieta bajó a la sala de la mano de Sofía. Sergio las siguió.Héctor acababa de entrar cuando Sofía corrió hacia él.—¡Papá!Él se inclinó para cargarla.—¿Me extrañaste?—¡Claro que sí!Sofía le dio un beso sonoro. Héctor sonrió y le revolvió el cabello.Después la dejó en el suelo y tomó la mano de Julieta.—¿Me extrañaste?Ella le echó una mirada para recordarle que no estaban solos.Héctor sonrió y por fin se volvió hacia Sergio, quien lo saludó.—¿Cuándo llegaste?—Hoy.—Si no tienes prisa, quédate unos días más.—Vine a ver a Julieta y a Tadeo, pero mañana tengo que irme. Hay asuntos pendientes en el país y no puedo tardar mucho.—Está bien.Después le dijo a Sofía:—Quédate un rato con Sergio. Julieta y yo vamos a ver a Tadeo.—Sí.Cuando subieron, Celeste acababa de dormir a Tadeo.Preguntó en voz baja:—¿Ya llegaste?Héctor asintió.—Acaba de dormirse. Ve a bañarte y a cambiarte antes de estar con él.—Lo sé.Celeste no se quedó mucho tiempo.Apenas se cerró la puerta, Héct






