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Capítulo 319

Penulis: Yamila Rivera
Julieta frunció el ceño. Tras unos segundos, soltó el aire.

—Voy a llamarle a Sofía.

—Está bien.

Se tranquilizó un poco y marcó al reloj inteligente de Sofía, pero nadie contestó.

Seguramente lo había dejado en la habitación y no escuchó la llamada.

Tampoco tenía el número de la niñera.

Sebastián comentó:

—Héctor seguro ya dejó todo bien organizado para que cuiden a Sofía. Si no te quedas tranquila, yo puedo ir solo a la cena.

Julieta guardó silencio unos instantes.

—Mejor voy después... cuando
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    La mirada de Carlos se detuvo en la curita que Julieta llevaba a un lado del cuello. Frunció ligeramente el ceño, pero al final no preguntó nada y se limitó a esbozar una sonrisa.—Lo haré. Tú también cuídate mucho.Julieta asintió.Al ver lo mucho que les costaba despedirse, el rostro de Héctor se ensombreció todavía más.Carlos no miró a Héctor ni una sola vez. Después de despedirse de Julieta, se alejó empujando su maleta.Julieta permaneció en el mismo lugar, observando cómo su figura se alejaba poco a poco.La voz sombría de Héctor sonó sobre su cabeza.—¿Todavía no te cansas de mirarlo?Julieta levantó la cabeza y se encontró con la mirada helada de Héctor.Lo ignoró, apartó la mirada y caminó hacia su habitación, mientras Héctor no dejaba de observarla.Carlos salió del hotel. Su asistente se acercó para recibir la maleta y llevarla al carro. Carlos permaneció inmóvil, mirando a lo lejos. Respiró hondo, cerró lentamente los ojos y, solo después de recuperar la compostura, s

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    Sofía contestó la llamada de Héctor:—Papá.Héctor dijo:—Tu mamá quiere hablar contigo.Los ojos de Sofía se iluminaron al instante.—Sí.Héctor le pasó el celular a Julieta.Ella lo tomó, se lo acercó al oído y dijo:—Sofía.El nombre de Sofía le salió con total naturalidad.Al escuchar la voz de Julieta, Sofía se emocionó aún más, pero enseguida habló con tristeza:—Mamá, hace muchísimo que no vuelves a casa. ¿Por qué no me has llamado? Yo te llamé y tampoco contestaste.La voz de Sofía tocó la parte más sensible del corazón de Julieta y la llenó de angustia.—Perdóname. Pórtate bien mientras estés en casa.Julieta quería darle una explicación, pero no sabía cómo hacerlo.Mucho menos quería que Sofía supiera que ahora no recordaba nada.Sofía respondió:—Me he portado muy bien. Llevo todo este tiempo esperando a que regreses.A Julieta le ardieron los ojos y sintió un escozor en la nariz.—Sí, eres una niña muy buena. Espérame, ya volveré.—Bueno.Cuando terminó la llamada, Julieta

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    Héctor retiró una mano y bajó la mirada hacia ella.—No tienes ningún golpe en la cabeza... ¿Perdiste la memoria?Julieta apartó la otra mano de un empujón. No tenía ganas de decirle una sola palabra más, así que lo rodeó y se dirigió hacia la puerta.Como era de esperarse, Héctor volvió a jalarla.—Tú...Héctor la sujetó de los hombros y clavó en ella una mirada penetrante, como si quisiera encontrar la respuesta en su rostro.—Así que de verdad perdiste la memoria.Eso lo explicaba todo.Julieta lo miró con enojo.—Ni creas que vas a engañarme.Héctor soltó una risa de pronto.—¿Engañarte para qué? ¿Para tener hijos contigo? ¿Quieres que te cuente cómo empezaste a enamorarte de mí en secreto desde antes de cumplir la mayoría de edad? Sofía también nació porque aprovechaste que yo estaba indefenso para meterte en mi cama.Las pupilas de Julieta se contrajeron y su rostro se llenó de incredulidad. ¿Ella se había aprovechado de él cuando no podía defenderse?¡Jamás sería capaz de hacer

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    Héctor terminó la llamada, dejó el celular sobre el buró y apagó la luz.La habitación quedó sumida en la oscuridad y, con ella, también parecieron apagarse las intensas emociones de hacía un momento.Él se acostó boca arriba, cerró los ojos despacio y su respiración se fue calmando.Julieta, en cambio, no podía dejar de pensar en la voz de Sofía y era incapaz de tranquilizarse.***Cuando despertó al día siguiente, sentía todo el cuerpo acalorado y un peso encima.Al recuperar poco a poco la conciencia, lo primero que vio fue el rostro apuesto y sereno de Héctor.Se quedó desconcertada. Héctor la rodeaba por completo con los brazos y, además, le había echado una pierna encima, de modo que apenas podía moverse.Julieta forcejeó para librarse de su abrazo, pero Héctor la sujetaba con demasiada fuerza y no parecía dispuesto a despertar.Así que estiró la mano y le dio un fuerte pellizco en el muslo.Todavía dormido, Héctor frunció el ceño y abrió los ojos lentamente.Julieta dijo:—Suél

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    Al verla todavía desafiante y con aquella expresión fría, Héctor preguntó:—¿De verdad crees que tienes la razón?Julieta apretó los dedos y no respondió.Héctor tomó el antiséptico y lo roció sobre la herida de Julieta.Ella frunció el ceño y apretó los dientes.Héctor le reclamó:—¿Por qué no me llamaste después de irte de Alta Vista?Julieta siguió sin decir nada.Héctor siguió curándole la herida. La miró de reojo y volvió a preguntar:—¿Por qué tampoco me dijiste que estabas embarazada? Te escondiste de mí y te viniste hasta acá con Carlos. ¿Y por qué no te fuiste aún más lejos? ¿Tanto te gusta? ¿Es que no tienes corazón?Héctor lanzó una pregunta tras otra, pero Julieta permaneció en silencio, apretando los dedos cada vez con más fuerza.Su respiración se volvió pesada y su pecho comenzó a subir y bajar con fuerza. Sentía el corazón oprimido por una angustia indescriptible.—¿Vas a seguir sin decir nada?Héctor terminó de ponerle una curita. Julieta se levantó de inmediato y ca

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    Al ver a Julieta tan furiosa, como si no lo reconociera, Héctor sintió unas ganas terribles de estrangularla. Nunca había estado tan enojado.—Vas a volver conmigo.Julieta replicó:—¿Por qué tendría que irme contigo?La ira ardía en los ojos de Héctor.—¿Hasta cuándo vas a seguir fingiendo?La miraba con tanta ferocidad que parecía querer hacerla pedazos.Julieta lo observó con los ojos muy abiertos, esforzándose por contener el miedo.Carlos se apoyó en una silla y logró ponerse de pie. Tenía sangre en la comisura de los labios.Julieta volvió la cabeza hacia él.—Carlos.Intentó soltarse, pero Héctor la levantó en brazos de golpe.—¿Qué haces? ¡Bájame!Él la sujetó con fuerza contra su pecho, se dio la vuelta y comenzó a caminar.Braulio acababa de llegar. Al ver a Héctor acercarse con Julieta en brazos y una expresión aterradora, se quedó atónito y apenas logró hablar.—Señor Héctor.Héctor ni siquiera lo miró. Se marchó con Julieta, seguido de cerca por Miguel.Nadie alrededor

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