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Capítulo 90

작가: Yamila Rivera
Héctor colgó el celular y enseguida escuchó la voz de Adriana, cargada de reproche:

—Hoy tienes que quedarte conmigo.

A las siete de la noche, Julieta fue sacada del quirófano en camilla, con una mascarilla de oxígeno colocada.

Las personas que aguardaban afuera se acercaron de inmediato.

El médico informó:

—Ya no corre peligro. Solo está muy débil, necesita descansar bien.

Al saber que su vida no estaba en riesgo, todos soltaron por fin el aliento que habían estado conteniendo.

Julieta fue tra
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    Llegó la hora de cenar y Héctor todavía no bajaba. El mayordomo explicó que seguía ocupado y que después le subirían la comida.Julieta le dijo a Sofía:—Vamos a cenar nosotras. Dejemos que termine de trabajar.Sofía asintió.—Sí.Después de la cena, una empleada se dispuso a llevarle la comida a Héctor. Julieta le dijo a Sofía que viera un rato la televisión y subió detrás de la empleada.Tocó la puerta del despacho y, al escuchar la respuesta, abrió. Después tomó la charola de manos de la empleada.—Dámela, por favor.Al verla, Héctor suavizó la expresión y dejó los documentos que tenía entre las manos.Julieta había alcanzado a notar que estaba de mal humor. Dejó la charola sobre el escritorio, acomodó los platos y preguntó:—¿Pasó algo?Él extendió la mano hacia ella. Julieta rodeó el escritorio y se acercó. Héctor la tomó de la cintura y la sentó suavemente sobre sus piernas.—Nada. Unos empleados cometieron un error.—¿Apenas llegaste y ya hay problemas?Él jugó con un mech

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    La niñera llevó a Sofía a su habitación para prepararla para dormir.En la recámara, Héctor sacó del clóset la pijama y la ropa interior de Julieta y las dejó en el baño. Después se acercó al sofá y la levantó en brazos.Julieta evitó mirarlo. No era la primera vez que él la acompañaba a bañarse. Sabía muy bien lo que iba a pasar, pero tampoco encontraba la forma de resistirse a él.El baño estaba lleno de vapor tibio. Héctor la rodeó por la cintura, inclinó la cabeza y le mordió suavemente el labio antes de besarla con intensidad.Ella alzó los ojos hacia él y habló con la voz algo ronca:—Más despacio.Héctor la hizo girar, la abrazó por detrás y le susurró:—Voy a tener cuidado.Julieta no supo cuánto tiempo pasó. Él solo se detuvo cuando ella ya no podía más del cansancio. Después de ayudarla a asearse, la llevó en brazos a la recámara, la acomodó con cuidado en la cama y la cubrió. Luego regresó al baño para darse una ducha fría.Cuando por fin logró calmarse, se puso una ba

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    Un día antes de irse a San Aurelio, Héctor y Julieta organizaron una comida en Costa Dorada. Jairo, Rafael y los demás asistieron.Julieta también llamó a Rocío para invitarla.Sin embargo, don Quiroz había sido hospitalizado de repente y Rocío debía quedarse a cuidarlo, así que no pudo ir.Sergio había regresado al país tiempo atrás, pero hacía unos días había vuelto a Auremont.Todos se sentaron en el cálido invernadero de cristal y comieron carne asada.Irene miró a Julieta.—Con esa panza, se nota que es niño.Julieta llevaba un suéter largo y holgado, pero el embarazo ya era muy evidente.Se llevó a la boca un trozo de carne de res que Héctor acababa de cortarle y preguntó con curiosidad:—¿Eso también se puede saber con solo verla?Irene respondió:—He oído que cuando es niño, la panza se ve más firme. Así les pasó a mis primas. Cuando estaban embarazadas de niñas, se les veía enorme.Mariana intervino:—No siempre. Mi prima tenía una panza muy pequeña cuando esperaba a su hija.

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    Julieta suspiró, aliviada.—Qué bueno, Carlos...Iba a decir algo más, pero Héctor la interrumpió:—Entonces no te quitamos más tiempo. Ve a visitar a Sebastián. Nosotros ya nos vamos.Carlos lo miró un instante antes de dirigirse a Julieta.—Vayan con cuidado.Ella asintió. Héctor la llevó de la mano directamente hacia la salida.El carro ya los esperaba en la entrada. Cuando subieron, el chofer se alejó despacio del hospital.Dentro reinaba el silencio. Héctor tenía el rostro tenso y no dejaba de mirar por la ventana.Julieta lo observó.—¿En qué estás pensando?—En nada.Pero era evidente que estaba molesto.—Si no estás pensando en nada, ¿por qué tienes esa cara?Héctor guardó silencio unos instantes antes de voltear hacia ella.—Con Carlos nunca se te acaba la conversación.Julieta pensó que debía de ser imposible encontrar a alguien más susceptible que Héctor.—¿Cuándo hablé tanto? Apenas intercambiamos unas palabras.—Si no te hubiera interrumpido, habrías seguido platicando.

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    Cuando Carlos se sentó, Sergio le preguntó por su trabajo.Platicaron un rato. En efecto, Carlos tenía varios asuntos que resolver durante aquel viaje.Con naturalidad, preguntó:—¿Cómo está Julieta?—Bien. Aunque todavía no recuerda lo que pasó antes.Carlos asintió, sin mostrarse sorprendido.Después de cenar, los cuatro salieron al estacionamiento.Carlos dijo:—A ver cuándo nos volvemos a reunir. La próxima vez invito yo.Sergio respondió:—Claro. Ten cuidado.Carlos asintió, se despidió de Rocío con un leve movimiento de cabeza y subió a su carro.Sergio dijo:—Nosotros también vámonos.Al regresar al departamento, Rocío recibió una llamada de Julieta.—Irene me dijo que Carlos también está en Auremont. ¿Ya se vieron?—Sí. Hoy cenamos con él y con Sergio. Mañana regresa a Gran Bahía.—Ya veo. Parece que tiene mucho trabajo.—Sí, ha estado muy ocupado. Supongo que todavía va a tardar en volver al país.—En algún momento tendrá un poco de tiempo.Platicaron un rato más antes de col

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    Noemí también miró a Sergio, desconcertada.Él explicó:—Perdón. Hace unos días te escuché hablar con Irene.Rocío comprendió.—No pasa nada. ¿Tú también la conoces bien?—Desde hace muchos años. Somos muy buenos amigos.—Ya veo.Noemí preguntó:—¿Quiénes son Irene y Carlos?Rocío explicó:—Irene es una amiga que conocí por Julieta. Carlos es su hermano.Noemí entrecerró los ojos y la miró con curiosidad antes de sonreír.—Entonces, ¿qué fue exactamente lo que Irene te pidió que le llevaras a Carlos?Al ver aquella expresión, Rocío le sirvió un poco más de comida.—¿Por qué tanta curiosidad? Mejor come.—Es la primera vez que te veo tan nerviosa.—¿Y todavía te burlas de mí?Noemí bajó de inmediato la mirada hacia su plato y se llevó un bocado a la boca, sin decir nada más.***Durante los dos días siguientes, Rocío no logró decidir cómo invitar a Carlos.Aquella mañana, la temperatura en Auremont bajó de golpe. Después de pensarlo mucho, le mandó un mensaje temprano.“Hoy bajó mucho

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